Martes 14.08.2018

Erase un País casposo con rancia justicia...

La sentencia de la Audiencia Provincial, donde pese a la muy dura descripción de los hechos probados, donde cinco energúmenos "acorralan y atemorizan" a una chica de 18 años y la penetran uno tras otro, la dejan tirada y le roban el móvil, los magistrados no ven el uso de violencia o intimidación para tipificar el delito como una agresión sexual. 

Era mucho aguantar después del máster virtual, la puntilla fue el vídeo robando en un supermercado unas cremas. Cierto, la señora Cifuentes ha hecho méritos más que sobrados para abandonar la vida pública por la puerta de atrás. Viendo las formas, el fuego amigo se la ha cargado sin compasión, dejando destrozada no sólo su carrera política sino también su honorabilidad, donde sólo ha faltado poner la cabeza de caballo en su cama, da la impresión de que la mafia anda suelta por nuestro territorio. Desde el exterior y después de las amenazas de Granados parece que el enfrentamiento de aquellos que utilizaban la policía para espiarse puede dar para más de una novela negra.

Observar cómo han acabado los últimos presidentes de la Comunidad de Madrid, desde Esperanza Aguirre pasando por el breve y encarcelado González y llegando a Cifuentes, alguien puede cuestionar en manos de quiénes están nuestras instituciones, cómo es posible que este sea el nivel de los que nos representan, por no hablar del Eurodiputado acusado de estar sobornado con caviar y sexo, lo cierto es que en todas partes cuecen habas, pero en el PP a calderadas.

La señora Cifuentes ha hecho méritos más que sobrados para abandonar la vida pública por la puerta de atrás

Cuando en nuestro país los responsables políticos están bajo sospecha, cuando la corrupción ha tomado muchas de nuestras instituciones, algún comunicador estrella, de los bien pagados, que por las mañanas parece que le dan mal café, se mete con un chico de 21 años por regalar un libro satírico a su novia, dice que "le falta un hervor" al representante de España en Eurovisión, Alfred García, conocido además de por su música, por su apoyo a las causas solidarias. Su gran pecado, el libro del polifacético Albert Pla, que regaló a su novia con la rosa correspondiente siguiendo la hermosa tradición de San Jordi.

Albert Pla es escritor, compositor, cantarte, actor y en sus ratos libres cuentacuentos, otro que como Alfred se le considera un raro, esa gente que no va por la misma línea, que su originalidad y creatividad es para los que no les comprenden, los raros, los diferentes. Hay una España rancia y casposa, que describe el propio Albert Pla dando vida a Raúl Gadea, cantante uruguayo que llega a España a triunfar con Tito su representante. Montados en un Opel Corsa alquilado recorren la piel de toro, con las gafas negras que por donde pasan se ve lo peor de cada sitio, salvándose esos músicos famosos con los que el mismo Pla ha colaborado y sus amigos. Deja ver el lado oscuro del músico de provincias, algo parecido al actor de comedia y revista de los años 60. Esa "España de mierda" título del libro, donde la corrupción campa a sus anchas, los caciques siguen con mando en plaza y poniendo sus reales. Siempre estarán los guardianes de las esencias preparados para disparar con su pluma o micrófono al disidente, ejerciendo su derecho y libertad de expresión que tantas veces niegan a otros. 

Aunque hayan pasado décadas todavía el huevo de serpiente sigue estando presente y se retroalimenta de los polos extremos que se repelen. La falta de tolerancia está llegando a situaciones que empiezan a preocupar. Recientemente manifestaba, el magistrado, Joaquim Bosch Grau, exportavoz de Jueces para la Democracia "Uno de los problemas de silenciar canciones y chistes es que se puede pasar a requisar bufandas y de ahí ya queda poco para prohibir la existencia de personas". Puede que el magistrado haya exagerado con su comentario, y no sea lo más prudente y moderado, pero esa preocupación empieza a existir, y se manifiesta de forma visible.

Estas sentencias que a la luz de la razón son incomprensibles e injustas hace que muchas mujeres se puedan sentir hoy más indefensas

La sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra, preocupa y mucho, donde pese a la muy dura descripción de los hechos probados, donde cinco energúmenos "acorralan y atemorizan" a una chica de 18 años y la penetran uno tras otro, la dejan tirada y le roban el móvil,  sin embargo los magistrados no ven el uso de violencia o intimidación para tipificar el delito como una agresión sexual, por ello condenan por un abuso sexual continuado, con un voto particular donde este magistrado no ve ningún tipo de comportamiento punible, con comentarios alucinantes dignos de estudio psicológico, con un cariz profundamente machista, y les ha dejado ya el recurso realizado a las defensas. Rechazando el Tribunal la petición de la Fiscalía de agresión sexual para los autodenominados "la manada" creando inseguridad, indignación y alarma social. Ser juez no es fácil, pero son demasiadas veces cuando los ciudadanos tienen la sensación, que se protege mucho más al culpable que a la víctima. Se comprende "in dubio pro reo", pero no el maltrato a la víctima. Estas sentencias que a la luz de la razón son incomprensibles e injustas hace que muchas mujeres se puedan sentir hoy más indefensas, siendo necesario cambios legislativos, y pasar unos mayores controles a quienes imparten justicia. Nos queda la esperanza que viene de esta sociedad que no se calla, y se revela contra las injusticias.

Situaciones como las descritas, o similares, podían tener perfectamente cabida en el libro de Pla, se puede encuadrar en tantos acontecimientos de este país, donde tanto cuesta avanzar en honradez, tolerancia y justicia, por parte de unas élites que muchas veces van dos palmos sobre el suelo, como si ellos estuvieran en el Nirvana, por encima del bien o del mal. Descalificar al que no piensa como tú es un deporte que practicamos con demasiada asiduidad, palabras como "facha" o "separatista" son munición para matar el diálogo y la toleranciadesde esas trincheras excluyentes, la corrupción, la falta de sensibilidad social y la justicia que no reparar el daño causado a los ciudadanos nos enseñan la España más casposa, rancia y dolorosa que desgraciadamente todavía sigue existiendo.

Erase un País casposo con rancia justicia...
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