sábado 25.01.2020

Un cuento de órdagos y faroles

Este primer Gobierno de coalición del sistema del 78 nace lleno de dudas, pero aunque haya ruido, pocas o ninguna alternativa había al mismo,  volver por tercera vez a unas elecciones era correr demasiados riesgos.

Quién no se acuerda de aquella canción de Celtas Cortos, "cuéntame un cuento y verás que contento". La realidad de nuestra política actual tiene mucho de cuento, de escenificación, la pena es que los actores no estén a la altura, y la obra tenga muy poca credibilidad. 

Realmente al ver la actitud de algunos de nuestros representantes muchas veces sientes incluso vergüenza ajena, es como si vivieran en una burbuja, donde lo importante son sus problemas, sus circunstancias, el qué dirán y en qué página salgo mañana. Luego está la corte de seguidores que solo tienen ojos para los suyos, fue ya hace mucho tiempo cuando un vicepresidente de gobierno, de los de antes, de los que tenían galones y ponían al partido en fila, dijo a los que llamaba la derechona, "si uds. presentan una cabra, la cabra saldrá elegida", y en estas estamos, muchos de nuestros dirigentes haciendo la cabra y el ridículo.

En verdad son fáciles de criticar, nos lo ponen "a huevo", pero mirar la "maldita hemeroteca" y asustarse es todo uno. Por ello, mejor juzgar por hechos y no por palabras que se usan como las nubes que tapan las estrellas de la realidad. Quemamos páginas del diario a tal velocidad, quien hace unos días era un fracasado y los cuchillos se afilaban en sus filas para vender sus ropajes al mejor postor, y quitarle la silla, hoy puede gozar de un éxito que emociona al personal. La vida es caprichosa, a veces se recogen resultados cuando menos se espera, e incluso van perdiendo votos elección tras elección hasta llegar al triunfo final. Las circunstancias y la oportunidad tienen mucho que ver, aquello de "estar en el sitio justo en el momento oportuno". 

La realidad de nuestra política actual tiene mucho de cuento, de escenificación, la pena es que los actores no estén a la altura, y la obra tenga muy poca credibilidad

Algunos lo tuvieron todo a favor, pero no aprovecharon la ola buena, y un cambio de aires se los llevó. También están los guapos, con una sonrisa embelesan hasta al público de la última butaca, y es que "más vale caer en gracia, que ser gracioso", con esos el personal es mucho más permisivo,  pueden decir lo mismo y lo contrario en la misma frase, con la misma cara de poker y en apenas unas semanas dan una interpretación inversamente proporcional al número extraído. Todo vale para los suyos, siempre habrá un buena justificación que llevarse a la boca,  será por el bien de todos, lo requería el momento.  Son capaces de crear una corriente de opinión, al final hacen del defecto virtud, usan palabras como adaptación al medio, flexibilidad a las nuevas circunstancias,... todo vale para ellos. Otros usan la sal gorda y hablan del traidor a la patria, filoterrorista y felón de medio pelo. Esas críticas tan desmesuradas hacen más creíbles, o menos dolorosos cambios que en otros procesos nunca se hubieran aceptado o tolerado.

Cuándo el público mira hacia su derecha se encuentra a los que han creado un monstruo de siete cabezas, asustan al personal volviendo a los tiempos pasados que mejor cuanto menos recordados.  La aparición de nuevas formaciones políticas habla de una sociedad que no se acaba de ver representada, y sigue buscando quien la lidere. 

En esta nuestra Comunidad se han visto situaciones para enmarcar, donde la irresponsabilidad de los partidos del Gobierno llegan al "summum", haciéndose la oposición entre ellos. Unos dando el órdago con el cambiazo de posición, por más que lo intentan explicar solo lo comprenden esos de las gafas del cristal ahumado, pero el orador del hormiguero les convence con la mirada y la carcajada, o lo convierte en cuestiones de fe, donde no necesitan muchas razones.

Los otros yendo por el mundo del farol, y sin luces, anunciando roturas de Gobierno, merman su credibilidad, donde solo la inexperiencia, o un profundo desconocimiento del medio, puede hacer que unos representantes se monten todo un farol enseñando las cartas al personal. El ridículo les deja, no solo con el culo al aire, también con una cara de ahora dónde me meto, dejará huella, y una deuda, que algunos no dudarán en cobrarse.

Este primer Gobierno de coalición del sistema del 78 nace lleno de dudas, pero aunque haya ruido, pocas o ninguna alternativa había al mismo,  volver por tercera vez a unas elecciones era correr demasiados riesgos.

Este primer Gobierno de coalición del sistema del 78 nace lleno de dudas, pero aunque haya ruido, pocas o ninguna alternativa había al mismo,  volver por tercera vez a unas elecciones era correr demasiados riesgos.  Después de conseguir una investidura por la mínima, los hay que demuestran también su bisoñez tomando posesión por los medios, en lugar de en el boletín oficial o de boca de la autoridad pertinente, como si no fueran capaces de contener su alegría por llegar a tan altas cimas, quizás les pierda la ilusión. De estos ilusos se aprovechan los que tienen más experiencia para recortarles su porción de poder e imponer nuevos acuerdos para seguir en el Gobierno,  otros aprovechan para crear vicepresidencias como si no hubiera un mañana. Llama mucho la atención que con tanto tiempo y en un Gobierno de coalición uno de los socios ni conociera el organigrama del mismo. Vaya principios, ¡cómo para fiarte del socio!, que antes de empezar ya te ha ensañado los colmillos y dado un zarpazo en tu pedazo de poder.

Con todo sus defectos a los nuevos gobiernos es cortesía de la casa darles los 100 días de gracia, aunque algunos ya nos hablan de hacer una crisis de gobierno antes de nombrarse el mismo, que tengan paciencia y esperen su momento, no les pase como a otros "por mucho denunciar no amanece más temprano".

El nuevo Gobierno es un parto  doloroso para la oposición, y para algunos del propio Gobierno, apenas tiene mantillas y los comodines se los niegan propios y extraños. Lo cierto es que su éxito será dar soluciones a los problemas sociales, territoriales, económicos e incluso medioambientales, por ello queremos que este cuento tenga un final feliz.

Un cuento de órdagos y faroles
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