Lunes 22.10.2018

Las cicatrices olvidadas del fuego

El tiempo va borrando de nuestra memoria esas escenas dantescas del fuego destruyendo la naturaleza, rodeando las aldeas, ya no hay alarma social, el problema se difumina, se core el tupido velo y a otra cosa, que la actualidad manda.

Pocas cosas más tristes que ver la tierra quemada, el monte teñido con un riguroso manto de luto y el duro recuerdo de los que desaparecieron. Dicen que el terror pasado es un recuerdo imborrable en quienes se han visto alguna vez inmersos en un incendio, rodeados por las llamas.

Ha pasado apenas unas semanas y estos lugares han vuelto al olvido, las aldeas a su abandono donde lloran su desgracia en soledad. El fuego se apagó pero en la tierra quedan las huellas y heridas producidas, los árboles como esculturas negras de este dolor, las cicatrices de esas casas destruidas y un desierto oscuro en el entorno de las mismas. Las promesas de esos días se quemaron como el monte, los llamados terroristas de la naturaleza nadie los ha encontrado, y esas declaraciones de políticos que sirven para esconder responsabilidades propias y endosarlas a un enemigo ficticio, que nunca responde ante la justicia, pero ellos ya han logrado su principal objetivo, desviar la atención sobre su actitud y su gestión.

Las promesas de esos días se quemaron como el monte, los llamados terroristas de la naturaleza nadie los ha encontrado

El tiempo va borrando de nuestra memoria esas escenas dantescas del fuego destruyendo la naturaleza, rodeando las aldeas, ya no hay alarma social, el problema se difumina, se corre el tupido velo y a otra cosa, que la actualidad manda. 

Ya no habrá manifestaciones, ni se pedirán responsabilidades, nadie sabe quién prendió el fuego, es más, incluso en la mayoría de los casos ni se sabe si fue provocado o fortuito, pero esto ya no importa, ahora la actualidad vuelve su mirada hacia los Jordis, Puigdemont y compañía, los jueces, la legitimidad, la equidistancia... tantos temas de debate que centran toda la atención hacia un Procés que gasta grandes energías, produce divisiones y sobre todo en el que se está demostrando que perdemos todos, social y económicamente.

Las costumbres del campo también necesitan pedagogía, se necesitan corregir situaciones de peligro que actualmente se producen en los sectores como el agrícola y el ganadero, para generar pasto, para abrir caminos, en la quema de rastrojos..., que pueden ser la causa de focos en la aparición de incendios. Es importante tomar conciencia del peligro que tienen costumbres ancestrales del uso del fuego, buscar alternativas nuevas, herramientas que la tecnología hoy nos permite un mejor cuidado de nuestro entorno que pueda convivir con las labores necesarias del campo.

Nadie sabe quién prendió el fuego, es más, incluso en la mayoría de los casos ni se sabe si fue provocado o fortuito

El foco se ha desplazado de la zona, los que lo han sufrido históricamente frecuentes incendios saben que este es otro más, y desgraciadamente hasta el próximo donde volverán las lágrimas, el miedo y la zozobra no volveremos a preguntarnos qué hemos hecho para que suceda esta tragedia ecológica y personal. Se volverá a hablar de la regla de los tres 30, rachas de viento superiores a 30 km/h, una humedad inferior al 30% y temperaturas por encima de los 30º, combinación que según los expertos está detrás de muchos incendios que se producen en nuestros montes. Volveremos a recordar que nuestros bosques están olvidados, que nadie se acuerda de su limpieza, ni se realizan los cortafuegos necesarios, de la falta personal en las brigadas que tienen la misión de prevenir y apagar el fuego. En los responsables políticos como siempre reaparecerá el "y tú más",  echándose las culpas unos a otros, y así se volverán a buscar culpables que nunca puedan pagar sus penas.

Los que viven en esas aldeas abandonadas, ya no estarán en los medios de comunicación, ellos no tienen fuerza para hacer manifestaciones, bastante tienen con atender el ganado, la tierra e intentar reparar lo que el fuego destruyó. La pregunta es, después de rasgarnos las vestiduras, de llorar de impotencia ..., ¿y ahora qué?, ¿qué se está haciendo para paliar el daño causado?, y sobre todo,  ¿qué medidas se van a tomar para que se cumpla el "Nunca Máis"?

En esas aldeas, en esos pueblos ya han pagado incluso algunos con su vida ese abandono. Por muy incendiarias que algunos pretendan que sean las situaciones políticas de un territorio histórico, lo que se quema realmente son nuestros montes, nuestra naturaleza, los problemas y las cicatrices del medioambiente no reconocen fronteras.

Las cicatrices olvidadas del fuego
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