viernes 28.02.2020

Santander y su política circense

Los vecinos de Nueva Montaña han asumido de manera estoica el triste devenir de vivir gobernados por sinvergüenzas, corruptos e incompetentes.

Andaba uno pendiente del arranque del año en términos políticos en el Ayuntamiento de Santander, en vista de que en años anteriores los primeros días y semanas de enero habían sido prolíficos en cuanto a incidencias en la gestión del equipo de gobierno de entonces, que normalmente consistían en una sucesión en cadena de despropósitos a cargo de quienes aún gobiernan en el Ayuntamiento. Y la verdad, este dos mil veinte tampoco ha decepcionado. Los máximos responsables municipales, con la alcaldesa a la cabeza, han vuelto a demostrar que este Ayuntamiento es lo más parecido a un circo de tres pistas.

Mención aparte merece el nuevo episodio de la serie de desgracias en forma de derrumbes de estructuras y edificios que parecen producirse con excesiva frecuencia en esta ciudad

Así, en las tres primeras semanas del año, las noticias han surgido en cascada yendo desde la alarma provocada por algunas actuaciones urbanísticas, como la de la Plaza de Italia, en las que el PP vuelve a poner de manifiesto su obsesión arboricida, justo en momento de emergencia climática que recomienda líneas de acción completamente opuestas, a la decisión por parte del equipo de gobierno municipal de privatizar la tortura animal sacando a concurso la gestión de un espacio público como es la plaza de toros para mantener con vida la Feria de Santiago, pasando por las denuncias de algunos partidos de la oposición de las cada vez peores condiciones de limpieza de la ciudad, convertida en estercolero por la empresa adjudicataria del servicio al coste de 17,5 millones de euros al año. Pero esto son solo cuestiones “menores”. Mención aparte merece el nuevo episodio, acontecido en Nueva Montaña, de la serie de desgracias en forma de derrumbes de estructuras y edificios que, como una especie de maldición, parecen producirse con excesiva frecuencia en esta ciudad, o el enésimo amago de ruptura del pacto de gobierno municipal anunciado por el portavoz de Ciudadanos, Javier Ceruti, en el Ayuntamiento de Santander.

A decir verdad, parece que últimamente en nuestra ciudad la vida es ese espacio de tiempo que transcurre entre amenaza y amenaza del portavoz de la formación naranja de romper el acuerdo que les une en “matrimonio de conveniencia” al Partido Popular, en el gobierno de la capital de Cantabria. Según señalaba el interesado esta misma semana en rueda de prensa, su enfado respondería al presunto incumplimiento de los acuerdos programáticos, cualesquiera que sean, entre ambas formaciones por parte del Partido Popular. Como si alguna vez los populares hubiesen tenido voluntad alguna de cumplirlos…. o de ceder la más mínima competencia en las áreas de gobierno realmente relevantes a sus hasta ahora socios. Como si algunos no hubiésemos advertido hace tiempo de que el PP relegaría a Ciudadanos a un mero papel de consorte con derecho a roce y con la única función pública de salir sonriente en las fotos.

Al portavoz de Ciudadanos, Javier Ceruti, le está ocurriendo como al pastor del famoso cuento de 'Pedro y el lobo'

Al portavoz de Ciudadanos, Javier Ceruti, le está ocurriendo como al pastor del famoso cuento de Pedro y el lobo, tanto insistir con la falsa amenaza de ruptura ha llegado a un punto en el que carece de credibilidad alguna. Es lo que pasa cuando, nada más pisar moqueta, decides dejar a un lado los escrúpulos y los principios que decías defender. Su acelerado tránsito de hombre presuntamente sincero y cabal, a mero hombre de paja al que otros imponen las decisiones que debe tomar, le está suponiendo un lastre cada vez más pesado, que no pasa desapercibido incluso al observador menos avezado

El caso es que Ciudadanos lleva meses haciendo un tipo de política vacía que evidencia una absoluta desconexión con los problemas reales de la ciudad de Santander. Una política consistente en lanzar constantes cortinas de humo para tapar tanto su irrelevante peso en el Ayuntamiento como su cada vez más agudo conflicto interno aquí en Cantabria. Y este es quizás el punto de su acción política en el que más se parecen a sus socios de gobierno.

De este modo, Ceruti ha contribuido a que esta última semana se hable menos de lo conveniente de algunas decisiones políticas como las anteriormente mencionadas o de acontecimientos sumamente graves acaecidos en nuestra ciudad, como por ejemplo el derrumbe que se ha producido en las viviendas de Nueva Montaña, junto a El Corte Inglés.

Y es que la vida en Santander es también ese espacio de tiempo que transcurre entre derrumbe y derrumbe de un edificio o una infraestructura. Algo que los santanderinos hemos asumido ya como una incidencia cotidiana más, como pueden ser los atascos de tráfico en La Marga.

Al menos esta vez no ha habido que lamentar víctimas, aunque tampoco es de esperar que esto hubiese removido las conciencias de quienes fijan las condiciones que posteriormente dan lugar al desastre. De hecho, nuestros responsables políticos han abordado el tema con la misma indolencia e insensibilidad de siempre, creyendo que pueden reírse impunemente y a la cara de la misma gente cuya vida se ha puesto en serio peligro.

Ver a la alcaldesa haciendo de bombero torero megáfono en mano u oír las alucinantes explicaciones de Gochicoa podrían inducir a la persona más pausada a dejarse llevar por sus peores impulsos

Ver a la alcaldesa, Gema Igual, haciendo de bombero torero megáfono en mano, dirigiéndose a los vecinos el día de autos, con el único ánimo de eclipsar cualquier apunte de sospecha, sobre una hipotética responsabilidad municipal por el posible impacto de las actuaciones de mejora del firme llevadas a cabo en la zona hundida, unos meses antes, u oír las alucinantes explicaciones del consejero de vivienda del gobierno autonómico, José Luis Gochicoa, Ingeniero de Caminos para más señas, hablando del peso de la tierra y de la lluvia como causa fortuita del siniestro, para tratar de distraer el foco sobre una más que probable deficiente ejecución de la obra, podrían inducir a la persona más pausada a dejarse llevar por sus peores impulsos.

Los ciudadanos, por fortuna para la salud y el bienestar de alcaldesas y consejeros ineptos, suelen hacer gala de mucha mayor responsabilidad que sus dirigentes. Y así ha sido en este caso, los vecinos de Nueva Montaña han asumido de manera estoica el triste devenir de vivir gobernados por sinvergüenzas, corruptos e incompetentes, más preocupados de proteger los intereses y los beneficios de unos pocos que de averiguar porque, en Santander, las construcciones son más frágiles que un castillo de naipes. No hay voluntad de revelar la verdad porque no hay decencia que la soporte. De hecho, en nuestra ciudad es más fácil que se caiga un edifico, que a algunos de los mencionados políticos se les caiga la cara de vergüenza. Parece que el cemento con el que algunos se maquillan todas las mañanas es bastante más duro y resistente que el de la solera del parking hundido en Nueva Montaña.

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