Miércoles 21.11.2018

‘Cantabriadura’ y los caraduras

Cantabria siempre va a tener varios trenes AVE antes de las elecciones: uno con Madrid, otro con Bilbao y un tercero con la Luna que conducirá Ryan Gosling mientras baila ‘La la land’. Pasado el tiempo de comicios se impone el jumento: viaje usted en burro con ruedas por los riscos de las Hoces de Bárcena.

El tren salió de Madrid con destino a Extremadura y quedó varado en Fuenlabrada. No hay mar en la tierra de Torres, pero allí se declaró roto el convoy, como una ballena de muchas toneladas, panza arriba y resoplando. La historia de los trenes extremeños es como la de los cántabros: prometer hasta meter. Y después de las elecciones ya saben, nada de lo prometido. Por eso Cantabria es ‘Cantabriadura’, presa de no pocas incompetencias propias y de los caraduras del Gobierno central, que, gobierne quien lo haga, casi siempre la han tomado por el pito de un sereno o por el silbato del pica. 

El suceso del tren que iba para Cáceres y Badajoz es muy reciente, pero semejante tercermundismo lleva en boga durante los últimos lustros. Como en tierra de cántabros, qué casualidad. Es más fácil llegar a Extremadura por Las Batuecas que encomendar el alma viajera a medios de transporte que pueden resultar estropeados en cualquier páramo, a cualquier temperatura y de cualquier manera, eso sí, cada vez peor que la anterior.

Cantabria es ‘Cantabriadura’, presa de no pocas incompetencias propias y de los caraduras del Gobierno central

Cantabria, para localizar el asunto, siempre va a tener varios trenes AVE antes de las elecciones: uno con Madrid, otro con Bilbao y un tercero con la Luna que conducirá Ryan Gosling mientras baila ‘La la land’. Pasado el tiempo de comicios se impone el jumento: viaje usted en burro con ruedas por los riscos de las Hoces de Bárcena. Y siempre con permiso de ‘La Catenaria’, la auténtica revisora de este devenir grotesco.

Conocí a un político con mando en plaza (en varias plazas, para ser exacto) que argumentaba la inconveniencia del AVE porque había otras obras más necesarias, que, por cierto, nunca se hicieron. Él viajaba en avión y conducía un buen carro metalizado de ésos que no caben por la carretera. Afortunadamente ya no pinta nada, pero en Cantabria siguen pintando bastos porque algún heredero de esa teoría aún hay por ahí.

2024 es la fecha para que el caballo de hierro se convierta en AVE o similar. Es la última venta del proyecto. Claro que a unos meses de las elecciones cualquiera sabe. Porque unos tienen la ‘y griega’ y aquí tenemos la equis: una cruz que nadie levanta, una incógnita que nadie ha despejado.

‘Cantabriadura’ y los caraduras
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