Miércoles 19.06.2019
LUIS PIEDRAHITA

“Ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada”

El humorista analiza los límites del humor y cómo los grandes temas pueden tener cabida en los pequeños detalles y en los objetos que nos rodean cada día.

El humorista Luis Piedrahita | Foto: Diego Martínez
El humorista Luis Piedrahita | Foto: Diego Martínez

Luis Piedrahita (La Coruña, 1977) lleva cerca de 20 años sobre los escenarios haciendo reír al público con sus monólogos. Este sábado 16 de febrero llega al Palacio de Festivales de Santander para presentar su espectáculo ‘Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas’, en el que, como él mismo advierte, “no se habla de amígdalas”, pero sí de los pequeños objetos, su paralelismo con nuestra forma de ser y los grandes temas de la sociedad escondidos en los detalles del día a día. Un humor cotidiano, ingenioso, más poético que político en una época en la que considera que, en realidad, no se puede hablar de nada. En su opinión, los límites del humor solo deberían ser los que se marca el propio humorista.

Llega a Santander con un humor de los pequeños objetos. ¿Qué novedades encontrarán los espectadores en «Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas»?

El público encontrará un espectáculo de humor cotidiano, ingenioso y blanquito como las moscas polares. No es un espectáculo crítico ni corrosivo. Se trata de un humor más poético que político. Creo que ahora mismo es el que más hace falta porque que es el que menos abunda. El humor entendido como un arma de construcción masiva.

Creo que ahora mismo el humor más poético que político es el que más hace falta porque que es el que menos abunda

Hay que advertir que en el espectáculo no se habla de amígdalas en ningún momento. Ese título es por una sencilla razón. Porque las amígdalas son la parte del cuerpo que uno enseña cuando se ríe. Cuando el respetable se ve poseído por las carcajadas, yo veo sus laringes desde el escenario. Veo un jardín florido de rosadas amígdalas que considero amigas. Por eso el título: «Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas». Insisto, en el espectáculo no se habla de amígdalas en ningún momento. Hay que avisarlo porque muchos asisten solo por si hay chistes sobre tejido linfoide y no quiero que se lleven a engaño.

¿Qué tienen los pequeños detalles, lo cotidiano que muchas veces pasa desapercibido, para resultar cómico?

Las cosas pequeñas son la excusa perfecta para hablar de los grandes temas. Cada objeto y cada comportamiento cotidiano esconde una reflexión sobre la condición humana. Es como un caballo de Troya en el que lo grande cabe dentro de lo pequeño. Los temas cotidianos y los objetos pequeños arrancan un monólogo que habla de grandes temas. Al fin y al cabo, las cosas pequeñas son las que hacen de la vida algo realmente grande.

Imagen promocional de 'Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas'

En su obra establece un paralelismo entre estos objetos y nuestra forma de ser. ¿Reflejamos lo que somos en lo que nos rodea, en lo que tenemos?

Muchísimo. Una nevara dice de una persona mucho más que un análisis de orina. Viendo la nevera de una persona, sin abrirla, mirando solo la puerta, tú puedes saber si esa persona tiene niños pequeños, puedes saber qué tal dibujan y hasta qué notas han sacado en el último examen... viendo los imanes de la puerta puedes saber qué países ha visitado, dónde llama cuando pide una pizza y hasta el número de su fontanero... ¡Todo eso sin abrir la puerta de la nevera! ¿Qué te dice un médico sin abrir el botecito del análisis de orina? ¡Nada! Como mucho, si es un médico optimista, te dirá que lo ve medio lleno.

Muchas veces limitar los recursos hace más fértil el campo de la creatividad

Un espectáculo en el que solo utiliza su voz y su cuerpo. ¿Qué dificultades tiene la stand up comedy?

Siempre he hecho este tipo de espectáculos. No conozco otra cosa. Reconozco que parece meritorio, y casi un milagro, que un cuerpecito lombriciento como el mío sea suficiente en un escenario. Bueno, es lo que aprendí a hacer desde el primer día. Estoy yo sólo ahí arriba y me gusta que sea así. Me gusta que todo lo que sucede en el escenario esté bajo mi control y para eso, lo mejor es que no haya nada más.

Muchas veces limitar los recursos hace más fértil el campo de la creatividad. Cuanto menos haya sobre el escenario, más puede imaginar el espectador. La imaginación del espectador es un aparato potentísimo y eficaz. Por ese motivo casi siempre nos gusta más el libro que la película.

Lleva casi dos décadas sobre los escenarios. ¿Los nervios siguen a flor de piel cada vez que se pone frente al público? ¿Cuál es el momento más complicado y delicado en los espectáculos?

Es muy difícil darlo todo un día y tener que superarse al día siguiente. Es muy fácil llegar un día y hacer un monólogo bueno o un buen juego de magia. Lo difícil es superarse al día siguiente. Sorprender al espectador con un contenido nuevo, más divertido o sorprendente cada vez. La carrera artística es una carrera en la que uno corre contra sí mismo.

El humor siempre es necesario aunque no lo parezca. Es necesario porque es lo único que hace la vida llevadera

Actualmente lo políticamente correcto parece controlar cada aspecto de la sociedad. ¿Es el humor más necesario que nunca?

El humor siempre es necesario aunque no lo parezca. Es necesario porque es lo único que hace la vida llevadera. En realidad no soluciona los problemas. No cura las heridas, no nos arregla el coche, ni hace que vuelva la persona amada. Seguirá doliéndonos la espalda, nuestros hijos seguirán suspendiendo alguna asignatura y los políticos seguirán robando, unas veces con la mano izquierda y otras veces con la mano derecha... Todo eso seguirá igual. Pero el humor nos ayudará a que todo eso sea soportable.

¿Qué opinión le merece que se denuncie y se lleve a los juzgados a humoristas?

Es cierto que atravesamos años de susceptibilidades. La gente está más sensible que el glande de Stendahl. No sé si te acuerdas, pero 40 años atrás hubo una época en la que no se podía hablar de nada. Luego vinieron años en los que se podía hablar de todo y ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada. Es un debate que surge a cada paso. Unos dicen que los límites del humor han de estar en el respeto, otros responden que la libertad de expresión es sagrada, enseguida salta otro gritando que todos tenemos derecho a ofendernos, después otro le rompe una silla en la espalda porque eso le ha ofendido… Yo opino que los límites del humor están en el talento del humorista. El humorista talentoso, así como el poeta, sabe qué temas ha de tratar y cómo ha de tratarlos para ofender solamente a aquellos que se lo merecen. El humor no puede ser inofensivo, pero la ofensa ha de ser justa.

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