lunes 21.10.2019

Los nuevos Quijotes

Son obreros, hojalateros, ajustadores, electricistas, señoras y señores de la limpieza, barrenderos. Peones de un sistema que les puso a trabajar, a producir, robándoles parte de su juventud, cuando eran tiernos infantes.

Ellos no tienen caballo, ni lanza, no llevan coraza, ni escudo, ni escudero, ellos se bastan con sus manos, con un corazón que late contra las injusticias, y con unas piernas que aunque fatigadas siguen recorriendo kilómetros y kilómetros pidiendo justicia, pidiendo unas pensiones dignas.

Estos nuevos quijotes no van a galope sobre un caballo blanco, ellos van ahora con sus zapatillas llenas de polvo recorriendo caminos de Castilla, o por la Andalucía profunda, paso a paso, golpe a golpe dejando su sudor sobre la gravilla de senderos que custodian la autovía. Son obreros, hojalateros, ajustadores, electricistas, señoras y señores de la limpieza, barrenderos. Peones de un sistema que les puso a trabajar, a producir, robándoles parte de su juventud, cuando eran tiernos infantes, incluso antes de cumplir los 14 años ya debían llevar un jornal, un salario, una aportación a su casa, donde la necesidad era una realidad.

Ellos, mujeres y hombres que durante sus largas vidas laborales donde el tiempo y el duro trabajo fueron llenando de canas, de arrugas, sus cabellos y su rostro, cotizaron más de cuarenta años, para llenar el fondo de las pensiones, que otros con malas artes, con su avaricia vaciaron, que vivieron el final de una dictadura y con sus propias manos crearon un "Estado social, democrático de Derecho". Vienen del norte, del sur..., de Andalucía, del País Vasco, de Cantabria, Asturias, Galicia, León, de tierras de Castilla y Aragón, de Cataluña y Extremadura..., no conocen de fronteras, pero sí del trabajo, del esfuerzo, de la solidaridad. Son nuestros pensionistas y jubilados, sin duda, la mayor red de asistencia social de nuestro país, cuidadores de nietos, banqueros a fondo perdido, hogares de acogida cuando las cosas no van bien, o se les niega el trabajo a sus hijos, son el sustento de tantas familias cuando la crisis asoma por la puerta, e incluso aunque esta no aparezca. 

Allí siempre están ellos, las abuelas y abuelos, nuestros mayores los cuales en antiguas sociedades tenían un lugar de honor por el trabajo realizado, se les escuchaba con respeto por su sabiduría y experiencia en tantas cosas vividas. Hoy en un mundo de usar y tirar, que nos mide por la rentabilidad del corto plazo, algunos los quieren apartar, esconder a la sociedad, o incluso peor, intentan demostrar que son una carga, un estorbo para la misma, ¡cuánta ingratitud, cuánto desconocimiento, cuánto sinvergüenza disfrazado de administrador público!

Al fondo por esos caminos se les oye gritar "gobierne quien gobierne las pensiones se defienden"

Un grupo de valientes salían, el 23 de septiembre, por el norte y por el sur dejando sudor y lágrimas en el asfalto, algunas y algunos volvían a recorrer caminos ya transitados, grabados en sus recuerdos de aquella gran crisis industrial que cerró tantas empresas, y destrozó tantos sueños de futuro en nuestro país. Piden algo tan revolucionario como que se cumpla la ley, la Constitución, que en su ya famoso artículo 50 establece "los poderes públicos garantizarán mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad". Y allá al fondo por esos caminos se les oye gritar "gobierne quien gobierne las pensiones se defienden".

Cómo es posible que sea necesario financiar, a escote de todos los ciudadanos, bancos, entidades privadas, autopistas de la especulación..., que cuando tienen beneficios no los revierten sobre nuestra sociedad, van, la mayor parte, para sueldos de altos directivos, y dividendos de sus accionistas, pero quienes les hemos sacado de la crisis no tenemos ningún derecho sobre lo que en ellos hemos invertido, y sin embargo se dude, se diga que no es posible, ni rentable, tener una pensiones dignas, que son el sustento de tantas familias, de la mayor red de asistencia social de nuestro país, donde cada euro que se ingresa sale al mercado para comprar lo más básico. Nunca hemos visto a los analistas económicos, políticos, a los responsables de esos gruesos y sesudos informes del FMI y del Banco de España elaborando un estudio de los empleos que generan las pensiones por el consumo de nuestros mayores, ni valorando esa red, ese salvavidas, que ponen al sistema para que los más débiles del mismo no se estrellen contra la miseria.

Hay que tenerlos cuadrados para no ser capaces de dar alternativas viables, de construir un modelo sostenible que garantice un mínimo de bienestar social

Hay que tenerlos cuadrados para una y otra vez, no ser capaces de dar alternativas viables, de construir un modelo sostenible que garantice un mínimo de bienestar social, que cumpla con nuestras normas básicas, pero eso sí, intentar destruir aquello que con tanto esfuerzo hemos conseguido lograr los ciudadanos de nuestro país. Para demagogia la suya, los que solo tienen ojos para la rentabilidad de sus inversiones, un día quizás algunos se lo puedan pensar, si usamos su vara de medir, qué hacer con los recursos de aquellos que se lo llevan crudo y disfrutan de lo que es de todos en su cortijo particular. 

A estos nuevos Quijotes los podéis reconocer desde lejos, llevan chalecos amarillos, en sus ojos la ilusión y la fe de estar haciendo lo más grande, llenar nuestros depósitos de esperanza, se nota que cuentan con el apoyo y la comprensión de cuantas personas se cruzan que hacen sonar sus claxons, sus palmas, llenan de sonrisas las avenidas a la entrada de los pueblos. 

La revolución de los yayos, el levantamiento contra la injusticia de las abuelas, la lucha de los jubilados y pensionistas de nuestro país es un orgullo, nos da fuerzas a todos para saber que la utopía de un mundo mejor está más cerca, que no es cuestión de edad, se construye paso a paso, golpe a golpe como nuestros amigos, caminando, gritando y trabajando aunque sea en el mismo desierto ¡Por una Pensiones Dignas!
 

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