jueves 12.12.2019

Pero tranquilos, aquí no está pasando nada

Me niego a que nadie me diga que es lo que tengo que hacer con mi vida, no comprendo que nieguen la realidad del enriquecimiento de la sociedad con el cruce cultural, me niego a que me digan con quien tengo que ir, con quien tengo que trabajar o a quien tengo que amar. 

Como ciudadano joven de este país, la noche del domingo 11 de noviembre, fui testigo de la irrupción, con aún más fuerza de quienes cuestionan uno de los grandes pilares de la convivencia en nuestro país, la pluralidad ideológica y la diversidad de identidades.

Está claro que dada mi juventud no asistí a las grandes conquistas sociales de nuestra joven democracia, pero sí que estoy disfrutando de muchas de ellas y permitidme que diga que no quiero dejar de hacerlo.

Una sociedad cohesionada, vanguardista, regeneradora y preparada para los retos de futuro, es una sociedad plural

Somos un gran país, con gentes que lo enriquecen aportando lo mejor que tienen, que son ellos mismos, con sus gustos, con sus peculiaridades, pero con un sentimiento de mutuo afecto, de mutuo respeto que no podemos dejar que nada ni nadie cuestione. Una sociedad no se forma por quienes nos dicen que se tiene que formar, porque una sociedad cohesionada, vanguardista, regeneradora y preparada para los retos de futuro, es una sociedad plural en la forma de entenderse, diversa en la forma de configurarse y única gracias a todo lo mucho y bueno que trae la diversidad. 

Disfrutamos de una sanidad pública, gratuita y de calidad, en muchísimos aspectos mejorables. Una educación en gran parte gratuita y con un sistema de becas, que, aunque ineficiente en algunas ocasiones, ha contribuido a aumentar la igualdad de oportunidades. Observo en mi familia, a mis mayores, nuestros mayores, que, gracias a un sistema de dependencia, que, esquilmado en estos últimos lustros, dignifica su envejecimiento.

Aunque a muchos les moleste, desgraciadamente vivimos en una sociedad machista, ellas sufren ataques crueles, indiscriminados y desalmados de quienes acaban con ellas. Día a día reivindicamos más medios, más humanos y técnicos, para protegerlas y que no tengan miedo. No es cierto que se las sobreprotege, lo que es cierto es que las estamos matando, así de claro. 

Como escuché la noche del día 11 de noviembre, todo esto no se ha conseguido con “leyes liberticidas” precisamente porque el único reproche que se les puede hacer es que llegaron tarde, pero finalmente llegaron y disfrutamos de ellas, en cierto modo nos han permitido crecer, como sociedad y país. 

Ninguna sociedad ha avanzado cerrándose, negando los cambios, amaneciendo decenas de años atrás porque la única forma de hacerlo es precisamente, mirando hacia el futuro. 

Me niego a que nadie me diga que es lo que tengo que hacer con mi vida, no comprendo que nieguen la realidad del enriquecimiento de la sociedad con el cruce cultural, me niego a que me digan con quien tengo que ir, con quien tengo que trabajar o a quien tengo que amar. 

Como dijo el Presidente del Congreso en la XI Legislatura: “La libertad, es una conquista que hay que defender día a día.” 
 

Pero tranquilos, aquí no está pasando nada
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