Viernes 14.12.2018

Cantabria, un problema de cultura

En Cantabria la poca cultura que tenemos se la debemos a pequeños proyectos sacados con mucho esfuerzo y trabajo por la gente, y con poca participación de las instituciones.

Jamás podré olvidar de mi mente la imagen de un cartel de “Santander, capital europea de la cultura” con una sevillana. Un cartel que era un insulto a nuestra cultura, aunque quizás más insulto era que Santander intentara competir con San Sebastián, Córdoba, Las Palmas de Gran Canaria, Málaga, Oviedo, Pamplona o Zaragoza.

Sobra decir que estas ciudades cuidan la cultura mucho antes de que Santander empezara a plantearse tan siquiera presentarse al concurso, y por lo tanto antes de que Santander cuidase la cultura “oficialilla”. De entrada es muy difícil ser una capital europea de la cultura cuando tienes unas raíces tan importantes como las de Cantabria, y no las cuidas.

Resulta curioso cómo en Bilbao por cantar “bilbainadas” no pasa nada, o en fiestas en Zaragoza cantar una “jotica” está bien visto, pero en Santander, aunque estés en fiestas, si cantas una “montañesa” en un bar, lo mínimo que te pasará es que serás mal mirado, pudiendo llegar a ser expulsado del local. Eso sí, cuando llega la feria de abril los que te miran mal –incluidas las instituciones- cuando haces arraigo de tu cultura, se ponen rápidamente el traje de “faralaes” y se bailan una “sevillana” al son de “Los del Rio”.

En Santander, aunque estés en fiestas, si cantas una “montañesa” en un bar, lo mínimo que te pasará es que serás mal mirado

Aun así, podríamos dejar de lado nuestra cultura, y ser una ciudad, y una comunidad que cuida la cultura “actual”, si así queremos llamarla. Pero es curioso ver cómo siempre vienen los mismos artistas –normalmente “triunfitos”- y encima a precio “Premium”. Para los “alternativos” musicalmente hablando, en las fiestas patronales de las dos principales ciudades de Cantabria resulta complicado poder ir a un concierto de nuestro gusto. Aunque por suerte el año pasado en Torrelavega sí disfrutamos de un par de noches de buena música, especialmente la del concierto de Rosendo y Los Suaves. También cabe destacar que algún año en Santander han dejado una noche de lado a los triunfitos, para llevar música “diferente”.

Pero donde realmente encontramos esa cultura “alternativa” es en las propuestas o eventos organizados por colectivos de “gente de la calle”. Lugares como “La Vorágine” “Black Bird”, “Sala Miriñaque”… son un refugio para la cultura, un refugio alejado de las instituciones, y que en muchas ocasiones es olvidado por estas.

Torrelavega, una ciudad que siempre ha tenido una gran vida cultural, está perdiendo cultura al mismo ritmo que puestos de trabajo, y se sume cada vez más en un profundo caos. Lejos quedan los años de exposiciones, de conciertos, de grupos, y de cultura callejera. Torrelavega necesita urgentemente un cambio de sistema productivo, la capital del Besaya precisa buscar un nuevo sustento económico, y quizás la cultura podría ser una solución. Aunque difícil solución, cuando el Ayuntamiento de Torrelavega ha tardado tanto en ceder ante las exigencias del colectivo “Cultura sin Techo”, aunque por suerte este acuerdo con dicho colectivo puede ser un punto de inflexión, culturalmente hablando, para “Torre”.

Pero además de esa cultura casi diaria en Cantabria subsisten, como pueden, y algunos alejados de cualquier tipo de ayuda por parte del Gobierno de Cantabria, numerosos festivales organizados por gente joven de diversos pueblos. Magosta Folk, Azeros Rock, el reciente Beltane Fest, Sauga Folk, Borleña Folk o el veterano Rebujas Rock.

En definitiva, en Cantabria la poca cultura que tenemos se la debemos a pequeños proyectos sacados con mucho esfuerzo y trabajo por la gente, y con poca participación de las instituciones. ¡Cantabria despierta, la cultura es necesaria, y puede ser un motor económico de la región!

Cantabria, un problema de cultura
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