Martes 18.12.2018

El independentismo en su laberinto

A Puigdemont le ocurrió que le temblaron las piernas cuando justo antes de convocar elecciones, le dijeron que cuidado, que le estaban llamando traidor. No convocó y así estamos. Ahora a Torra, los más radicales le ha tocado lo suyo.

Desde que el pasado lunes, Quim Torra mostrara su apoyo a los CDR y por la noche de ese mismo día más de mil personas, según las crónicas conocidas, intentaran asaltar el Parlament y los diputados de Ciudadanos tuvieran que salir escoltados, el independentismo catalán ha entrado, casi como por ensalmo, en su propio laberinto.

En el debate de política general, celebrado el martes, Torra lanzó un ultimátum al Gobierno de España. Lo consultó con tan pocos que los diputados independentistas en Madrid se enteraron del "salto" al mismo tiempo que los demás. A partir de ese momento, las aguas que bajaban mansas se han embravecido de modo que no sólo se pone en riesgo la legislatura nacional, sino que además, no se puede descartar que antes de Navidad los catalanes vuelvan a las urnas.

En su legítimo afán de dialogo, el Gobierno corre el riesgo de no ser entendido por una buena parte de la opinión pública

El independentismo, con Torra a la cabeza, se ha introducido en un complejo laberinto. A Puigdemont le ocurrió que le temblaron las piernas cuando justo antes de convocar elecciones, le dijeron que cuidado, que le estaban llamando traidor. No convocó y así estamos. Ahora a Torra, los más radicales le ha tocado lo suyo. También es un traidor, un negociador de lo que no se puede negociar porque "la autodeterminación es un derecho que se ejerce, no que se negocia". Al día siguiente el ofendido Torra le dice a Sánchez que hay acuerdo sobre el referéndum de autodeterminación o en Noviembre se le acaba el apoyo de su grupo; es decir, se cargan la legislatura.

¿Cumplirá Torra su amenaza? Hablar de Cataluña es como pisar hielo. En cualquier momento la situación puede verse modificada pero lo que es seguro es que el President de la Generalitat de ninguna manera puede desandar el camino andado. Como ya se ha señalado en estas mismas líneas más de una vez, las palabras no se las lleva el viento y las expectativas, mucho menos.

Y de eso han vivido de manera asombrosamente irresponsable y desleal los dirigentes independentistas. Todos y cada uno de ellos aunque sus términos, modos y maneras sean distintos. A la hora de la verdad nadie se despega de nadie. Así ha sido hasta el momento...

El laberinto secesionista es también el laberinto de la política española. En su legítimo afán de dialogo, el Gobierno corre el riesgo de no ser entendido por una buena parte de la opinión pública y, desde luego, por una parte no desdeñable del propio PSOE. También aquí, en el PSOE, las aguas bajan mansas... hasta que se embravezcan.

El Presidente del Gobierno está dispuesto a aguantar lo que le echen. Si Mariano Rajoy era imperturbable, Sánchez es un alumno más que aventajado en el arte de resistir pero toda resistencia tiene un límite. Y esto es precisamente lo que el Presidente tiene que valorar: el límite de la resistencia. No es seguro, más bien lo contrario, que el laberinto secesionista que allá ellos como quieran salir del mismo, se convierta también en el laberinto del Gobierno de España y eso sí que son palabras mayores.

El independentismo en su laberinto
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