Viernes 21.09.2018
MEMORIA

Ramón G. Zorrilla, periodista, escritor y último alcalde republicano de Ampuero, ejecutado por el franquismo en 1938

Carnet de Ramón G. Zorrilla como director de La Montaña. Fotos cedidas por Archivo Saiz Viadero
Carnet de Ramón G. Zorrilla como director de La Montaña. Fotos cedidas por Archivo Saiz Viadero

La anunciada publicación de la novela El hermano, escrita y editada en La Habana en 1928 por su autor, el cántabro Ramón G. Zorrilla (1896-1938), nos ha permitido investigar acerca de la personalidad de este periodista, escritor y último alcalde republicano de la villa de Ampuero, condenado a pena de muerte y ejecutado por los sublevados a los pocos meses de entrar sus tropas en Cantabria.

Foto de Ramón G. Zorrilla incluida en el libro original El hermano Foto de Ramón G. Zorrilla incluida en el libro original El hermano. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero

Ramón Gutiérrez Zorrilla nació en la villa de Noja el 15 de septiembre de 1896 y siendo muy joven decidió buscarse un futuro distinto al que sus antepasados habían venido conociendo durante varias generaciones. En el Madrid de comienzos de los años 20 se instaló como peluquero, al tiempo que alternaba tal actividad con las colaboraciones periodísticas en diversas publicaciones, pero pronto decidió regresar a su tierra, estableciéndose en la villa de Ampuero, donde a su profesión añadió la de corresponsal de algunos diarios españoles, principalmente el santanderino El Cantábrico.

Desarrolló su actividad periodística de forma muy combativa y siempre en pro de los intereses de la población

En esta villa desarrolló su actividad periodística de forma muy combativa y siempre en pro de los intereses de la población, por lo cual pronto obtuvo la Medalla de Oro del Ayuntamiento como reconocimiento a su labor y a la lucha entablada contra una Hidrográfica vasca que trataba de captar para Bilbao las aguas del río Asón, no sin apoyo de algunas personas y entidades del propio Ampuero.

Contrajo matrimonio con la joven ampuerense Blanca Montoya Blanco y allí hubiera continuado su residencia si no le surgiera en 1925 la oportunidad de viajar a La Habana y hacerse cargo de la dirección de La Montaña, revista en la cual venía colaborando de forma altruista con el envío de noticias y también con la publicación de algunos de sus relatos breves.

Publicación de la boda entre Ramón G. Zorrilla y Blanca Montoya Blanco Publicación de la boda entre Ramón G. Zorrilla y Blanca Montoya Blanco. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero

Durante siete años ejerció esta función informativa en La Habana y, al mismo tiempo que continuaba su tarea de corresponsal de El Cantábrico, completaba una colección de cuentos y relatos costumbristas formada por más de una veintena de ellos, además de dar a la imprenta el original de El hermano (1928), su primera y, que sepamos, única novela larga, de la cual se hicieron dos ediciones casi seguidas: narraba la historia de un rico indiano que regresa a España para cumplir una promesa formulada mucho tiempo atrás.

Exterior del libro original El Hermano Exterior del libro original El Hermano. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero

Durante un breve periodo de tiempo también creó y dirigió la revista La Tierruca (1931), hasta que decidió volver a España en compañía de su esposa y asentarse nuevamente en Ampuero, donde abrió una imprenta y continuó su labor de corresponsal de prensa, utilizando el seudónimo de José Bálsamo para firmar sus crónicas.

Portada de La Tierruca Portada de La Tierruca. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero

Afiliado al Partido Republicano Radical, en 1934 fue detenido como consecuencia de las jornadas del Octubre revolucionario

Afiliado al Partido Republicano Radical, en 1934 fue detenido como consecuencia de las jornadas del Octubre revolucionario y pasó algún tiempo en el barco-prisión “Alfonso Pérez”. El triunfo del Frente Popular de Izquierdas le permitió volver a su función, al tiempo que era nombrado delegado gubernativo en Ampuero y, finalmente, ocupar el cargo de alcalde de la villa durante la guerra civil.

Al entrar en Cantabria las tropas sublevadas y, considerando que no tenía nada que temer por su actuación pasada, no quiso tomar el barco que con su familia le conduciría a las costas francesas, siendo detenido en los primeros días de la ocupación militar, juzgado en un consejo de guerra sumarísimo presidido por el juez instructor y entonces capitán jurídico Luis Alonso Luengo, que le condenó a muerte bajo la acusación de rebelión militar. Su esposa Blanca Montoya, de 30 años, también fue denunciada, detenida y juzgada con una petición inicial de pena de muerte por auxilio a la rebelión, quedando al final en seis años y un día de prisión cumplidos en diversas cárceles, antes del consiguiente destierro. Sus dos hijas, de diez y un año, quedarían al cuidado de la abuela y tía, respectivamente; a la recién nacida, registrada civilmente con el nombre de Igualdad, le sería cambiado por el de María del Pilar en cumplimiento de la ley franquista de 1939.

Orden de fusilamiento de Ramón Zorrilla Orden de fusilamiento de Ramón G. Zorrilla. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero

Sobre el final real de Gutiérrez Zorrilla se abriría una incógnita, puesto que uno de sus compañeros de cautiverio -el escritor Luis Corona Cabello-, afirmaría en un libro suyo que, al ser llevado ante el pelotón de fusilamiento el día 11 de enero de 1938, se escapó del vehículo custodiado por la Guardia Civil y le fue aplicada la ley de fugas. Sea como fuera su final, lo cierto es que Ramón Gutiérrez Zorrilla se encuentra incluido entre los centenares de personas enterradas en la fosa común del cementerio santanderino de Ciriego, cerniéndose sobre él y su memoria el mayor de los silencios.

Está incluido en el trío de periodistas ejecutados en Santander en muy poco tiempo: el primero fue Luciano Malumbres, director de La Región, asesinado por un pistolero falangista unas semanas antes de la sublevación militar, y la tercera sería su esposa, Matilde Zapata, fusilada en Ciriego el 28 de mayo de 1938. Las villas de su nacimiento y domicilio, así como sus compañeros de profesión, estarían obligados a resarcir, al menos en una parte simbólica, el daño que en trágicos momentos le fue ocasionado a él y a su familia.

Lápida en el cementerio de Ciriego con el nombre de Ramón G. Zorrilla. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero Lápida en el cementerio de Ciriego con el nombre de Ramón G. Zorrilla. Foto cedida por Archivo Saiz Viadero

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