Sábado 15.12.2018

La Caravana de la Miseria

La vida vale lo que cuesta buscar alimento, el futuro es tener suerte y que amanezca un nuevo día.

Ver en las condiciones en las que viven millones de personas en los suburbios de las grandes ciudades, desde donde se pueden divisar enormes torres, muchas de ellas de las principales entidades financieras, allí están los dueños de los fondos que dominan el mercado, desde esos pisos superiores se toca y se siente el poder, mientras desde allí nunca se ven, ni se quieren ver, los extrarradios, esas zonas donde la ciudad pierde su verticalidad  bajando a los pozos de la mayor explotación y miseria, donde la lucha es por supervivir, entre la basura, la violencia, el olvido y la falta de lo básico.  La vida vale lo que cuesta buscar alimento, el futuro es tener suerte y que amanezca un nuevo día, allí la inseguridad y la violencia galopan sin control, la ley no está escrita, y la esperanza puede ser huir a otros lugares mientras se tenga fuerza para ello.

Con tan poco que perder es mucho más sencillo comprender a aquellos que en su desesperación se unen para recorrer miles de kilómetros en busca del Edén, del paraíso, hacia la tierra prometida, la de las oportunidades para sus hijos. En un movimiento que tiene más de refugiados de la miseria, de migrantes del hambre, que otras valoraciones que se lanzan intentando sembrar la semilla del odio, del miedo, y la xenofobia para administrar en vena a algunas mentes bien alimentadas, que desde los sillones confortables de sus casas les llegan como munición electoral, o refuerzo espiritual de sus convicciones, prejuicios contra los que no hablan su idioma, tienen su color, o una cuenta corriente más importante que la suya.

Con tan poco que perder es mucho más sencillo comprender a aquellos que en su desesperación se unen para recorrer miles de kilómetros en busca del Edén

Sembrando miseria, extorsionando, destrozando pueblos, creando muros que impiden el acceso a una vida digna, a la cultura, se está poniendo el germen, no para una caravana, sino para un verdadero éxodo. Las leyes creadas por el derecho consuetudinario de los que mandan, donde dice que la tierra y su riqueza es tuya por razón del lugar de nacimiento, o adquisición onerosa, pero llegará el día que los desheredados pidan su parte, como hijos legítimos de la misma, y puede que no haya barreras que les puedan parar,  ya no tienen nada que perder. La desesperación, la humillación, el hambre y el miedo son generadores de una energía superior que no se sabe hasta dónde puede llegar, pero están en la semilla de tantas revoluciones.

Viendo esas miles de personas caminando con niños y mayores, con pies destrozados por el esfuerzo, la cara cuarteada por la intemperie, con las ropas rotas y comiendo de la generosidad de los que poco tienen pero lo comparten con ellos por donde pasan. Esa solidaridad hace aparecer en sus ojos el brillo de una esperanza se intuye que es muy difícil llegar a su meta, pero saben que donde acaben no será peor que donde estaban. Ellos no tienen medio, van como decía el poeta "ligeros de equipaje" en busca nuevos mundos.

Tienen muchas veces el cielo como manta, el frío pavimento como colchón cuando llega la noche, y el agotamiento les hace caer en ese profundo sueño, donde las ilusiones se pueden tocar con la punta de los dedos. Los primeros salieron otro 12 de octubre y todo empezó  con apenas 150 personas en San Pedro Sula, Honduras,  han llegado a sumarse más de 7.000. Lo que empezó como un movimiento sin importancia, ha llegado a movilizar al ejército de la mayor potencia del mundo, para parar a unos pocos hambrientos y desesperados.  Disparan desde su corazón armas de destrucción masiva, potentes misiles a las conciencias de todo bien nacido, son la vergüenza de la desigualdad de oportunidades, la miseria y el hambre de los que están castigados a penar por el mundo, les han abandonado, donde la ley y los derechos humanos son lujos que no se pueden permitir quienes no tienen ni para comer.

Serán derrotados, como lo fueron muchos esclavos antes de hacer el camino hacia la libertad, pero están abriendo los ojos a los que vendrán detrás

Serán derrotados, como lo fueron muchos esclavos antes de hacer el camino hacia la libertad, pero están abriendo los ojos a los que vendrán detrás, construyendo la senda por la que otros podrán transitar con más medios y seguridad. Hoy a muchos les irán deportando, prometiendo que en su tierra van a tener lo que antes se les negó, las promesas de políticos que valen su peso en humo. La caravana de la miseria y el hambre ha hecho despertar a muchos, y conmovido a otros.

Quizás no sea una casualidad pero fue también un 12 de octubre cuando salieron de Honduras estos nuevos marginados, a descubrir un nuevo mundo vedado para ellos, en su camino hacia la tierra prometida se les unieron miles de personas de El Salvador y Guatemala, países bajo la influencia del imperio, hacia el que quieren llegar. Sueñan con cruzar un nuevo océano, los más jóvenes con llegar a la capital del nuevo mundo, otros con poner un pequeño taller o una tienda en alguna zona de la más cercana California, como  aquellos que quieren cruzar la valla africana, o el mar Mediterráneo, simplemente luchan por poder vivir, y salir de ese submundo de  pobreza.  Se siente la pena y vergüenza de ese egoísmo que tapa tantos ojos.

Cuando desde esos áticos de poder se nos pone como escudos humanos, diciendo "no pasarán" convenciéndonos a los de los pisos inferiores del gran peligro que suponen los que no tienen que comer, con sus potentes armas, la razón, la verdad y su derecho a una vida digna, nos hacen proteger su sistema, sus negocios e intereses, aunque sea con nuestras vidas o pagando potentes ejércitos. Poner luz a esas injusticias ahora lo llaman también populismo. Dan ganas de llorar, pero mejor ayudar o echarse a caminar con esa caravana de la miseria quizás sea la que nos viene a salvar.

La Caravana de la Miseria
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