jueves 22/10/20

Marchando en un verano entre rebrotes y rebotes...

El temor a los rebrotes no es menor al que tienen los afectados ante la posibilidad del derribo de sus viviendas, y el consiguiente rebote cada vez que una institución o unos responsables políticos nos venden humo.

Son tiempos duros, difíciles, extraños estos de la llamada nueva normalidad, el miedo entre los más mayores se mezcla con la falta del mismo entre los jóvenes, y construye un muro intergeneracional entre la ficción y la realidad.

Destacar solo los aspectos negativos de la realidad también puede deformar la misma, una cosa es informar de un acontecimiento y otra que ese acontecimiento parezca que ocurre en todos los lugares del mundo mundial.

¿Por qué no tenemos unas normas claras para luchar contra el puñetero virus?

Están bien y son necesarias las normas coercitivas sobre todo en temas tan cruciales como la salud y el control de una pandemia, pero no somos pocos los que nos seguimos preguntando ¿por qué nuestros legisladores no abordan este tema?, ¿por qué no tenemos unas normas claras para luchar contra el puñetero virus? Lo cierto, que es muy difícil encontrar una respuesta coherente.

Hemos funcionado con una norma constitucional, el Estado de Alarma, que no está pensada para combatir esta situación, y como improvisación pues bien, pero ¿no han tenido tiempo durante 4 meses sus señorías en ponerse de acuerdo para legislar una norma con carácter general como ha hecho Francia?

Ahora que los rebrotes florecen al igual que los almendros anuncian la primavera, cuando la amenaza de la segunda ola del virus está llamando a nuestra puerta, la irresponsabilidad de nuestros legisladores queda todavía más evidente. Esta improvisación permanente antes por el Gobierno Central y ahora por 17 gobiernos de las comunidades autónomas es para nota, incomprensible, además crean inseguridad a todos los ciudadanos, nos exponen a las ocurrencias de algunos, y... Señores diputados si hay algo con lo que no se puede jugar es con la salud de los ciudadanos.

Esta pandemia nos ha robado la primavera no solo el mes de abril como diría el admirado Sabina, y ahora amenaza con amargarnos el verano. Mascarilla en ristre salimos a la calle algunos con miedo, otros con precaución, pero se nota en el ambiente que la situación es preocupante, y que incluso a veces da la sensación que estamos ante esa calma que preludia tiempos borrascosos.

No estaría mal que ese acuerdo no se quedara solo en lo económico, traspasara esa puerta y llegara también a la protección de la salud

Cierto que la Unión Europea se ha preocupado por la economía de los países miembros y es de alabar el acuerdo al que han llegado, pero no estaría mal que ese acuerdo no se quedara solo en lo económico, traspasara esa puerta y llegara también a la protección de la salud de los ciudadanos miembros de esa UE, que desde su nacimiento siempre ha sido más diligente para el comercio y sus recursos, que para la justicia social y la propia salud. Lo vivido por la falta de mascarillas, equipos de protección para nuestros sanitarios ha puesto de relieve lo solos que podemos sentirnos algunas veces.

Por otra parte, los ciudadanos seguimos con nuestros problemas a veces reinventándonos para intentar seguir con nuestras vidas, incluso para seguir defendiendo nuestros derechos. Estos días la Asociación de Maltratados por la Administración (AMA), el nombre ya tiene lo suyo, unos ciudadanos organizados porque las instituciones les maltratan es para nota.

Pocos nombres describen mejor la realidad de estas familias que llevan cerca de tres décadas pidiendo justicia, ya que las Administraciones Públicas (Gobierno de Cantabria y Ayuntamientos afectados por las sentencias de derribo) han sido declarados culpables en más de 30 sentencias, y sin embargo los responsables de las mismas, los que cometieron los delitos e ilícitos se han ido de rositas, ni siquiera una condena administrativa, mientras que cientos de familias inocentes, terceros de buena fe, llevan a sus espaldas una cadena perpetua, con el miedo y la zozobra que sus viviendas puedan ser derribadas en cualquier momento, y con su patrimonio secuestrado. 

Ya es triste que quienes tienen que defender nuestros derechos sean los que los vulneran

Tanto el maltrato tanto físico, como psíquico, y las consecuencias están en los propios informes periciales que dieron como consecuencia la condena por daños morales a estas instituciones. Ya es triste que quienes tienen que defender nuestros derechos sean los que los vulneran, viendo pasar los años, las décadas, sin dar soluciones a los graves problemas que ellos han causado.

Los problemas con el tiempo cuando no se da una solución se cronifican, la injusticia se hace mayor, pasan a ser parte del paisaje de nuestra Comunidad, y las familias recorriendo los caminos de Cantabria, año tras años pidiendo justicia, justicia y justicia, en los días próximos a Santiago son un clásico por Cantabria. Recordar que el máximo responsable de esta situación es Miguel Ángel Revilla tampoco es descubrir la pólvora sin humo, es simplemente constatar una realidad, él era el máximo responsable del urbanismo cuando se produjeron estas sentencias, y por tanto la planificación pasó por la Comisión Regional de Urbanismo siendo su presidente.

Es cierto que se pueden contar por cientos las veces que nos ha dicho que el problema de los derribos se iba a solucionar o incluso que estaba solucionado, y las veces que él mismo ha aprobado como miembro del Parlamento de Cantabria proposiciones que pedían una solución final sin pérdida de patrimonio para estas familias que no tienen culpa alguna. Cuántas veces hemos visto planes de actuación del Gobierno de Cantabria con sus fechas y sus actuaciones, que luego nunca se cumplen. Ver las hemerotecas a los afectados les puede llevar a la depresión, siempre promesas, siempre resoluciones que nunca se cumplen. Es aquello cuanto más prometes más me engañas.

Planes generales de ordenación urbana, que han sido un timo para los afectados y para todos los ciudadanos de Cantabria, el día que se sepan los recursos gastados que no han servido para nada, más de un responsable político deberá dar muchas explicaciones. Los afectados, hoy la mayoría después de tantos años ancianos, aunque las fuerzas se nos van acabando, seguimos manteniendo la dignidad de reclamar lo que es nuestro y lo hacemos actualmente a través de las redes sociales, y eso que se puede hablar mucho de muro tecnológico donde nuestros mayores tienen dificultades para moverse en ese nuevo mundo.

AMA finaliza estos días su XVI Marcha a Santander, esta ha sido virtual y solidaria con aquellos que incluso están peor que nosotros, aquellos donde la necesidad más imperiosa es poder comer cada día. AMA donará una tonelada de alimentos a través de la organización Iniciativa Solidario O,77% con el hambre, un gran trabajo el realizado por estos amigos. La marcha es virtual por la pandemia, y por la avanzada edad de los afectados. Pese a ello, son muchos los amigos que con 70 y 80 años han aprendido estos días, a subir fotografías a Facebook, Twitter o Instagram para dejar constancia de que existen a pesar de los muchos que nos han dejado, siguen recorriendo los caminos pidiendo justicia, aunque tengan que reinventar y pedirlo, gritar su situación y sufrimiento por los caminos, tan complicados por los mayores, como los de las redes sociales.

El temor a los rebrotes no es menor al que tienen los afectados ante la posibilidad del derribo de sus viviendas, y el consiguiente rebote cada vez que una institución o unos responsables políticos nos venden humo con el que intentan cegar la visión de la gran injusticia que se está cometiendo con cientos de familias.

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