sábado 24/10/20
La opinión de
José Ramón Saiz Viadero
José Ramón Saiz Viadero

De mi memoria ya evanescente: XIX. Conversaciones con Eulalio Ferrer

Eulalio Ferrer Rodríguez nació en el Barrio de La Florida santanderino el 26 de febrero de 1920, realizando sus estudios infantiles en el colegio de los Salesianos, y pasando seguidamente a las aulas de la Escuela Laica abierta en la calle Magallanes, en la cual era directivo su padre el tipógrafo Eulalio Ferrer Andrés (1889-1964).

De mi memoria ya evanescente. -XVIII. -El bombardeo que dejó de existir

Mis primeros trabajos, alternados con otros publicados bajo diversos seudónimos en la edición de La Gaceta del Norte dirigida por Jesús Delgado Enedaguila (1926-2003) y en diversos medios nacionales, consistieron en una serie de informes sobre la historia oculta (o, más bien ocultada), de los años republicanos y de la Guerra Civil, que después tendrían la oportunidad de publicarse en una colección de la Institución Cultural de Cantabria.

De mi memoria ya evanescente: XVI.-De Cine y Festivales de Cine

Rivadedeva en corto nació en el año 2004 y, desde entonces, soy portavoz de un jurado compuesto por el ex director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, los cineastas Vivi Cuenca y Fran Vaquero, los críticos David Caldevilla y el santanderino Paco España, el diseñador Samuel Álvarez del Valle y la concejala de Cultura María Luisa Fernández Rodríguez, 

De mi memoria ya evanescente: XV.-Homenaje a Concha Rincón, decana de la poesía femenina en Cantabria

Suele contar Concha la influencia que en su infancia dejó el tránsito por la escuela pública Menéndez Pelayo, muy próxima a su domicilio en Puertochico, dirigida por el maestro Jesús Revaque Garea (1896-1983) y que contaba con su esposa María Monte como maestra en las aulas, hasta que la sublevación militar de 1936 rompió aquella existencia apacible por cuanto tenía de instructiva relación educativa

De mi memoria ya evanescente: XIV. Una tertulia femenina sorteando la pandemia

Sin llegar a ser quince comensales, en el jardín al aire libre y sazonado por la mezcla del buen tiempo de calor ambiental y una sombra acogedora han ido sentándose Araceli González Vázquez, Raquel Serdio, Paloma Bienert, María Toca, María Tena, Violeta Valdor, Dori Campos, Úrsula Álvarez Gutiérrez, Elena Camacho, Vera Fernández de la Reguera y este servidor, dispuesto a ejercer de improvisado cronista.

De mi memoria ya evanescente: XIII. Manuel Ciges Aparicio, Galdós y Santander

De la correspondencia incluida en el artículo mencionado se desprende que a pesar de la próxima ausencia de Ciges la relación entre ambos sigue vigente, si bien sea ya de carácter epistolar, entre París y Madrid, pasando por Santander. En ella puede comprobarse el interés de Ciges, y también de don Benito, por buscar editores en París para publicar la traducción de algunas de las obras del maestro.

De mi memoria ya evanescente: XII. La filmoteca regional que no lo fue

¿Y qué dicen a este respecto los estatutos que regulan el funcionamiento de la Filmoteca Regional de Cantabria? Pues no dicen nada porque no hay tales estatutos, y no hay tales estatutos porque no existe una ley aprobada que diera lugar en su día a la creación de la misma como organismo regional autónomo. O sea que oficialmente no existe.

De mi memoria ya evanescente: X. Pío Muriedas y la anécdota sobre Lorca que no quiso contar ante la cámara

Ahí acabó todo. Pío me entregó sus memorias inéditas, pero en ellas no vi ninguna referencia a este episodio que nos ha traído el recuerdo hasta hacer esta extensa digresión. Veremos ahora, con la anunciada publicación de la versión de sus experiencias titulada Recuerdos de mis pasos perdidos (2020), si hay alguna referencia a lo que en su día tampoco consiguieron obtener Jesús Pindado en Pío, pueblo y poema (1976) o Benito Madariaga en Aventuras y desventuras de un trotamundos de la poesía (2009).

De mi memoria ya evanescente: IX. Barrio-Mira, retrato de una familia obligada al exilio

Como la guerra continuaba avanzando en medio de un ambiente de extrema violencia, Apolo vio la necesidad imperiosa de evacuar a su familia hacia Levante, donde ya se encontraban los abuelos maternos. Y en un barco, rumbo a Burdeos, partieron desde Santander Raquel, su hijo Yankel y sus hermanos Esther y José, reviviendo en parte la aventura que la familia había protagonizado al cruzar el océano desde Argentina.

Medallas de plata, dolor y sangre

La actuación  de Billy El Niño se consideraba ejemplar y digna de distinción remunerada en el marco de un Régimen político que tenía de todo menos la consideración de ejemplar en sí mismo; pero ya no debería haber recibido el mismo tratamiento en un tiempo en que sus maneras tendrían que haberse contemplado como presuntamente delictivas. Y, sin embargo, se le siguió premiando.