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Francia votará en guerra

Alberto Gavín | Politólogo y MBA, me dedico profesionalmente a la consultoría en políticas públicas de desarrollo económico. Colaboro activamente con Podemos Cantabria, siendo consejero ciudadano en Castro Urdiales, lugar donde resido. Coordino el blog http://larentabasicaquepodemos.blogspot.com.es/ y opino por afición. Twitter: @agacero Facebook: https://www.facebook.com/alberto.gavin.5

Alberto Gavín | 26 de noviembre de 2015

Nadie en Francia parece preguntarse cómo es posible que varios jóvenes franceses y belgas abracen el yihadismo radical y se inmolen llevándose consigo en esta ocasión a más de cien personas.

Tras los brutales ataques del pasado 13 de noviembre en París, de nuevo, aparece el discurso de “ganar seguridad a costa de libertades”, vemos cómo se han reforzado las medidas de seguridad en todos los espacios públicos, se controlan fronteras y cómo se elevan los niveles de alerta terrorista.

Los bombardeos de Francia no se retransmiten por los medios de comunicación occidentales y la opinión pública ni sabe ni quiere saber cuáles son sus consecuencias

Sin embargo, esta vez se ha ido un paso más allá y no sólo se han tomado medidas internas. Francia le ha declarado la guerra al Estado Islámico, primera victoria de un protoestado que ve cómo se le reconoce implícitamente como tal, y ha invocado la cláusula de Defensa Colectiva de la Unión Europea (Artículo 42.7 del Tratado de Lisboa), petición que ha sido aceptada por unanimidad por todos los Ministros de Defensa de los 28 países miembros de la Unión Europea. El artículo apenas compromete a los países miembros a apoyar a Francia en su lucha contra el Estado Islámico, ya que cada uno de ellos negociará bilateralmente su implicación, pero supone un hecho histórico ya que por primera vez se ha activado este mecanismo que dota de un marco de actuación y legitima la acción emprendida por Francia. A pesar de la ambigüedad de la cláusula 42.7, que no establece ni cómo ni de qué forma se comprometen los países en esa defensa colectiva, la UE admite la legalidad de los bombardeos en Siria como actos de legítima defensa. Una vez más se toman decisiones en nombre de toda la ciudadanía sin pasar siquiera por los Parlamentos nacionales. Una vez más nos quedamos sin argumentos para defender la política exterior europea, basada, según nuestros principios, en la defensa de los derechos humanos, la democracia y las libertades.

En realidad, lamentablemente, Francia no ha necesitado de ningún marco legal para actuar sobre el terreno. Ya lo estaba haciendo desde septiembre (al menos dos bombardeos en territorio sirio) y lo ha hecho siempre que ha considerado oportuno en la gestión de su particular guerra contra el yihadismo global, con actuaciones unilaterales en Libia o Mali por citar las más recientes. Los bombardeos de Francia no se retransmiten por los medios de comunicación occidentales y la opinión pública ni sabe ni quiere saber cuáles son sus consecuencias. A estas alturas tampoco nadie cree que bombardeando Siria se solucionará el problema del terrorismo yihadista ni se acabará con el Estado Islámico. Si de verdad el propósito fuera acabar militarmente con el Estado Islámico, éste pasaría por promover una alianza internacional que conllevaría el traslado de miles de tropas a la zona. Y nadie duda de que con la capacidad bélica de los países de la OTAN se acabaría rápidamente con las milicias del ISIS. Pero ya sabemos que una victoria militar, como se ha demostrado en Afganistán o en Irak, no significaría ni el fin del conflicto sirio ni el fin del terrorismo yihadista, y lo que es seguro es que significaría muchos más muertos, incluidos los europeos que parece ser que son los únicos que nos preocupan. Descartada esta vía, por impopular, el Presidente francés, el socialista Hollande, opta por una guerra sin muertos, europeos se entiende.

Y si todos entendemos que los bombardeos no solucionan la amenaza yihadista sobre Francia, ¿a qué responden? Es inevitable no pensar en el contexto político francés y en algo que lamentablemente ya no nos resulta extraño, la utilización de un suceso de estas características de un modo electoralista. Con encuestas que dan a la extrema derecha de Marine Le Pen como primera fuerza y a los conservadores de Sarkozy y Juppé como segunda fuerza, Hollande quedaría fuera de la segunda vuelta electoral de las elecciones presidenciales francesas si éstas se celebraran hoy. Ante el derrumbe del partido socialista francés frente al empuje de los partidos de la derecha, parece que Hollande está resuelto a intentar recuperar parte del electorado perdido. Responder a un atentado ejecutado por europeos con bombardeos en Siria parece que es parte de la estrategia para ganar votos a la derecha francesa. Terrible.

No se puede dedicar miles de millones a la cooperación internacional mientras se apoyan regímenes que violan sistemáticamente los derechos humanos

Mientras tanto nadie en ese país parece preguntarse cómo es posible que varios jóvenes franceses y belgas, recordemos la nacionalidad de éstos ya que en otras muchas ocasiones los medios se encargan de recordarla, abracen el yihadismo radical y se inmolen llevándose consigo en esta ocasión a más de cien personas. El problema de Francia es sobre todo interno y son los servicios de inteligencia y policiales los que deben de estar bien dotados para hacer frente al riesgo de las células yihadistas. Pero el foco se pone en Siria, de paso, matamos dos pájaros de un tiro: identificamos en Siria el origen de todos los males y de este modo estigmatizamos a todos los refugiados que pretenden entrar o asentarse en la UE. Creamos en la opinión pública la conexión terrorismo-Siria-refugiado y tenemos el cocktail perfecto: bombardeamos y nuestra opinión pública aplaude, sin bajas propias y damos portazo al problema de los refugiados, sin presión social por admitirlos. Política de altura. Bravo Hollande.

A los europeos, lamentablemente, cada vez nos cuesta más ser abanderados de valores como democracia, libertad o defensa de los derechos humanos. La hipocresía y continua contradicción en nuestras relaciones internacionales, siempre dominada por la salvaguardia de nuestros intereses económicos y poder, sea externo o interno, hace imposible defender la actual Unión Europea. No se puede dedicar miles de millones a la cooperación internacional mientras se apoyan regímenes que violan sistemáticamente los derechos humanos, no se puede exigir el respeto a la vida bombardeando ciudades sirias, por mucho que éstas estén bajo control de salvajes, no se puede defender la democracia mientras le damos la mano a Putin, el gran valedor de la libertad de expresión y respeto a la soberanía de los pueblos. Pero esas contradicciones está claro que no interesa que se debatan.

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