Martes 14.08.2018

Gestación subrogada: hipocresía y prejuicio

La ministra no ha tenido empacho en tildar a las posibles voluntarias como “vientres de alquiler”, un insulto grave, que traslada a la sociedad un mensaje falso, peligroso y profundamente machista, el de que las mujeres, especialmente si son pobres, necesitan una especial tutela para evitar comerciar con su cuerpo cayendo en la tentación de alquilar su útero.

El feminismo retrocede a pasos agigantados. Algún fenómeno cósmico ha transmutado la vieja consigna ”Nosotras parimos, nosotras decidimos” en la menos sugerente y moralina “No queremos ser vasijas” con el que un sector radical del feminismo se opone tajantemente a la gestación por sustitución, o subrogada. Todo los extremos son malos. Tan execrable resultaba la burda utilización del cuerpo de la mujer como reclamo publicitario -es difícil olvidar aquellos carteles que flanqueaban las carreteras con mujeres innecesariamente desnudas sobre vehículos de lujo-, como la absoluta prohibición reinante.

Ahora todo cosifica, mercantiliza o denigra a la mujer: azafatas de congresos y eventos deportivos ven amortizados sus puestos de trabajos en aras al qué dirán; comentarios en las redes, artículos de opinión  y anuncios en los medios sucumben a diario bajo la autocensura impuesta por una presión social creciente y, hasta las autoridades se permiten decidir por nosotros qué canciones resultan abominables, como el “Despacito” de Luis Fonsi -premio Grammy Latino 2017-, vetado en una playlist del Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, por denigrante y machista.

Sorprende es que el partido socialista restringa ahora su capacidad de procurar la gestación, alineándose con los prejuicios bioéticos de la derecha más rancia

La Ley de Gestación Subrogada que promueve Ciudadanos también ha sido víctima de la Dirección General de Cosificación, un departamento secreto del Ministerio de Igualdad que ha logrado concluir con éxito una gesta extraordinaria: conciliar los principios bioéticos, que oponen la Iglesia y la derecha ultraconservadora, y los reparos cosificadores de la izquierda progresista y el feminismo radical. Contentando a todos ellos, la ministra no ha tenido empacho en tildar a las posibles voluntarias como “vientres de alquiler”, un insulto grave, que traslada a la sociedad un mensaje falso, peligroso y profundamente machista, el de que las mujeres, especialmente si son pobres, necesitan una especial tutela para evitar comerciar con su cuerpo cayendo en la tentación de alquilar su útero; el viejo debate de sobre la prostitución trasladado al deseo de ser padres, y exactamente lo contrario que pretende Ciudadanos, que propone que la gestación tenga carácter  gratuito.

La Señora Calvo podía haberse ahorrado el esfuerzo de enmascarar sus prejuicios con excusas tan manidas como el riesgo para la salud de la mujer, la posible mercantilización de su cuerpo o el interés superior del menor. Reparos ya superados en el debate de la Ley de Reproducción Asistida 14/2006, que legalizó la donación de óvulos en España -la de espermatozoides nunca fue polémica.

Sobran este tipo de argumentos cuando las familias españolas más pudientes viajan a Canadá, Estados Unidos o la India, y, a la vuelta pueden legalizar la situación irregular de su hijo inscribiéndolo como propio en el Registro Civil, inscripción que se practica contraviniendo el artículo 10.1 de la Ley 14/2006, sobre técnicas de reproducción humana asistida, conforme al cual, es nulo de pleno derecho “el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero", artículo que también añade en su apartado segundo, una sanción ejemplar para quien viole la norma: "La filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto", es decir, para la Ley española la madre del hijo es quien lo ha parido. Podría pensarse que nuestras autoridades persiguen con ahínco estas conductas; nada más lejos de la realidad. Nuevamente, el tan traído y llevado interés del menor sirve de fundamento para eludir la prohibición y mirar hacia otro lado: hipocresía y prejuicio.

No es extraño que el Partido Popular, secularmente vinculado a la doctrina de la Iglesia, rechace la gestación subrogada, lo que sorprende es que el partido socialista, que conquistó la regulación legal del aborto sobre la base del derecho inalienable de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, restringa ahora su capacidad de procurar la gestación, porque de eso se trata, alineándose con los prejuicios bioéticos de la derecha más rancia. No puede sostenerse con rigor que el embarazo entrañe un riesgo para la salud mayor que la donación de un órgano a perpetuidad y, sin embargo, las mujeres pueden donárselo a un familiar, a un amigo, y también a un extraño, excepción sea hecha del útero, cuyo transplante, curiosa coincidencia, está vedado.

La falta de sensibilidad de la Señora Calvo en el debate es  impropia  de una ministra de igualdad que se dice feminista y solo puede explicarse desde la fragilidad de la alianza parlamentaria que aupó al partido socialista al gobierno. Todo vale para eludir un debate ético y “de mucha envergadura”, como lo calificó la ministra, sin afrentar a los socios, aunque para ello tenga que zanjar la discusión con una frase que pasará a los anales de la Historia: “el deseo no es el derecho” -dijo, refiriéndose al derecho de ser padres-, otra perla que añadir a su ya famosa “Estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie”.

Gestación subrogada: hipocresía y prejuicio
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