miércoles 27/1/21

Educar en libertad

Es el momento de darnos cuenta de que la educación es el último reducto que nos queda para mantener el sentido crítico y la libertad de la ciudadanía.

Somos un país diverso, en su concepción y también en su esencia, y debemos de entender esta característica como uno de los baluartes sobre los que construir un proyecto educativo sólido e inclusivo donde el verdadero núcleo de este recaiga sobre ellos, su alumnado.

Tenemos que entender que todos podemos ser creyentes o no, pero que mi creencia no es la única ni la tuya la que más vale

Son ellos los que deben aprovechar todo lo mucho y bueno que tenemos en nuestro país, desde diversas lenguas hasta diferentes formas de entender la identidad, sin dejar de ser inclusivos, tolerantes y abiertos rechazando todas las barbaridades que se están dejando caer en sus críticas al gobierno determinados representantes políticos. Críticas legítimas, por su puesto, pero que atentan ante una de las características más importantes que tenemos como país, la diversidad.

La diversidad en todas sus expresiones, desde las religiosas hasta las ideológicas pasando por las identitarias y culturales. Porque tenemos que entender que todos podemos ser creyentes o no, pero que mi creencia no es la única ni la tuya la que más vale.

Tenemos que entender que podemos sentirnos españoles, pero ¿únicamente? Porque España no es un mapa, tampoco es una concepción de la que sean propietarios unos pocos. España es fruto del pacto ciudadano por la libertad y el progreso conjunto. Existen multitud de formas de sentirse ciudadano en nuestro país, pero ninguna debe de ser excluyente. Yo me siento español, pero profundamente cántabro y, ¿esto me hace ser menos español que un madrileño o un andaluz? Pues evidentemente no y esto debemos interiorizarlo porque nada ni nadie debe hacernos retroceder en ello. Somos unos privilegiados teniendo una riqueza lingüística y cultural envidiada por muchos pero que nadie cuida. Diariamente observamos cómo se cavan trincheras entre territorios, entre sentimientos, entre identidades dañando profundamente lo que realmente nos hace ser nosotros.

Es el momento de darnos cuenta de que la educación es el último reducto que nos queda para mantener el sentido crítico y la libertad de la ciudadanía. Pensemos en positivo, entendamos que la segregación educativa nunca ha sido buena porque separar y estratificar únicamente trae de la mano clasismo y sumisión. Entendamos que separar al diferente solo trae marginación y exclusión social. Entendamos que educar en valores de respeto, tolerancia y empatía traerá prosperidad y convivencia.

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