viernes 10.07.2020

Con el miedo en el cuerpo

Los hombres no podemos quedar inmovilizados en la palabra, aunque sea por puro egoísmo, nuestras hijas, mujeres y madres son las que están sufriendo esa injusticia
Los hombres no podemos quedar inmovilizados en la palabra, aunque sea por puro egoísmo, nuestras hijas, mujeres y madres son las que están sufriendo esa injusticia

La visión de una calle en penumbra, una chica que camina mirando su móvil, ajena a lo que pasa a su alrededor; se escucha un pequeño ruido e instintivamente mira hacia atrás, ve cerca de ella, siguiendo sus pasos, a un hombre con un cigarrillo humeante acercándose, ella aligera el paso, su cara se tensa... No hacen falta más ingredientes para meter al espectador dentro de una trama de misterio y miedo. Donde todos damos por sentado la fragilidad, la desprotección de una mujer, simplemente por el hecho de ser mujer e ir paseando por una calle desierta... Esta simple escena nos tiene que hacer reflexionar de la desigualdad y peligro que percibimos por ser mujer.

Ir por ciertas calles desiertas a ciertas horas ya es un riesgo, pero si eres mujer, no hay duda, ese riesgo se multiplica, se agranda de manera considerable, aunque la mayoría de los ataques a las mujeres se produce en la soledad del hogar. No hace falta ser un policía avanzado para sentir que en cualquier parte del mundo donde se da esta escena se respira inseguridad y temor. ¿Cuántas veces una mujer tiene que mirar hacia atrás?. ¿Cuántas veces ve como su corazón se acelera y un escalofrío recorre su cuerpo?. ¿Cuántas mujeres han pasado este miedo?. Situación donde una parte de la población se pueda creer que con, y por, su fuerza puede coger como un objeto a una mujer. Percibimos de una manera diferente los peligros, quien tiene una hija ha tenido miedo, sus padres lo respiraban en casa hasta que ella llegaba. ¡Cuántas horas sin dormir, cuántos miedos e imaginaciones que corren nuestra mente!. Sólo este pequeño relato nos señala que en la sociedad se ve claramente una situación de desigualdad, que se sabe y se es consciente del problema, un mundo donde el colectivo de las mujeres siente mucho más el peligro de ser agredida, mucho más desprotegida. 

Se perciben los peligros de una forma diferente cuando se tiene una hija, porque lo que pueda ocurrirle a un chico con una chica los riesgos se multiplican, algo que muestra la situación de desigualdad

Si el 48,5% de la población, los hombres, produce el 85% de todas las actuaciones violentas, esto por sí sólo ya es un dato objetivo que tenemos un problema, pero si se rasca un poco en el mismo, se eliminan niños, ancianos, incapacitados, podemos decir que menos del 30% producen más del 80% de esos actos ilícitos penales. En los últimos 15 años, en nuestro país, más de 1.000 mujeres han sido asesinadas por la llamada violencia de género, eufemismo que quiere decir que han sido asesinadas por hombres, en la mayoría de los casos por sus compañeros. En estos años se han presentado más de medio millón de denuncias por la llamada violencia de género. Ya en 1993 la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres de la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció un marco de acción para luchar contra esta pandemia. Casi 25 años después, una de cada tres mujeres sigue sufriendo la violencia. En esta nuestra Unión Europea, "reserva de los valores éticos de occidente", más del 50% de las mujeres han sufrido algún tipo de acoso, según denuncia la ONU. Datos para el análisis y la reflexión, que la Subcomisión creada en Congreso de los Diputados con el fin de estudiar las bases de un Pacto de Estado contra la Violencia de Género tiene materia y sobre todo la necesidad de dar soluciones reales. ¿Dónde está ese pacto para la educación que enseñe los valores que hagan que las mujeres puedan ser más libres o al menos igual que sus hermanos, compañeros...? ¿Dónde están tantos medios que prometen después de cada asesinato, después de sentir como otra mujer perdió su vida, se ha sentido humillada, o simplemente ha tenido de cambiar de acera por su condición de mujer?. Comentaba una inspectora de policía que con el lenguaje, no pocas veces, "Culpabilizamos a la víctima, llamamos enfermo, disculpamos y somos demasiado comprensivos con el agresor". Nuestro sistema penal es muy garantista, cualquier cosa antes de que un inocente vaya a presión, ello es muy loable, pero tiene unos costes que en el caso de la violencia contra las mujeres, si no se toman las medida preventivas, y adecuadas, puede ser fatal.

"Culpabilizamos a la víctima, llamamos enfermo, disculpamos y somos demasiado comprensivos con el agresor"

Qué madre o padre no le ha dicho a su hija: " No vengas sola", "Qué te acompañe o te vaya a buscar tu hermano", o "en cuanto llegues hazme por favor una perdida, qué no se te olvide", y además "no vayas por ese sitio". Percibimos el peligro, tenemos miedo a dejarla sola, sabemos que en nuestra sociedad hay muchos sitios que no son seguros para ella. La mujer es considerada en nuestro pensamiento como una posible víctima, y por ello tomamos todos las precauciones posibles. Esa calle, aquel barrio, la muchedumbre, o en una apartada orilla, y sobre todo en su propio hogar, donde se producen la mayoría de los delitos, son lugares y situaciones de riesgo. Mucho es el camino que nos quedan por avanzar.

No hace tanto tiempo la esclavitud era un derecho que unos hombres tenían sobre otros, grandes pensadores han defendido la misma, como la desigualdad entre hombre y mujer que no era vista como algo negativo en esas sociedades a las que no hay que retroceder tantos siglos. Es cierto, que sigue habiendo otra esclavitud más disimulada, la explotación de los seres humanos, por otros, pero también es cierto que los Derechos Humanos, han positivado la ley natural, para que un hombre no esclavice a otro. Hoy la esa esclavitud como tal pertenece a excepciones lamentables, pero en el caso de las mujeres el abuso y maltrato que acaba incluso con la muerte de la mujer es algo que día tras día sucede en nuestras calles, en nuestros barrios... La magnitud del problema es tal, que las Naciones Unidas reconocen que "el maltrato a la mujer es el crimen más numeroso en el mundo"

Si el 48,5% de la población, los hombres, produce el 85% de todas las actuaciones violentas ya da una idea de la tendencia social

Si ante una situación que no remite, con unas consecuencias tan graves, sólo sirve para recordarlo el 8 de marzo, o cuando una mujer es noticia porque el asesino de turno ha acabado con su vida, está claro que no valen las palabras. Se necesita una legislación adecuada, recursos y apoyos para quien sufre esta situación, y sobre todo en las aulas tiene que existir una formación que haga desterrar de nuestra sociedad tanto sufrimiento. Lo que es seguro que repitiendo lo mismo, no vamos a conseguir mejores resultados. Hay que reconocer al colectivo que sufre y al que maltrata. Por ello, los hombres no podemos quedar inmovilizados en la palabra, aunque sea por puro egoísmo, nuestras hijas, mujeres y madres son las que están sufriendo esa injusticia. Ban Ki Mon ya nos animó a todos los hombres y niños a unirnos. "La violencia de género no será erradicada hasta que todos nosotros nos neguemos a tolerarla". Para poner un punto de esperanza siempre se puede decir que cualquier tiempo pasado fue peor.

Comentarios