Sábado 15.12.2018

35 años no son nada

En Cantabria estamos de celebración, en Cantabria estamos de aniversario. Y es que el Estatuto de Autonomía de Cantabria ha cumplido 35 años. El 11 de enero de 1982 fue publicado en el BOE y entró en vigor el 1 de febrero del mismo año. Por su parte el día 20, también de febrero, se cumplirán 35 años de la constitución de la Asamblea Regional –hoy en día Parlamento de Cantabria-.

Un estatuto que costó mucho trabajo, esfuerzo y movilizaciones construir, derrotando a las tesis “unionistas” y a los que pretendían olvidar nuestro nombre, el de Cantabria. Un aniversario que debería haber sido celebrado por el Gobierno de Cantabria y por el propio Parlamento con mucha más fuerza e ilusión. Un aniversario que prácticamente ha caído en el olvido. La efeméride debe servir para dar las gracias a toda la gente que hizo que la autonomía llegase a nuestra región, a la gente que se manifestó, a los políticos que supieron ver el sentimiento del pueblo…

Un aniversario que debería haber sido celebrado por el Gobierno de Cantabria y por el propio Parlamento con mucha más fuerza e ilusión

Un estatuto que ha servido para asentar las bases de Cantabria, una autonomía que gracias a la cual la región se ha desarrollado. Cierto es que el trabajo por hacer aún es muy grande, y queda mucho por elaborar para que nuestra región sea una comunidad de primera. No obstante, si perteneciésemos a Castilla y León, no cabe duda, de que nuestra situación sería infinitamente peor.

En estos 35 años los que hemos nacido con el Estatuto ya aprobado tenemos más que asimilado en prácticamente la totalidad de los casos que Cantabria es una comunidad propia y que nuestro sentimiento por la región es mayúsculo, quizás más que el de las generaciones anteriores. 

La losa de los 40 años de franquismo aún pesan a la hora de potenciar las tradiciones de Cantabria, puesto que nuestra identidad fue, como todas, pisoteada y aniquilada por el aparato del dictador. Y claro, debido a dicha losa hace unos años en los carteles de Santander como candidata a la capital europea de la cultura aparecía una sevillana, o que en cualquier punto de la región se celebre la Feria de Abril, o incluso que en “Espacio Joven” del Ayuntamiento de Santander existan cursos de baile “latino-olé”, “ritmos caribeños”, “orientales” y un largo etcétera, pero ninguna mención al folclore de la región. También podemos hablar de la programación de los Centros Cívicos de Santander, en la que en todos hay clases de bailes de Salón, de Sevillanas o de Flamenco, pero en lo relativo a Cantabria tan solo vemos un único curso de rabel. Así nos luce el pelo…

Quizás esta es una de las grandes asignaturas pendientes del gobierno, y más si cabe de un gobierno en el que participe el PRC, porque aunque se están cuidando, no lo suficiente. Las escuelas de folclore deben ser no solo potenciadas como ya ocurre, sino regladas. Quiero decir, cada vez se crean más escuelas de folclore donde se imparten clases de pandereta, de gaitas, de castañuelas, de pito y tambor, de rabel… pero cada una va por libre. Desde la Consejería de Educación y Cultura se debería crear un itinerario académico para que se regule lo que se enseña, y que sea igual en todas las escuelas. Además de una preparación del profesorado, no digo en conocer el instrumento, que le conocen de sobra, sino en la metodología y pedagogía. En este aspecto también debemos potenciar la labor compositiva de los artistas, para así crear nuevas canciones.

La losa de los 40 años de franquismo aún pesan a la hora de potenciar las tradiciones de Cantabria

Lo mismo podríamos decir con las escuelas de bolos, un deporte tan autóctono. Aunque es cierto que aquí la Federación Cántabra de Bolos está realizando un labor muy importante. No obstante, la gran asignatura pendiente del deporte más propio que tenemos es potenciar la liga absoluta. La asistencia a las boleras cada vez es menor, y se debe hacer más atractivo para un público joven, además de intentar que vuelvan las retransmisiones profesionales que se realizaban hace una década. 

Debemos cuidar también oficios que se están perdiendo como el de alberquero y signos identitarios importantísimos como las Estelas de Barros, algo que ya denuncié hace unas semanas en esta misma tribuna (http://www.eldiariocantabria.es/opinion/alvaro-saenz/desrueda-cantabria/20170109194356024073.html).

Con el Estatuto hemos avanzado mucho en temas tradicionales, pero aún nos queda mucho por avanzar. Y no debemos olvidar que hay otros aspectos que también son nuestra identidad y que no estamos cuidando en absoluto. Hablo de las zonas rurales, las cuales apenas tienen representación en la casa de todos, el Parlamento de Cantabria, y a las que rara vez tenemos en cuenta. Por otro lado, las Juntas Vecinales y Concejos son organismos importantísimos en nuestra historia, que si bien el Gobierno de España pretende ahogar desde Cantabria debemos apostar por ello, pues es una parte más de nuestra forma de ser.

En definitiva, que 35 años no son nada, que aún nos queda mucho camino por recorrer juntos, y que debemos cuidar lo nuestro y sembrar el germen entre los jóvenes del amor por su tierra y su forma de ser. Conocer de donde venimos –el gran reto que el Sr. Ruiz no quiere afrontar, el dotar en los colegios e institutos de un apéndice sobre Cantabria-, porque somos así, qué cosas son nuestras y hacia donde vamos con nuestras particularidades en un mundo muy global.

35 años no son nada
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