martes 15.10.2019

La huella sumergida

Miles de embarcaciones españolas yacen en los fondos marinos esperando a que un equipo con financiación, medios y tecnologías los rescates. Sin embargo, la adhesión de España a un convenio internacional, ha dejado la búsqueda de estas reliquias en manos de empresas de "cazatesoros", renunciando al derecho histórico sobre los barcos. 

Una buena parte de nuestra historia yace bajo el agua del mar. Miles de barcos españoles aguardan silenciosos en los fondos marinos a que alguien quiera y pueda recuperarlos. Y eso se va haciendo más verosímil gracias a los progresos de la arqueología subacuática. Lo malo es su cruce con quienes disponen de la financiación, los medios y la tecnología para llevar a cabo ese tipo de rescates pero solo con fines lucrativos.

Como ya se está sugiriendo en el caso del galeón "San José",  hundido por barcos de guerra ingleses en 1708 y detectado a finales de noviembre pasado por un barco de la Armada colombiana en aguas del Caribe, no estaría mal encontrar una fórmula que implicase a las empresas de "cazatesoros" en proyectos recuperadores de la memoria histórica. Su retribución tangible por el acceso a los pecios no tiene por qué estar reñida con los objetivos intangibles de los Estados, las Universidades y, en general, la investigación científica.

Es aconsejable ese mismo espíritu conciliador en las gestiones del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, con las autoridades colombianas sobre el futuro del pecio. Las principales coordenadas legales que se cruzan son, por un lado, el pabellón del galeón, y por otro, la soberanía de las aguas territoriales donde se encuentra. Colombianas, en este caso. Todo ello a la luz del derecho del mar. Y de un convenio específico: la Convención de la UNESCO de 2001, a la que España se adhirió en su día.

"En mala hora para España", escribe Daniel Casado, doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense. Y añade: Con su adhesión al convenio internacional, nuestro país renunció a su derecho histórico sobre los barcos, a cambio de ser informado y consultado como país poseedor del pabellón. Insípida recompensa para la que es primera potencia mundial en barcos hundidos", dice. Aún así, esa convención no pesará en las conversaciones hispano-colombianas sobre el destino del "San José" porque Colombia no es firmante de la misma.

Sin embargo Colombia si pertenece a la comunidad de naciones hispanoamericanas. Comparte la misma huella histórica y es tributaria de un patrimonio cultural común. Y si nos remitimos al momento en el que ocurrió el hundimiento del galeón frente a la península de Barú, nos toparemos con una insalvable realidad de hecho y de derecho: tan súbditos del Reino de España eran los españoles como los colombianos.

Sobre esa base ha de imponerse la voluntad de entenderse, en la seguridad de que esa es también la voluntad de los dos pueblos hermanos. No otro es el espíritu con el que el ministro Margallo inicia las conversaciones este fin de semana en Cartagena de Indias. Y no hay razón para enredarse en el problema de la propiedad del barco o en cuestiones marginales como los derechos de los descendientes de las personas muertas o en si el barco era solo militar o también de pasajeros.

La huella sumergida
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