jueves 09.04.2020
ISIDRO CICERO

“En un pueblo pequeño y medio vacío como los nuestros se condensa el mundo entero, una historia que contar”

Isidro Cicero durante la entrevista
Isidro Cicero durante la entrevista

Isidro Cicero, escritor, periodista, ahora presidente de la Sociedad Cántabra de escritores y reconocido pionero de la literatura histórica de la región, continúa con mirada poética y pluma en mano dejando un legado cultural y social en Cantabria a través del lenguaje universal por excelencia, la literatura. Esta vez, su contribución con carácter divulgativo no llega en forma de libro sino de un II Encuentro de Escritores Cántabros donde profesionales de este arte tanto regionales como nacionales analizarán el panorama en el que se encuentra la profesión los días 4 y 5 de febrero en la Biblioteca Central.

Abrirá el II encuentro de escritores con “La libertad es una librería”, eslogan del congreso y que se trata de un verso de Joan Margarit, ¿por qué pensó en Margarit como imagen del encuentro?

El lema del encuentro está en el poema ‘La Libertad’, de Joan Margarit. Una librería es una colección de emociones, sentimientos, conocimientos, y cada uno está enfocado de una manera. Esa es la libertad de la literatura y la idea principal de este encuentro. En la bienvenida al encuentro explico ese poema. Hemos escogido a Joan Margarit, al que le han dado el Premio Cervantes 2019, como patrón de este encuentro de escritores por ‘La libertad’ y otras facetas únicas como sus dos versiones en los poemas que escribe, en catalán y en castellano. Estoy estudiando su figura y veo en este maestro una serie de cosas dignas a tener en cuenta como es el conseguir la sencillez en los poemas. Lo más difícil al escribir es dar la impresión de que eso que lees lo puedes hacer tú o lo puede hacer cualquiera. Esa sencillez, claridad, concisión y precisión es muy difícil de conseguir. Yo he trabajado siempre por conseguir esa aparente sencillez y, estudiando a Margarit, encuentro ese trasfondo en sus poemas, cada vez que lo lees descubres una visión nueva, una capa oculta de ese tejido. Eso es la calidad de la literatura. 

Cartel del II Encuentro de Escritores de Cantabria realizado por Cartel realizado por  Roberto Orallo

¿Qué se analizará en las dos jornadas del Congreso?

La jornada del día 4 lo vamos a dedicar a estudiar el panorama de la profesión del escritor tanto en Cantabria como en España. Tras la bienvenida al encuentro en la que explicaré el poema de Margarit, vamos a tener una intervención del Padre Ángel de la Fundación Mensajeros de la paz y de Tomás Castillo, el director de Amica. Castillo hablará del voluntariado social y cultural que se hace en la librería solidaria que pusimos en marcha junto a Amica en el centro de Torrelavega. Además, tendrá lugar la mesa redonda “Cultura para la solidaridad, solidaridad para la cultura”.

La tarde del día 5 lo vamos a dedicar al libro blanco de los Escritores y las Escritoras en España y en Cantabria. El libro blanco es un informe de una realidad, en este caso dedicaremos la tarde del miércoles a estudiar a fondo si se puede vivir de la escritura y cómo está el panorama del escritor literario, para lo que van a venir profesionales de Madrid y también de Cantabria. Vamos a analizar todos los aspectos laborales, económicos, profesionales, de jubilación o de derechos de las pensiones, incluso el estatuto del artista. “Sin autores no hay cultura y sin escritura no hay cultura del libro”, la mesa redonda “El poder trasformador de la lectura” y “un mundo de lecturas, un mundo de libertad” completarán la jornada del 5 de febrero.

El libro donde mejor esta es en las manos del lector

Como presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, ¿qué se puede hacer en Cantabria para incentivar la literatura?

Ya en el mes de abril, en el I Encuentro regional de Escritores, quedó evidente el problema de la lectura, que no de la escritura. Se escribe muchísimo, aumenta cada vez más el número de escritores sobre todo con la autoedición. Por lo tanto no es tanto el problema de escribir sino de leer. Nosotros vemos que hay esa crisis de lectura y para solventarlo hemos abierto junto con Amica una librería de libros usados en el centro de Torrelavega, la Librería solidaria Amica. Tenemos más de 40.000 libros donados desde el mes de noviembre. Son libros legibles que estaban guardados cogiendo polvo y a los que volvemos a dar otra oportunidad, les volvemos a dar vida. Llevaremos abierto mes y medio y hemos conseguido poner en circulación unos 800 libros. Nosotros creemos que el libro donde mejor esta es en las manos del lector. Con este sistema de voluntariado de los escritores de Cantabria estamos haciendo una labor importante social, cultural y también para concienciarnos a nosotros mismos de nuestra función social. 

Ha difundido la historia de Cantabria a través de la escritura con libros como Vindio, enfocado a los jóvenes, ¿cómo cree que se puede contribuir hoy en día a enganchar a los jóvenes a la literatura?

Tenemos que hacer un esfuerzo los escritores y los profesionales de la palabra por servir historias que apasionen a la gente joven, que les interese, les cautive. Cautivándolos y emocionándolos es como se van a aficionar a la lectura y lo van a hacer sobre todo con cosas próximas. Lo próximo tiene una ventaja como puerta de entrada. Tenemos esa obligación de entrar por ahí.

Hay que pensar de forma global pero actuar de forma local

En la proximidad está basado su éxito como escritor. Fue pionero de la literatura histórica cántabra, ¿cómo fue eso de abrir la veda a determinados temas históricos a través de la literatura?

Fui el primero que se tomó el tema de la propia historia de Cantabria como material de relato, de fantasía y material histórico de redacción. Era meter el cuchillo en un tema tabú como eran las consecuencias de la guerra civil. 

Siempre he escrito de Cantabria. Mi literatura lo escribía con una expresión que entonces se conocía mucho en Cantabria pero que ahora ya está en desuso, que era “el tren chispa”, que salía de Santander y todo lo más que llegaba era a Mataporquera. Trenes de corto alcance. En la literatura he querido que siempre fuera así, llegar hasta lo mío, hasta lo próximo, no porque me faltara curiosidad sino porque pienso que hay que pensar de forma global pero actuar de forma local, que es la base de la ecología, del medio ambiente, pero también del escritor. 

¿Cómo era el proceso de documentación para conseguir contar estas “historias tabú”?

Iba a los pueblos y a las ciudades. No había internet pero conocía Cantabria y había leído todo lo que se había publicado sobre ella. Tenía un fondo de información, pero iba allí virgen. Con un feedback y conocimientos previos visitaba aquel pueblo que tenía algo que contar desde el punto de vista de la actualidad pero con un trasfondo tradicional e histórico.

Me he buscado este campo reducido que es Cantabria pero es, a la vez, muy rico para contar historias. Es más, tengo una filosofía que es la correspondencia de lo micro y lo macro. Todo el universo está concebido en una célula, si analizas bien la célula comprendes también el universo. Y en un pueblo pequeño y medio vacío como son los nuestros, se condensa el mundo entero, la sociedad entera. 

En esa faceta de escritor, ¿fue importante su profesión de periodista?

Fue muy importante, aunque empecé primero como escritor. Llegué al periodismo a través del relato, del contar historias. En el periodismo hacía reportaje de calle, visitaba los pueblos o ciudades, la cultura de sus habitantes. Fui de los pocos que durante el bloqueo a Irak que decretó EE.UU. conseguí entrar en la embajada de Irak que estaba bloqueada para hacer una entrevista a los diplomáticos de aquel entonces. También cubrí el terremoto de México de 1985 como enviado especial. Quitando este periodismo de investigación el resto del tiempo me dediqué a hacer historias de Cantabria.

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