Martes 25.09.2018

2018: ¿llave o cepo?

Con el primer brinco de Año Nuevo ya le habían subido el gas, con el segundo la luz, con el tercero la telefonía, con el cuarto el peaje de las autopistas, y así un largo etcétera de agravios muy legales pero quizá inmorales.

Mientras millones de españolitos brincaban al son de los primeros segundos de 2018 como si se acabara la vida, los del cuello duro se fumaban una remesa de puros del otro lado del charco. Y allí, posaderas en asiento esponjoso, diseñaban estrategias y diseccionaban al personal. Pongan el pasado en presente y conjuguen también el futuro porque casi nada va a cambiar: da igual que el año venga de punta o mocho, da lo mismo si usted resulta o no relocho (lo más probable, por cierto). El siniestro lo tiene garantizado y ninguno de los saltos de San Silvestre cotizará en su favor, no serán eximente, no cotizarán al alza en su reconocimiento como sujeto ‘paganini’ (apoquine y sanseacabó), no aparecerá en la lista de ciudadanos de reconocido prestigio por su compromiso con la vecindad. Más sencillo: es lo que debe hacer so penalización máxima. El humo del puro marca el camino: la chusma prensa el tabaco, da lumbre y, a lo sumo, podrá embobarse un rato con los aros que expela la boca cóncava de quienes manejan la plata y organizan la cata.

El problema no es quien envía la anualidad de una tacada, sino quien decide cómo van a transcurrir los días

Con el primer brinco de Año Nuevo ya le habían subido el gas, con el segundo la luz, con el tercero la telefonía, con el cuarto el peaje de las autopistas, y así un largo etcétera de agravios muy legales pero quizá inmorales, mientras usted, al ritmo de la última canción de moda, imploraba plegarias para que el ejercicio recién estrenado sea el paradigma de la bondad, el adalid de la libertad, el ejemplo de una nueva verdad más pegada al terreno y menos a las alturas. El año viene virgen, limpio, blanco al alba, pero el problema no es quien envía la anualidad de una tacada, sino quien decide cómo van a transcurrir los días.

Danzad, malditos. Pan y circo. Cada 31 de diciembre volvemos a las arenas de Roma, aunque los 365 siguientes sean de punto y coma. Punto porque podrá llegar en sus aspiraciones sociales hasta un lugar medido, pero si pone la patita un poco más allá es muy posible que, al otro lado, le espere la guadaña del poder. Coma no como verbo (para eso ya se buscará cada uno la vida como pueda y si no, a pastar), sino como estado social vegetativo y punitivo. ¿Hipérbole? Puede ser. En cuyo caso cambie de sección y pase a la Arcadia feliz que a buen seguro le espera tras cada una de las puertas que le van a colocar. ¿Llave o cepo? Elija. Pero piense que no todo es lo que parece.

2018: ¿llave o cepo?
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