viernes 4/12/20
VICENTE VEGA

“Josefina quería recuperar el apellido de su padre, el legendario antifranquista cántabro José Lavín ‘Cariñoso’”

Vicente Vega Cobo, realizador y director de 'La saga de El Cariñoso'
Vicente Vega Cobo, realizador y director de 'La saga de El Cariñoso'

La historia no es algo que se deba olvidar, y para ello hay que recordar. Observar con perspectiva lo que hemos hecho como sociedad, las vidas perdidas por fanatismos y falsas promesas. No son errores, es la historia que, lamentablemente, nos ha hecho llegar hasta dónde estamos. Y muchas de las víctimas del pasado siguen sin tener el reconocimiento que se merecen.

Bajo esta idea se mueve ‘La saga de El Cariñoso’, un documental que hace un recorrido sobre la vida de José Lavín, el Cariñoso, el guerrillero antifranquista cántabro que hizo historia. Recorriendo las vivencias de su hija, Josefina Lavín, quien volvió a España de Estados Unidos para recuperar los apellidos que la Guerra le había quitado, Vicente Vega, realizador del documental, busca reconocer a la figura de José Lavín y la de todos aquellos que tuvieron que huir ante las represalias. El documental se proyectará este miércoles 21 de octubre a las 19:00 horas en la Casa de Cultura de Laredo.

¿Cómo surgió la idea de hacer ‘La saga de El Cariñoso’?

Todo comenzó cuando hice ‘Cántabros en Mauthausen: el viento bajo la niebla’, que me llevó a establecer contacto con personas relacionadas con la memoria histórica en Cantabria, concretamente con Jesús de Cos, quien me presentó a Josefina Lavín, hija del Cariñoso.

En aquel momento, en el año 2009, Josefina había iniciado un procedimiento judicial para recuperar el apellido de su padre, José Lavín. Y es que cuando ella nació, su madre estaba detenida. Había sido apresada cuando mataron al Cariñoso. Estamos en los años 40, por lo que al ser hija de madre soltera le habían puesto únicamente los apellidos de María Solano, su madre. Y Josefina quería recuperar el apellido de su padre, el legendario antifranquista cántabro José Lavín Cariñoso.

A su madre no la fusilaron por el hecho de estar embarazada…

Efectivamente. A raíz de la redada que hicieron cuando mataron al Cariñoso, detuvieron a más de treinta personas. Entonces fue cuando les juzgaron y salieron bastantes condenas a muerte y, entre estas, se encontraba la de la madre de Josefina.

A la abuela materna, María Otí, la fusilaron, pero María Solano, ante su situación, fue condenada a treinta años de prisión.

‘La saga de El Cariñoso’ reivindica la falta de reconocimiento jurídico que tuvieron, y que siguen teniendo, las víctimas del franquismo

¿Cuál es la clave de este documental?

Además de contar la historia de José Lavín, el Cariñoso, ‘La saga de El Cariñoso’ reivindica la falta de reconocimiento jurídico que tuvieron, y que siguen teniendo, las víctimas del franquismo en nuestro país. Ha habido un cierto abandono jurídicamente hablando de estas víctimas. ‘La saga de El Cariñoso’ pretende hacer una reivindicación en este sentido.

La lucha de personas como José Lavín forman ya parte de la historia. ¿Algún día tendrán el reconocimiento que se merecen?

Es complicado, vivimos en un país con una historia complicada y con una elaboración a nivel social respecto a la historia muy difícil. No nos ponemos de acuerdo en muchos temas, y en cómo leer la historia mucho menos.

Hay muchas iniciativas en esta línea. Un paso que reivindican las víctimas del franquismo desde hace muchos años es anular las sentencias de los juicios franquistas de este periodo donde la mayoría estaban formados por juzgados militares sin ningún tipo de garantía jurídica. Además, me consta que, además de iniciativas como esta, hay otro tipo de reivindaciones legales, aunque de momento no se ha concretado nada.

Cartel de la proyección de 'La saga de El Cariñoso'

En una entrevista concedida a este medio, Josefina Lavín, hija del Cariñoso y sobre la que versa la historia documental que se narra, afirmaba ser consciente desde el principio de que su padre era una de las figuras más destacadas y legendarias de la Resistencia antifranquista en Cantabria. Sin embargo, no fue hasta que murió su madre cuando volvió a tomar verdadera conciencia de lo que significaba José Lavín. ¿Cómo definiría la lucha del Cariñoso?

Fue una lucha como la de muchos otros que habían estado en el bando republicano y que, al acabar la Guerra Civil, sufrieron vejación y cárcel. Se vieron atrapados en una situación difícil, de ser perseguidos y, en la mayoría de los casos, tuvieron que optar por echarse al monte y huir viviendo al margen de la sociedad.

Si se quedaban en sus pueblos y en su entorno familiar iban a ser capturados y juzgados, con una represión con “tintas legales” en juicios sumarísimos que se hicieron después y, muy probablemente, muchos acabarían fusilados, como ocurrió con el hermano del Cariñoso, que fue fusilado en el cementerio de Ciriego. Ante esa perspectiva, mucha gente se echó al monte para tratar de sobrevivir.

La guerrilla tuvo varias fases, y el Cariñoso pertenece a la primera de ellas, donde buscaban principalmente la supervivencia y no ser capturados y asesinados. En ese contexto se circunscribe la primera lucha de la guerrilla en Cantabria.

¿La población de Cantabria tiene una percepción correcta de la represión que sufrieron los antifranquistas durante la Guerra Civil y la postguerra?

Es muy complicado hablar por toda la población. A raíz de los libros que escribió Isidro Cicero de la guerrilla, se ha abierto esa manta de silencio que había existido sobre estos temas. En casa escuché historias sobre la Guerra, pero era mínimo, eran muy vagas. Entonces, cuando Isidro publica su obra, fue cuando se rompe ese muro de silencio y se empieza a hablar de esos temas.

Isidro me comentó que cuando escribió ‘Los que se echaron al monte’ (1977), enfocó el libro de una manera literaria porque en esa época hablar de estos temas era tabú y te arriesgabas a sufrir algún tipo de represión.

Era muy peligroso, ¿no?

Efectivamente. Estamos hablando de los años 70 y 80, en época de la transición, y era muy delicado hablar de ello. Con los años, a nivel de historiografía y cine documental, se han ido abordando estas cuestiones y ese muro de silencio ha ido rompiéndose poco a poco.

Ya hay un cierto conocimiento sobre el tema, pero sobre cómo se elabora ya es otra cuestión

Este tema ha ido generando cada día más interés, y me consta porque, tanto con ‘Cántabros en Mauthausen: el viento bajo la niebla’, como con las proyecciones de ‘La Saga el Cariñoso’, ha venido mucha gente.

Ya hay un cierto conocimiento sobre el tema, pero sobre cómo se elabora ya es otra cuestión. Mi método, y tal y como lo he hecho, es elaborar la historia mediante un cierto discurso democrático y que cale en la población una idea en la que se valore, en contraste, lo que es la democracia y lo que es la dictadura. No sé hasta qué punto la gente lo madura, pero la intención es esa.

¿Has tenido algún problema a la hora de acceder a la información para realizar el documental? La mayoría procede de la Guerra Civil y la posguerra…

La verdad es que no. He estado hablando con la Policía Nacional, he buscado en archivos tanto de Madrid y Salamanca, he mantenido conversaciones con la Guardia Civil… Nunca he tenido problema a la hora de documentarme.

Me mandaron todo lo que les pedí sobre Josefina y el Cariñoso: reseñas, resúmenes, informes… En ese sentido no he tenido ningún problema.

Me consta que otros compañeros han tenido alguna dificultad para acceder a archivos militares. En Guadalajara, por ejemplo, está el Archivo General Militar, y para acceder a los documentos judiciales de los juicos franquistas ha habido algún problema por parte de algún historiador porque algunos de ellos están calificados como “material clasificado”.

También hiciste ‘Cántabros en Mauthausen, el viento bajo la niebla’, donde narras las tragedias que vivieron un centenar de cántabros durante el holocausto. ¿Cuántos han sido identificados hasta la fecha?

Cuando hice el documental había 87 identificados, de los que 55 habían fallecido en el campo. Ahora están haciendo avances en el tema y han identificado a más cántabros que habían pasado por Mauthasuen.

Tanto Isidro Cicero como usted son referentes en impulsar el reconocimiento de la lucha antifranquista en la región. ¿Qué supone para usted realizar este tipo de obras?

Desde que era un niño han sido historias que he escuchado en casa. Mi padre participó en la Guerra Civil y varios de mis tíos por línea materna estuvieron en diferentes frentes. Recuerdo que, en las reuniones familiares, era un tema que salía con bastante frecuencia.

Cuando estuve haciendo 'Cántabros en Mauthausen, el viento bajo la niebla', una de las cosas que comentamos fue ese olvido por parte de España

Aquellos relatos han quedado grabados en mi memoria y mi afición por el cine me ha llevado a abordarlos. Entonces, en este trayecto me encontré con todo lo que hay detrás en cuanto a falta de reconocimiento, a olvidos, a dolores. Dolores mal reconocidos socialmente hablando.

Cuando estuve haciendo “Cántabros en Mauthausen, el viento bajo la niebla”, una de las cosas que comentamos fue ese olvido por parte de España, ese abandono, ese dolor que sentían desde hace muchos años. El monumento que tienen en Mauthausen lo pagaron de su bolsillo los propios deportados cuando salieron. Hicieron una colecta en la que ayudaron los franceses. España se olvidó de ellos, no tuvieron ningún tipo de reconocimiento.

A lo largo del documental se me ocurrió la idea de reconocerlos de alguna manera, y fue a raíz de eso cuando el Parlamento de Cantabria les reconoció. Desde entonces se han hecho una serie de iniciativas, como cuando, este mismo año, falleció Lázaro Nates, el último superviviente de Mauthausen. Tanto el Gobierno como la Consejería de Cantabria le hizo un reconocimiento público ante el monumento a los deportados que hay en Laredo, que también surgió a través de las iniciativas que nacieron con el documental. De alguna forma, los documentales sobre la Guerra Civil han logrado una serie de reconocimientos que han sido posteriores.

Lamentablemente, hay muchos paralelismos históricos entre la Europa de los años 30 y el mundo actual

¿Podría vincularse de alguna forma la situación política de aquella época con la de ahora?

Sí, totalmente. Lamentablemente, hay muchos paralelismos históricos entre la Europa de los años 30 y el mundo actual, entonces fue una crisis económica muy profunda que generó unas tensiones sociales tremendas que dieron como consecuencia la Segunda Guerra Mundial. No quiero decir que en este momento vayamos a llegar a ese extremo, pero sí es cierto que el auge que tuvieron en los años treinta los populismos se está repitiendo en la actualidad.

Esto está generando una tensión social, y los efectos en aquella época condujeron a la Segunda Guerra Mundial. Confiemos en que el mundo haya aprendido y que no lleguemos a esos extremos, que consigamos resolver los conflictos con una forma democrática mediante el diálogo y la negociación.

Y que en cierto modo ahora nadie tenga que volver a echarse al monte o huir, como hicieron entonces…

Evidentemente. Esa fue una de las consecuencias, pero si hablamos de la Segunda Guerra Mundial hablamos de 50 millones de muertos, 20 millones de muertos en cámaras de gas, en campos de concentración… Hablamos de uno de los mayores desastres que ha vivido la Humanidad.

Creo que tenemos que tener muy presente esa lección en estos momentos y estar muy atentos a cómo transcurra la situación. No se puede repetir algo así.

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