domingo 17.11.2019
VALDECILLA

90 años del Hospital Valdecilla: La Biblioteca Marquesa de Pelayo

Biblioteca Marquesa de Pelayo, identificada sin género de dudas por la placa situada encima de la puerta. Pertenece a una serie dedicada a estudiantes de Enfermería posando en distintas instalaciones de la Casa de Salud Valdecilla. Foto: Mario Corral.
Biblioteca Marquesa de Pelayo, identificada sin género de dudas por la placa situada encima de la puerta. Pertenece a una serie dedicada a estudiantes de Enfermería posando en distintas instalaciones de la Casa de Salud Valdecilla. Foto: Mario Corral.

La Biblioteca Marquesa de Pelayo se inaugura a la par que la Casa de Salud Valdecilla, el 24 de octubre de 1929. El nombre lo recibe de la marquesa, pues fue ella quien la dotó presupuestariamente y por cierto que de forma muy generosa. No obstante, la iniciativa no fue suya, sino del Dr. López Albo, el primer Director Gerente de la institución; la iniciativa, aclaramos, que no la idea, pues ésta se debe al Dr. Madinaveitia, de una generación anterior, que fue quien identificó la necesidad de crear una Biblioteca Nacional de Medicina a semejanza de la norteamericana, todavía hoy de referencia en el ámbito biomédico internacional, como lo es la cántabra en el nacional. Su prestigio viene de lejos.

La Biblioteca Marquesa de Pelayo es la segunda hospitalaria por antigüedad de España, solo por detrás de la del Hospital Civil de Basurto. Pero mientras la del hospital bilbaíno contaba con no más de diez suscripciones a revistas especializadas, la santanderina el día de la inauguración disponía de casi un centenar de títulos en sus estanterías, muchas de las cuales siguen estando hoy entre las de mayor factor de impacto, que es la medida de su importancia relativa dentro de la especialidad que corresponda: a mayor factor de impacto, mayor peso, mayor importancia.

En épocas anteriores los profesionales sanitarios se nutrían de bibliotecas personales, como la del Dr. Madrazo, hoy felizmente conservada en la Biblioteca de la Universidad de Cantabria gracias a la generosidad de sus herederos, que la fueron reconstruyendo poco a poco tras haber sido esquilmada durante la guerra, o de bibliotecas de entidades generalmente privadas, como la excelente del Ateneo de Madrid, generalista aunque con una clara vocación científica, todo un referente en la intelectualidad de la época, por cierto, también purgada durante los años franquistas. Pero aun con todo, pese al apoyo de bibliotecas personales e institucionales, faltaba soporte. Fue la Biblioteca Marquesa de Pelayo quien vino a cubrir esta laguna.

Si la información científica es la sangre del sistema, la biblioteca es su corazón

Además de la segunda más antigua, la Biblioteca Marquesa de Pelayo pasa por ser la primera moderna de España. Ninguna había sido diseñada antes como un Servicio más. De hecho, habrá que esperar décadas para que vuelva a ocurrir algo parecido. Prueba de la modernidad de sus planteamientos es la creación de dos herramientas que hoy nos parecen normales pero que hace noventa años constituían una singularidad, como son un cuadro de clasificación propio, el mapa de la biblioteca, cuando los que hoy consideramos estándares estaban todavía en ciernes, y una norma de citación de artículos y libros también propia, adelantándose casi cincuenta años a la aparición del estándar en esta materia. Ninguna de las dos iniciativas, ni el cuadro de clasificación ni la norma de citación propios, tuvieron recorrido porque ambas fueron antes o después sustituidas oportunamente por estándares internacionales, pero que existieran en edades tan tempranas son buena muestra de la firme apuesta por la innovación que siempre ha caracterizado a la biblioteca, lo mismo que a la institución toda.

La Biblioteca Marquesa de Pelayo decíamos que nació a imitación del modelo norteamericano como Biblioteca Nacional de Medicina. Pero la guerra, como en tantas otras ocasiones, truncó el proyecto. No obstante, su liderazgo permanece intacto.

La biblioteca se asienta desde su origen en tres pilares: asistencia a la clínica, a la docencia y a la investigación. La prevención, la cuarta variable, implica un componente social de interés creciente. La biblioteca atiende a todo el Sistema Sanitario Público de Cantabria. El acceso está reservado a personal sanitario. Sus fondos son riquísimos. Hoy priman los electrónicos por razones de abaratamiento, escasa disponibilidad de espacio de almacenamiento, facilidad de gestión y sobre todo de acceso por parte de los usuarios. El foco se ha puesto tradicionalmente en las revistas por ser éstas el principal vehículo de transmisión de los avances científicos. Pero siendo importantes las suscripciones a revistas, como decíamos, en la actualidad disfrutan de especial atención las herramientas de ayuda en la toma de decisiones clínicas, muchas de las cuales se ver reforzadas con soluciones de inteligencia artificial. Es un mundo, éste de la información científica, el de hoy, muy diferente al de hace noventa años, pero la Biblioteca Marquesa de Pelayo ha sabido mantenerse en primera línea desde su origen. No es por casualidad que su sede física se encuentre en el pabellón 16, en el corazón mismo del complejo hospitalario.

Si la información científica es la sangre del sistema, la biblioteca es su corazón.

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