Martes 19.02.2019
CIENCIA

La memoria histórica de la Ciencia española de la mano de Blas Cabrera

 Blas Cabrera es fruto de la actuación de los “mentores” de nuestras Ciencias, que dieron nacimiento y acogida a las “generaciones tuteladas” de científicos españoles: esos jóvenes prometedores en los que, cuando aún no habían podido demostrar apenas nada, los “mentores” van a depositar las esperanzas en la renovación de la Ciencia española.  

Fotografía de los participantes en la VII Conferencia Solvay, octubre de 1933. Blas Cabrera aparece junto con Lord Rutherford, Marie Curie, Irene Joliot-Curie, Enrico Fermi, entre muchos otros | Foto: Wikpedia
Fotografía de los participantes en la VII Conferencia Solvay, octubre de 1933. Blas Cabrera aparece junto con Lord Rutherford, Marie Curie, Irene Joliot-Curie, Enrico Fermi, entre muchos otros | Foto: Wikpedia

El pasado 21 de diciembre el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades y la Ministra de Justicia, declaraba “el carácter radicalmente injusto de las disposiciones por las que se acordó el cese” y retirada de sus medallas de “siete ilustres académicos” de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: Enrique Moles, Ignacio Bolívar, Honorato de Castro, Enrique Hauser, Emilio Herrera, Pedro Carrasco … y Blas Cabrera.

Además, decidía la creación de una Comisión de Trabajo con el objetivo de investigar las sanciones administrativas impuestas a los miembros integrantes no sólo de la Academia de Ciencias, sino del conjunto de todas las Reales Academias y Academias nacionales. Esta Comisión no estará constituida por representantes de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ni por miembros de las restantes Reales Academias), sino por altos cargos de los ministerios de Ciencia y Justicia, y estará presidida por la secretaria de Estado de Universidades e I+D+I. Sí incorporará como vocal al presidente del Instituto de España, presidencia que corresponde por turno rotatorio anual (desde el 30 de octubre) al Director de la Real Academia Española, puesto que ocupará, a partir del 10 de enero, el reconocido jurista Santiago Muñoz Machado.

Pues bien, en la propia Nota de prensa oficial se deslizaban ya algunos de los problemas que se va a encontrar la Comisión. Por ejemplo, tendrán que estimar si van a emprender un análisis completo del complejísimo mundo de los procesos de Depuración que sufrieron todos los profesores universitarios, para determinar “el carácter injusto”, en su caso, de las penas que se les impusieron durante la Guerra por parte de las dos Españas (y, al acabar la contienda, ya sólo por parte de los “vencedores”); o si se van a limitar únicamente a “valorar la legitimidad de las sanciones y reconocer el derecho al honor y a la propia imagen de los [siete] científicos sancionados injustamente y represaliados”. Y tendrán que decidir si esta valoración se hará sólo en tanto que académicos, o si también en tanto que (en los diferentes casos) catedráticos universitarios, personal de los centros de la Junta para Ampliación de Estudios, militares de carrera, etc.

También tendrán que precisar si, como dice el subtítulo de la Nota, los afectados fueron “sancionados durante la guerra civil” (y, en su caso, por cuál de los dos bandos), o si lo fueron después de la guerra. Así, por ejemplo, tendrán que determinar si fueron cesados por la Orden del Ministro franquista Ibáñez Martín, del 10 de mayo de 1941, por la que fueron dados de baja como académicos Honorato de Castro, Emilio Herrera, etc., o si no habían sido cesados ya (ellos y todos los demás miembros de todas las Corporaciones oficiales, “cualquiera que sea su carácter o título de su designación”) por el Decreto del Ministro republicano Jesús Hernández, del 15 de septiembre de 1936, por el que quedaron disueltas todas las Academias dependientes del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de la República.

En suma, la Comisión Interministerial tiene ante sí un apasionante mundo cuya complejidad puede ejemplificarse con el caso del científico más destacado por los medios de comunicación desde que se hizo público el acuerdo del Consejo de Ministros: Blas Cabrera Felipe.

El padre de la Física española

Blas Cabrera ha pasado a la historia considerado el “padre” de la Física española del siglo XX. Nacido en Arrecife (Lanzarote) el 20 de mayo de 1878, y fallecido en el exilio en México el 2 de agosto de 1945, su trayectoria vital y científica protagonizó los momentos esenciales de las Ciencias físico-químicas en España durante la primera mitad del siglo pasado.

Y es que Blas Cabrera es fruto de la actuación de los “mentores” de nuestras Ciencias, que dieron nacimiento y acogida a las “generaciones tuteladas” de científicos españoles: esos jóvenes prometedores en los que, cuando aún no habían podido demostrar apenas nada, los “mentores” van a depositar las esperanzas en la renovación de la Ciencia española. Así, el 18 de febrero de 1905, con 26 años, obtenía la nueva Cátedra de Electricidad y Magnetismo, y en 1910, con poco más de 30 años, tomaba posesión como Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, mientras la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) creaba, para que Cabrera lo dirigiera, el Laboratorio de Investigaciones Físicas.

Blas Cabrera es fruto de la actuación de los “mentores” de nuestras Ciencias, que dieron nacimiento y acogida a las “generaciones tuteladas” de científicos españoles

A su vuelta de su pensión en Zürich a finales de 1912, Cabrera comenzaría una etapa de dedicación a la “Magnetoquímica” con un amplio conjunto de colaboradores que se constituirían en un auténtico grupo de investigación “a la europea”, consolidando un prestigio que le llevaría a ser anfitrión de Albert Einstein en su visita a Madrid en 1923. A partir de 1924, dedicado al “Paramagnetismo de la materia” junto con Arturo Duperier, completaría la ecuación de Curie-Weiss del Paramagnetismo, que pasaría a conocerse como de Cabrera-Duperier:

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El año 1928 sería el de su consagración internacional, al ser elegido miembro correspondiente de la Acadèmie des Sciences de París (con 42 votos a favor, frente a los 2 de Niels Bohr); y, poco después, por iniciativa de Marie Curie y Albert Einstein, miembro del Comité Científico de las Conferencias Solvay

En España, el 28 de febrero de 1930 tomaba posesión como Rector de la Universidad Central de Madrid y, unos meses después, era elegido representante español en el Comité Internacional de Pesas y Medidas, mientras se le confirmaba en el cargo de Director del Instituto Nacional de Física y Química, inaugurado oficialmente el 6 de febrero de 1932.

En 1934 recibía el nombramiento de Rector de la Universidad Internacional de Verano en Santander y era elegido Presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. A finales del año también era elegido miembro de la Academia Española [de La Lengua] tomando posesión en enero de 1936. En suma, a las puertas del 18 de julio, desaparecidos de la escena Santiago Ramón y Cajal y Leonardo Torres Quevedo, Blas Cabrera era la figura de referencia de la Ciencia española.

En la equidistancia: la separación del servicio por la República

D. Blas pasó los dos primeros meses de la guerra aislado en el oasis internacional que suponían los cursos de verano de la Península de La Magdalena, en un Santander dominado por los milicianos que vigilaban con extremado recelo las actividades científicas de unos profesores y estudiantes burgueses que no parecían implicarse en la defensa de la República. A su vuelta a un Madrid sitiado por las tropas franquistas, con sacas y “paseos” amenazando a la intelectualidad liberal burguesa, Cabrera se encontró, además, con que el Ministro de Instrucción Pública republicano había disuelto todas las Academias, cesándolo como académico de la Academia Española y como académico y Presidente de la Academia de Ciencias, por lo que el 9 de octubre de 1936 decidía autoexiliarse en Francia, utilizando como excusa una reunión en París del Bureau International de Poids et Mesures. Se alojaría en el Colegio de España, pero intentaría mantener durante toda la contienda una imposible equidistancia, “totalmente alejado de nuestras luchas civiles, primero porque es el principio director de mi vida, y segundo, porque temía crear dificultades a personas muy allegadas de mi familia que intervenían en las dos Españas”, pues su hijo mayor, Blas, era el secretario particular de Juan Negrín, mientras el segundo, Luis, combatía en el ejército de Franco, y el tercero. Nicolás, le acompañaba en París intentando completar su Tesis Doctoral al margen del conflicto.

Obviamente, esta equidistancia era incompatible con las sucesivas llamadas de la República “para que todos los funcionarios presenten la instancia para el reingreso y el cuestionario”, por lo que Ángel Establier (Director del Colegio) se vería obligado a expulsarlo, y el 9 de abril de 1937 se instalaría en una modesta vivienda de la periferia parisina. En todo caso, la República siguió dando oportunidades para que los profesores prestaran públicamente su adhesión. Así, el 6 de agosto se abría otro “plazo de un mes para presentar la instancia para el reingreso de los funcionarios”, mientras el 27 se explicitaba que “la solicitud de reingreso debe ir acompañada del cuestionario de depuración” y el 28 se resolvía que “los catedráticos que se encuentren en la zona afecta al Gobierno de la República o en el extranjero deberán presentarse en la Universidad de Valencia antes del 15 de septiembre”.

Pero ni Blas Cabrera ni un apreciable número de integrantes de la “Tercera España” atenderían las llamadas, por lo que el 2 de diciembre de 1937 el Gobierno republicano firmaba una Orden expulsando de sus Cátedras a “un grupo de profesores universitarios” que, “manifestando una evidente falta de solidaridad con el pueblo español, que lucha con abnegación en defensa de las libertades nacionales, ha faltado abiertamente al cumplimiento de sus deberes más elementales: Blas Cabrera, José Ortega y Gasset, Américo Castro Quesada, Claudio Sánchez Albornoz, José J. Zubiri Apalategui, Luis Recasens Siches, Hugo Obermaier, Luis de Zulueta, Agustín Viñuales, Ramón Prieto Bances, etc.

De la depuración franquista al exilio republicano en México

Si esto sucedía en la España republicana, la España nacional comenzaría una tarea análoga el 11 de noviembre de 1936, creando las comisiones que debían realizar la depuración de cada uno de los estamentos docentes, y generando una abundante normativa que se intensificaría a medida que el fin de la Guerra Civil se avizoraba más cercano. En este marco, el 4 de febrero de 1939 se firmaba una Orden Ministerial separando definitivamente del servicio y dando de baja en sus respectivos Escalafones a Luis Jiménez de Asúa, José Giral Pereira, Juan Negrín López, Fernando de los Ríos Urruti, Julián Besteiro Fernández, Blas Cabrera Felipe, José Castillejo Duarte, etc. 

La justificación esgrimida era clara: “Es pública y notoria la desafección de los catedráticos universitarios que se mencionarán, al nuevo régimen implantado en España, no solamente por sus actuaciones en las zonas que han sufrido y en las que sufren la dominación marxista, sino también por su pertinaz política antiespañola en los tiempos precedentes al Glorioso Movimiento Nacional”. Y la irreversibilidad de las sanciones a costa, incluso, de saltarse la propia normativa franquista, se hacía explícita: “La evidencia de sus conductas perniciosas para el país hace totalmente inútiles las garantías procesales que en otro caso constituyen la condición fundamental de todo enjuiciamiento”.

La situación era especialmente compleja para el doblemente depurado Blas Cabrera, ausente de España desde octubre de 1936. Así, aunque el 11 de abril de 1939 se dirigía a José F. de Lequerica, Embajador español en París, expresándole que “desearía sinceramente la anulación de la disposición aludida, pero siempre conocer los motivos concretos en que se funda para poder replicar a ellos”, la respuesta del Ministerio de Educación Nacional del 15 de mayo sería clara, concisa y rotunda: “fue separado definitivamente de su Cátedra y dado de baja en el escalafón, por Orden de 4 de febrero último, y que estima improcedente modificar la situación creada por la misma”.

La situación era especialmente compleja para el doblemente depurado Blas Cabrera, ausente de España desde octubre de 1936.

D. Blas realizaría un nuevo intento el 2 de enero de 1940, solicitando permiso al Ministro Ibáñez Martín para volver a ocupar sus sillones en las Academias de Ciencias y Española, insistiendo en “que está dispuesto a prestar el juramento exigido en la orden de 10 de junio último, en la fecha que le sea señalada después de su regreso a Madrid”.

Pero las autoridades españolas no sólo no le contestarían, sino que forzarían su expulsión del Comité Internacional de Pesas y Medidas, hecho que tendría lugar en el verano de 1941, y que llevaría a Cabrera a hacer un último intento en septiembre de ese año ante el Ministro Ibáñez Martín: “Al salir de España he recibido diferentes invitaciones y tengo la seguridad de apoyos eficaces en unos u otros países, que son incompatibles con el vivo deseo de continuar mi obra en España. Pero si el Gobierno a quien acato consecuente con mis principios y conducta de siempre, estima que no vale la pena […]”.

Tampoco en esta ocasión obtendría la respuesta deseada, viéndose forzado a continuar su exilio en México, donde fallecería el 1 de agosto de 1945, con 66 años, final prematuro para el ejemplo paradigmático de la tragedia de la Tercera España … y de la poliédrica complejidad de la memoria histórica de la Ciencia española que se presenta ante la Comisión Interministerial, que tendrá que 

  • investigar las sanciones administrativas impuestas a los miembros integrantes de las Reales Academias y Academias nacionales.
  • determinar su carácter injusto en el caso de que dichas sanciones fueran impuestas por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa.
  • valorar la legitimidad de las sanciones y reconocer el derecho al honor y a la propia imagen de los científicos sancionados injustamente y represaliados.

Esperando quedamos, como adelanta la Nota de prensa del Ministerio, “la pública difusión de sus informes y conclusiones, en virtud de los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición”. Que la memoria de Blas Cabrera sirva para que los españoles no repitamos los errores que contempla nuestra historia.

 

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