Martes 18.12.2018

El AVE, Comillas, Valdecilla… (y una de ensaladilla)

En los últimos años siempre hay un papel que vuela, planea por encima de Cantabria y acaba en otra comunidad autónoma.

Revilla cree recuperado el diálogo con el Estado tras la reunión mantenida con Batet. Después de los ninguneos y afrentas de Rajoy (purriego dixit), el presidente regional considera que le irá mejor con el mandatario socialista en Moncloa. No quiero mencionarle la bicha, pero fue otro del PSOE, Pepiño, quien le endiñó, según sus propias palabras, el mayor tocomocho de la historia.

En los últimos años siempre hay un papel que vuela, planea por encima de Cantabria y acaba en otra comunidad autónoma. El ‘paper plane’ donde van las inversiones lleva escrito un montón de ceros para beneficiar a terceros. Por eso hay pastón para la Y vasca y a Cantabria le han puesto la X. Una cruz de Calvario, sin un kilómetro de tren rápido y con muchos de Robla. Hay quien se conforma (entre otros algunos políticos cántabros traidores que suelen viajar en avión a costa del pueblo), pero todo lo que sea negar aquello que tienen otros con cargo a los presupuestos del conjunto es tirar piedras al propio tejado.

El presidente regional considera que le irá mejor con el mandatario socialista en Moncloa

Revilla sólo pide, o eso dice, AVE, Proyecto Comillas y Valdecilla. En cristiano: 1/ Que Cantabria no quede fuera de la alta velocidad (y que ésta llegue a Santander). 2/ Que el Plan Comillas del conocimiento vuelva a rodar tal y como prometió Zapatero –socialista, por consiguiente, igual que ahora–. 3/ Que se cumplan los plazos de Valdecilla, esto es, la pasta que el Gobierno central está obligado a apoquinar por la construcción del nuevo centro médico, que no sólo sirve a la comunidad autónoma, sino a otros usuarios llegados de fuera en trasplantes y otras especialidades. Les diré que esto, que para catalanes y vascos sería calderilla, a los cántabros les cuesta una galaxia.

Revilla se conforma con esas premisas y la mayoría de ciudadanos de esta región se daría con un canto en los dientes. Todos mellados, si fuera necesario, sin daños ni perjuicios, con tal de ver en camino obras tan necesarias para el desarrollo de la comunidad que, si no se acometen, no habrá otro tren. Y valga la metáfora. Pero yo añadiría una cuarta exigencia: una buena ración de ensaladilla de la propia cocina de Sánchez: un detalle, un presente, la buena voluntad de un presidente que sea tan ‘moncloísta’ como cantabrista. De lo contrario, Sánchez será uno de tantos.

El AVE, Comillas, Valdecilla… (y una de ensaladilla)
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