Lunes 22.10.2018

Barcelona, Barcelona

Otra vez un ataque terrorista, otra vez la muerte de inocentes, otra vez personas que paseaban por la ciudad son asesinadas.

Eran las 5:30 de la tarde cuando interrumpen las emisiones de las cadenas de televisión para dar una noticia de última hora, las primeras informaciones nos hablan de un atentado en Barcelona.  

Otra vez un ataque terrorista, otra vez la muerte de inocentes, otra vez personas que paseaban por la ciudad son asesinadas, o heridas de gravedad; su única culpa estar en ese momento allí. Los asesinos ni les conocen, ni les importa, lo único que tienen en sus mentes es hacer daño, no importa a quién. Por La Rambla cualquiera puede ir paseando a las cinco de la tarde de un jueves del mes agosto. 

Que su intento de destruir nuestra forma de vivir, nuestra cultura, no consiga movernos del respeto a la vida

Qué decir de aquellos cuya única razón para matar es su odio hacia los que no comparten su forma de pensar, hacia el diferente, y ese odio está en la cumbre de sus valores, el mayor de los desprecios. Que la fuerza de la ley, voluntad de un pueblo, les ponga donde nunca más puedan hacer daño.

Que su intento de destruir nuestra forma de vivir, nuestra cultura, no consiga movernos del respeto a la vida y hacia los demás, de valores tan importantes como el respeto a los derechos humanos, a que la justicia cumpla su función con todas las garantías condenando a los culpables a las penas que señala nuestro código penal. No queremos que nos inyecten su odio, ni su racismo y xenofobia

Hemos llorado por los muertos, por los 192 asesinados en Madrid en 2004, el mayor atentado. Pensábamos que nuestra sociedad ya había pagado un gran tributo, después vinieron los atentados de París, de Niza con más de 80 asesinados, Londres, Estocolmo, ... Hoy el azote  del terrorismo lo sentimos en nuestra piel, llega al corazón de Barcelona. Las escenas se repiten, el miedo, el terror, los muertos y heridos tirados por la calle, arrollados por una furgoneta con el objetivo de asesinar las máximas personas posibles. Para ello recorría La Rambla a toda velocidad haciendo eses, buscando transeúntes que matar. 

Con estas acciones la inseguridad se inyecta en vena en nuestra sociedad, cualquiera puede ser objeto de un ataque de estos asesinos para los cuales la vida no tiene valor, y menos las de los demás. No les importa que sean niños, mujeres o ancianos... Su objetivo: causar el máximo daño, atropellar a los infieles, asesinar al mayor número posible de personas. Por todo ello tiene mucho valor cuando espontáneamente se oye el grito de una ciudad, de un pueblo que clama "No tinc por!", "¡No tengo miedo!",

La responsabilidad de quien mata es sin duda del asesino, del que conduce buscando la muerte de los demás, pero hay que reconocerlo, existe un profundo sentimiento de desasosiego, según el cual nuestras autoridades dentro de Unión Europa no trabajan lo suficientemente coordinadas para impedir este tipo de ataques terroristas. Cuando el ataque se produce en Londres es como si Gran Bretaña estuviera sola y si es Francia o Alemania, España, ... lo mismo. A pesar de las manifestaciones rimbombantes de nuestros de dirigentes, sus palabras de apoyo, coordinación y cooperación se diluyen en el tiempo, detrás de cada atentando, son las mismas y los resultados no se acaban de ver. 

Cierto es que sería muy injusto descargar la responsabilidad sobre ellos, que matar, quitar la vida, es muy fácil, basta tener voluntad y un mínimo de infraestructura, pero no podemos resignarnos a convivir con la muerte y la destrucción. 

Con estas acciones la inseguridad se inyecta en vena en nuestra sociedad, cualquiera puede ser objeto de un ataque de estos asesinos

Tenemos que mejorar, la UE tiene que combatir unida al terrorismo, los monstruos de siete cabezas donde ninguna razona. No pueden seguir matándonos en nuestras ciudades, en nuestras calles, algo más que buenas palabras tienen que realizar los que son responsables de nuestra seguridad, a los que sin duda hay que apoyar; mas para avanzar los apoyos no pueden ser ciegos o actos de fe. El trabajo de las fuerzas de seguridad ha impedido una mayor matanza, se han desarticulado células dispuestas a matar, pero siguen quedándonos dudas sobre aquellos que siembran la semillas de la ira desde sus despachos, los ideólogos de estos actos, de los que nunca sabemos nada. 

En este mundo globalizado es necesaria la cooperación de los Estados contra los que nos quieren matar. Desde los organismos internacionales se tienen que garantizar los Derechos Humanos y el básico sobre el que se sustentan los demás es el derecho a la vida. 

Los expertos no se cansan en decir que no existe la seguridad total, pero son demasiados atentados y la sensación es que se van a seguir produciendo. La resignación no puede ser aquí un valor positivo. Hay que pedir al Estado que mejore la seguridad de sus ciudadanos, porque esta es una de las sus principales obligaciones.  

¿Qué les podemos decir a estas familias que han visto como les han asesinado miembros de la misma? Que ha sido una desgracia o la mala suerte de pasar por allí, no parecen palabras que puedan tranquilizar a ningún afectado ni a ninguna sociedad. 

Simplemente caminaban por la calle y les han arrebatado la vida. El dolor nos inunda a todos, la rabia por la injusticia, la pena, una enorme pena, y un sentimiento de solidaridad con las familias afectadas, con los más cercanos y los que más sufren el impacto de la barbarie. Todo el afecto y cariño para esa hermosa ciudad y sus buenas gentes, para los que en Cambrils han sufrido el zarpazo de estos monstruos de nuevo cuño y viejas ideas. Hoy está en el recuerdo el grito de libertad, de ciudad abierta y amable, el grito desgarrado de Freddy Mercury y Montserrat Caballéal unísono, grito al que unimos nuestras voces  "Barcelona, Barcelona". 

Barcelona, Barcelona
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