lunes 10/8/20
SANIDAD

5 de los 7 tipos de mascarillas recibidos por Cantabria no eran aptos, pero solo uno fue repartido entre los médicos

El consejero de Sanidad, Miguel Rodríguez
El consejero de Sanidad, Miguel Rodríguez

El consejero de Sanidad de Cantabria, Miguel Rodríguez, ha admitido esta tarde de lunes ante el Pleno del Parlamento regional que cinco de siete tipos de mascarillas adquiridas por su departamento para profesionales sanitarios por la pandemia del coronavirus enviados analizar no pasaron los test de evaluación, pero solo uno llegó a ser repartido entre los médicos y luego se retiró, al día siguiente de obtener los resultados. Así lo ha asegurado tras ser interpelado por el portavoz y diputado de Cs, Félix Álvarez, quien ha afirmado que "tres cuartas partes" de esos modelos distribuidos por el Servicio Cántabro de Salud (SCS) incumplían la normativa, con lo que los médicos han sido "héroes y víctimas" también del COVID-19.

El titular de la Consejería ha negado ese extremo y cree que el parlamentario naranja "ha oído campanas y no sabe dónde". Ha reconocido en su lugar que cinco de los siete tipos de mascarillas enviados a centros de análisis no pasaron las pruebas de idoneidad, pero ha precisado que solo una de ellas había sido entregada a sus destinatarios. Las otras cuatro que tampoco cumplían los estándares exigidos eran muestras de representantes previas a la compra en sí, y después de analizarse los modelos no se adquirieron.

Un ensayo reflejaba que este modelo no garantizaba un "buen aislamiento" en lo que al "perímetro" del producto se refería

En todo caso, ha indicado que se repartió un modelo defectuoso dentro de las decenas de diferentes tipos y partidas compradas por su departamento para sanitarios, de distintos niveles de protección en función del riesgo. Y se retiró de forma "cautelar" cuando surgieron "dudas" y no porque no cumpliese las características técnicas, sino porque el ajuste de la mascarilla a la cara no era "el más adecuado", como advirtieron los profesionales, que se quejaron de "incomodidad".

Además, contaba con la ficha técnica y acreditación requerida por la normativa, aunque en este punto Rodríguez ha admitido que una cosa son los etiquetados y otra cosa que se correspondan con el material. Rodríguez ha detallado que esas mascarillas en cuestión se recibieron el 11 de abril, los usuarios avisaron de que resultaban "incómodas", y el 29 de ese mes se envió una muestra a la Universidad de Navarra.

El 2 de mayo Sanidad recibió el informe que indicaba que el material del que estaban hechas tenía "alta eficiencia" y la filtración era incluso mayor a otros modelos que también se distribuyen a profesionales sanitarios. Sin embargo, admitía que un ensayo reflejaba que este modelo no garantizaba un "buen aislamiento" en lo que al "perímetro" del producto se refería y se producía una "fuga de aire", que corroboraba la queja de profesionales.

Así, como la prioridad era el nivel de filtración y no la sujeción, se decidió continuar con el modelo, aunque se envió una muestra a un centro de Sevilla para pedir un contra análisis. Este último concluyó que este tipo de mascarilla no era "del todo apta", por lo que al día siguiente de recibir el informe se retiró y se pidió una aclaración al respecto.

PROBLEMAS

El consejero cántabro de Sanidad ha apuntado que "problemas" con las mascarillas por la crisis del coronavirus ha habido a nivel "nacional" e incluso "internacional", y ha aludido a casos ocurridos en Madrid y Andalucía (donde co-gobierna Cs) pero también en Canadá, Alemania y Holanda, por pedidos adquiridos en China, donde se originó la pandemia. "Usted debe de ser muy listo y los demás somos muy tontos", le ha replicado Rodríguez a Álvarez, para resaltar que es algo que ha pasado en otras comunidades autónomas y países, y que ha atribuido a que "hay personas que se han intentado aprovechar" de la coyuntura.

Partidario de "aprender de los errores", el responsable de Sanidad en la región ha destacado que una vez superado el peor momento del coronavirus el SCS dispone de una cartera de proveedores a los que hace pedidos "más pequeños" para garantizar el abastecimiento y, también, un stock suficiente ante posibles rebrotes de la nueva enfermedad.

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