miércoles 08.04.2020
La opinión de
Miguel del Río
Miguel del Río Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

La meta improbable de vivir sin destruirnos

Con el coronavirus, 2020 suma a la historia destructiva del mundo un nuevo capítulo letal. Si el planeta pudiera hablar, ni la propia Biblioteca Nacional de España, una de las más grandes que hay, podría archivar la devastación contra la Tierra acometida a lo largo de los siglos. Somos así y así lo queremos. Lo preferimos a vivir en paz, equilibrio y erradicar la pobreza. ¿Qué va a cambiar con este virus? No hace falta ni responder.

Europa aprieta y sí ahoga

Lo que toca ahora en Europa, no por el Brexit y sí por el coronavirus, es su propia reconstrucción. Empezamos mal si determinados países se dedican a ofender al sur con su típica charlatanería engañosa de cómo gastamos el dinero y que hay que investigarlo. El ministro de finanzas de Países Bajos ha sido bien replicado por el primer ministro portugués: “Re-pug-nan-te”.

Una semana en estado de alarma, estupefacción y esperanza

Cuando acabe el estado de alarma nos convertiremos en hijos e hijas de unas calles, ya seguras. Intercambiaremos también conclusiones y críticas de cómo y por qué llegamos a esta pandemia que nos arrebata a miles de seres queridos, a la cabeza de los cuales están nuestros mayores. Ni siquiera hay despedidas en condiciones para los fallecidos por coronavirus. Terrible, terrible, terrible.    

No caminamos solos en esta pandemia

La mejor manera que tenemos ahora de ayudar a nuestro país y a nosotros mismos es quedarnos en casa. La pandemia del coronavirus ataca en todo el mundo, y se ensaña especialmente con contagios y muertes en Europa. Nunca antes habíamos vivido algo semejante. Soy optimista, pensando sobre todo en nuestro ejército de sanitarios. Pero les debemos ayudar obedeciendo todas y cada una de sus recomendaciones. 

La gestión del coronavirus genera inseguridad

Al aumento de contagios y muertes por coronavirus no se le puede denominar normalidad. No las tengo todas conmigo de que en España se esté haciendo todo lo debido para frenar la enfermedad, empezando y acabando en que, si hay que suspender eventos para mayor seguridad de todos, se hace y punto. 

Lo que nos faltaba, el coronavirus

Aunque las estupideces de la raza humana no tengan remedio, el coronavirus terminará por tenerlo. Será cuestión de tiempo. Un periodo en que los Gobiernos deben darlo todo (la verdad), trabajar en común, y acometer el contagio con medidas valientes. Todo lo contrario a la aparición de esta sospechosa enfermedad de origen chino, que acarrea otro año malo dentro de este desafortunado siglo.

 

La cultura que vale hace banquillo

Cuando hablamos del bienestar, percibo una brecha generacional respecto a la trascendencia que ha de tener la cultura en nuestras vidas. La irrupción de tecnologías y su aplicación al ocio, no debiera ser excusa para que los jóvenes no sean participes de la oferta cultural de las instalaciones públicas. En tiempos tan cambiantes, las programaciones culturales basadas en la cantidad deben mutar a una calidad persuasora. Es lo que marca la diferencia y mejor engancha a la cultura.