lunes 26/10/20

Zaldibar, la montaña artificial les sepultó...

Se ha derrumbado la credibilidad de muchos que ponen semblante serio de grandes gestores, y cuando se les necesita no han estado a la altura. Se ha visto en toda su crudeza esa siniestralidad laboral que tantas vidas se lleva, y a la que el enriquecimiento de unos sin escrúpulos, y la falta de medidas de seguridad, de control de otros hace que pese a los avances tecnológicos, sigamos con unas cifras para asustar.  

Fue hace ya más de dos semanas cuando una montaña artificial de escombros se derrumbaba deslizándose ladera abajo hasta invadir parte de la AP-8, autopista Bilbao-San Sebastián, a la altura del término municipal de Zaldibar. Desgraciadamente sepultados por una avalancha de rocas y residuos quedaron atrapados los cuerpos de Joaquín y Alberto, dos trabajadores de la empresa Verter Recycling.

Las consecuencias de este derrumbe son varias y todas penosas, sobre todo el sufrimiento de unas familias que tienen tristemente enterrados allí a sus seres queridos. Pasa el tiempo y no se encuentran los cuerpos, todos los días los medios de comunicación abren con las noticias sobre la situación del derrumbe, sus consecuencias, la calidad del aire, se entrevista a políticos de todos los colores y a la gente en sus portales,... se observa una gran confusión que el tiempo va incrementando.

Lo que allí se estaba vertiendo indiscriminadamente desde hace tiempo triplicaba lo previsto

Van apareciendo datos cada vez más desconcertantes, más escabrosos, que indignan a todos, desde la falta de información de lo que allí se estaba vertiendo indiscriminadamente desde hace tiempo, que triplicaba lo previsto, el contenido de amianto, y otros contaminantes que nunca debieron estar allí, y para lo que no tenían permisos. La posible compra de chatarra para ocultar otros contenidos peligrosos, todo son rumores, medias verdades, todo son dudas...

La población de la zona según van saliendo las noticias va aumentando primero su inquietud, después el miedo a las consecuencias de una contaminación que les impide hasta ventilar sus viviendas, que suspende las clases de sus hijos con esas nubes tóxicas sobre sus cabezas, nubes tóxicas sobre una información gubernamental que muchas veces no se entiende, porque llega tarde y mal. Todo ello incrementa las muchas dudas, el aire, cada vez más denso, se hace irrespirable, entre un desconcierto de unas autoridades que han tardado un mundo para los vecinos en hacer frente al derrumbe, en dar un información clara, en ver las graves consecuencias. Han fallado las inspecciones sobre el lugar, el control de las autoridades pertinentes, e incluso ha faltado mucha sensibilidad y apoyo a las familias de los dos trabajadores.

Cómo es posible que haya un foco de contaminación tan grande al lado de sus casas sin conocimiento alguno por parte de las autoridades

Entre noticias y más noticias, comparecencias, explicaciones tardías y algunas rocambolescas, los cuerpos de los obreros siguen sin aparecer, una sensación de miedo e indignación a partes iguales recorre los municipios de Zaldibar, Ermua, Eibar y Mallabia. La desconfianza en los responsables políticos va aumentado, y sobre todo la inseguridad, al preguntarse cómo es posible que haya un foco de contaminación tan grande, al lado de sus casas, sin control, sin conocimiento alguno por parte de las autoridades municipales, ni autonómicas, cómo se pueden fiar los ciudadanos de estos responsables que no han sido capaces de controlar lo que se tira delante de todo un pueblo, donde se estaba creando una montaña artificial de residuos peligrosos. Esa falta de control y vigilancia del almacenamiento de residuos por parte de las instituciones ha demostrado ser mucho más peligroso de lo que pensábamos.  

Los efectos de este derrumbe dejarán huella, por mucho que las nubes del tiempo vayan borrando recuerdos. Unas familias destrozadas que han perdido de una forma tan cruel y trágica a su marido, padre, hermano, amigo... Se ha derrumbado la credibilidad de muchos que ponen semblante serio de grandes gestores, y cuando se les necesita no han estado a la altura. Se ha visto en toda su crudeza esa siniestralidad laboral que tantas vidas se lleva, y a la que el enriquecimiento de unos sin escrúpulos, y la falta de medidas de seguridad, de control de otros hace que pese a los avances tecnológicos, sigamos con unas cifras para asustar a cualquiera.  

Pocas cosas dan más inseguridades que cuando la tierra se mueve, lo hemos visto recientemente en Santander con el hundimiento de un parque infantil sobre un parking en Nueva Montaña, donde solo la hora en que se produjo el suceso impidió que hoy estuviéramos hablando de una gran tragedia. 

Cuando tanto hablamos del cambio climático, de la necesidad de cuidar nuestros entornos, de la importancia de mejorar nuestro medio ambiente, ahí, al lado de nuestras casas hay escombreras, que no sabemos qué albergan, que no tienen los controles necesarios, que son como basureros gigantes, donde todo lo que no vale, allí se puede tirar, y cuanto más peligro es más lucrativo para aquellos que piensan que el dinero lo compra todo.

Fue un fatídico 6 de febrero de 2020 cuando una montaña de escombros, de escoria, de residuos tóxicos hecha por el hombre se derrumbó impregnando el ambiente, y la nube tóxica de la desconfianza tardará mucho tiempo en desaparecer. Desde el dolor y la pena por Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán, los dos obreros que siguen sepultados bajo esa pesada capa de tierra, todo el apoyo a estas familias y sus amigos, vaya no solo la indignación por el daño ocasionado, también la petición de responsabilidades a quien corresponda. 
 

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