Lunes 24.09.2018

El olvido, la mayor condena

Pocas cosas pueden ser más dolorosas que una hija no sea reconocida por su propia madre, o que tú no sepas ya quiénes son tus seres queridos, sólo el hecho de pensarlo nos estremece, nos da miedo.

‘¿Y tú quién eres?’ es una película del director de cine y grandes series de culto Antonio Mercero, donde describe premonitoriamente cómo un anciano (el gran actor Manuel Alexandre) que empieza a perder la memoria es llevado a una residencia... 

Quizás lo más duro que hay en esta vida es que roben tu memoria, tus recuerdos, tus sueños, y termines por no saber quién eres, ni quiénes son tus seres queridos. Algunos le llaman morir dos veces, una el fallecimiento de nuestra mente y otra después, cuando se va la vida para siempre.

Son los enemigos silenciosos que van robando nuestras neuronas, atrofiando nuestro cerebro en un camino de regresión a la nada más profunda

Grandes personajes de nuestra reciente historia como Adolfo Suárez, Ronald Reagan, Pasqual Maragall, Juan Mari Bandrés, Antonio Mercero... han pasado por ello, y son muchas las personas que desgraciadamente la enfermedad les lleva por ese duro e injusto camino. El mal de Alzheimer, la demencia... son los enemigos silenciosos que van robando nuestras neuronas, atrofiando nuestro cerebro en un camino de regresión a la nada más profunda. Pocas cosas pueden ser más dolorosas que una hija no sea reconocida por su propia madre, o que tú no sepas ya quiénes son tus seres queridos, sólo el hecho de pensarlo nos estremece, nos da miedo.

Hay que reconocerlo, la vida es muy hermosa con todos sus avatares, pero muchas veces la etapa final es muy cruel, dura, nuestra sociedad sigue de espaldas a la misma, como esa parte desagradable, fea e insegura de la ciudad por donde no queremos pasar. Si hemos subido a la Luna, aunque Casillas lo dude, si hemos realizado grandes avances en Medicina, nos queda esa esperanza de un día donde ésta encuentre el secreto para detener al ladrón de nuestras mentes, al rufián que nos impide mostrar nuestras emociones e incluso tenerlas.

Alguna vez, recordando el documental de hace ya años realizado en torno a la figura de Pasqual Maragall, titulado "bicicleta, cuchara, manzana", sobre su lucha contra la enfermedad de Alzheimer, me he despertado y lo primero que he intentado es recordar esas tres palabras, con el miedo de que las mismas no fluyeran a mi pensamiento. Otras veces te preocupas cuando tienes esos lapsus, no puedes recordar el nombre de ese actor, de ese pueblo e incluso de ese amigo que hace tiempo no veías. Nada importante, pero te entra un nerviosismo que hace todavía más difícil que tu mente funcione adecuadamente. Qué duro, qué impotencia para aquellos que intentan buscar en sus recuerdos y estos se desvanecen para siempre.

Qué duro, qué impotencia para aquellos que intentan buscar en sus recuerdos y estos se desvanecen para siempre

No quiero fastidiar, ni molestar a nadie con este comentario, bueno sí, a esos insensibles que presumen de tener en su ADN la bajada de impuestos, y después en realidad nos quitan las prestaciones necesarias para ayudar a familias que pasan por estas duras situaciones. Para los demás todo lo contrario, que apreciemos lo mucho que tenemos, no merecen la pena algunos grandes disgustos por temas menores, por mucho que nos recuerden las cornadas que da la vida, seguimos cayendo en la trampa del ego y sus circunstancias.

Al escribir esta colaboración mi recuerdo, ahora que vamos a realizar el próximo sábado 25 de agosto la XV Marcha a Santander, es para una querida amiga, maestra ella que ha realizado cientos de movilizaciones, y tantas Marchas para defender su patrimonio, su casa, la de su familia, de unas instituciones que le han robado tantas ilusiones, y que hoy ya no sabe dónde está, ni llegar a su hogar, ¡qué injusta es la vida!

Para ella, para todos los que están cayendo en el pozo del olvido, para tantas familias que cada día tienen que vivir con estas duras condiciones vaya todo el cariño, y la petición a las autoridades de los recursos necesarios para esa vida digna que reconoce nuestra Constitución, porque el olvido es la mayor condena.

El olvido, la mayor condena
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