sábado 14.12.2019

Tiempos de actuar...

El cambio climático no es algo que concierne solo a los dirigentes políticos, a las altas instituciones, o a los ecologistas, es donde todos tenemos y podemos aportar dentro de nuestras posibilidades, desde el reciclaje, hasta el consumo controlado, incluso en la propia elección de los productos.

Cuántas veces el movimiento ecologista nos ha avisado de que nos estamos cargando el Planeta, cuántas veces les hemos mirado con recelo, diciendo o pensando que poco menos eran unos frikis, unos iluminados o locos, no teniendo en cuenta su mensaje o incluso tratándolo con desprecio.

Si algo cuesta entender es que este movimiento demostrando que sus predicciones eran reales, no un alarmismo, sino un aviso a navegantes, que este planeta corre un grave riesgo por la acción del hombre, no tenga una mayor representación en las instituciones. Es más, hoy están diluidos en varios movimientos de la izquierda y son como el florero que queda bien para rellenar los programas electorales que luego nunca se cumplen.

Sinceramente me parece que su trabajo merece mucha más consideración y representación, pero quién dijo que la vida fuera justa. Estamos tan preocupados por las fronteras, esas que hace mucho tiempo alguien definió como "las murallas entre las personas" y el antropólogo argentino Roberto Abínzano "las cicatrices de la historia" o distraídos en una economía que prima lo inmediato, los resultados del año, del semestre, trimestre... donde si no hay crecimiento, se está en crisis, pero... ¿un sistema que crece sin límites acaso no está abocado a la crisis? 

La expansión de construcción de viviendas, de carreteras, de ferrocarriles, de industrias, de todo tipo de infraestructuras... que amenazan las reservas naturales, modifican la orografía acaban, o dificultan la vida de animales y plantas, donde ves cómo se va perdiendo parte de la masa forestal para ganar espacio a la civilización del asfalto, donde por la noche la Tierra se ve iluminada desde el espacio, de forma artificial, y con un consumo de energía descomunal, donde todos sabemos que deben existir unos límites. 

Este discurso nos lo han contado tantas veces, que los mayores del lugar nos acordamos de aquella revista "El Integral" donde algunos descubrimos la comida sana, el muesli, aquella portada donde aparecía un hombre con cara de cerdo y afirmaba irónicamente "no somos lo que comemos". La verdad es que veníamos avisados desde hace tiempo, según Octavi uno de los fundadores de la revista "El Integral no iba detrás de la realidad sino por delante..."

Da la sensación que cuanto más avanzamos tecnológicamente más destruimos nuestro hogar

Hablar de las cifras del deshielo en los Polos, del aumento de nivel del mar, de la contaminación de los ríos, y mares, de la nube tóxica que nos tapa el cielo, del efecto destructivo de nuestra actividad sobre el Planeta es para asustar. En el último siglo hemos modificado la estructura de la Tierra deteriorándola a niveles nunca conocidos. Da la sensación que cuanto más avanzamos tecnológicamente más destruimos nuestro hogar, porque por mucho que algunos escritores de ciencia ficción que haya, de momento la Tierra es el único lugar que conocemos donde puede vivir esa especie llamada a sí misma "homo sapiens".

Esa superioridad con la que miramos a las demás especies que habitan en la Tierra, ese sentimiento de que el planeta es nuestro, esa explotación cortoplacista, de pan para hoy y hambre para mañana, tiene que cambiar si queremos tener futuro. Poco a poco las más importantes instituciones van dando su voz de alarma. Estos días ha sido el Parlamento Europeo quien ha aprobado una resolución donde declara la "emergencia climática y medioambiental" haciendo un llamamiento a tomar medidas, lanzando una voz de alarma y la necesidad de "luchar y contener la amenaza del cambio climático antes de que sea demasiado tarde" porque hoy ya es un realidad, no una simple previsión.

Después de que la situación política en Chile sea tan complicada, por esa dichosa economía que quiere resultados en un reparto tan desigual, creando bolsas de pobreza y donde los recursos llegan solo a unos pocos privilegiados, por ello ha tenido que ceder este país ante su propia inestabilidad la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático a Madrid. En unos días, del 2 al 13 de diciembre tendremos otra oportunidad para escuchar y tratar los graves problemas que sufre el planeta, porque si no ponemos barreras, límites, controles a la velocidad que llevamos deteriorando el mismo nos puede llevar a todos por delante.

El cambio climático no es algo que concierne solo a los dirigentes políticos, a las altas instituciones, o a los ecologistas, es donde todos tenemos y podemos aportar dentro de nuestras posibilidades, desde el reciclaje, hasta el consumo controlado, incluso en la propia elección de los productos. 

Se entiende que quien menos cede más puede crecer, sin entender que todos perdemos

Ahora vendrán los grandes discursos, la pelea por salir en la fotografía, y la más soterrada por conseguir dar las menores cesiones, ya que aquí se entiende que quien menos cede más puede crecer, sin entender que todos perdemos. Después de la (COP21) donde se alcanzó el llamado Acuerdo de París 2015, el pacto internacional más ambicioso hasta la fecha para hacer frente a la emergencia climática, que marcó una hoja de ruta para las próximas décadas, pero fue dinamitado al aparecer ese movimiento conservador-populista con Donald Trump sacando a EEUU que junto con China son los que más contaminan, y sumar la  elección de Bolsonaro en Brasil con su política sobre la Amazonia, que ha sido un duro golpe para conseguir los objetivos previstos, aunque también los hay que firman lo que haga falta y luego se lo pasan por el forro de sus bolsillos. Quedan en el recuerdo compromisos incumplidos el protocolo de Kioto, el acuerdo de París,... y ahora Madrid. Aquí el mayor peligro para todos las especies no es el meteorito que cayó en Yucatán, aquí el mayor peligro somos nosotros mismos, y la destrucción masiva del lugar donde habitamos. 

Una gran mayoría estamos de acuerdo en el deber de poner freno a nuestra propia avaricia e inconsciencia con todas la razones filosóficas, éticas y morales, ¿pero cómo se hace cuando quienes mandan tienen otros intereses? ¿Qué poder real tienen estas conferencias además de ser un confesionario con altavoz?... 
 

Tiempos de actuar...
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