miércoles 27.05.2020

Diego sabrá porqué

El PP cántabro, dividido, es ahora como un queso picón partido en dos. Huele fuerte. Y lo hace porque quienes perdieron por cuatro votos han decidido no aceptar la derrota.

Andaba el PSOE limpiando la casa de Ferraz sin hallar la escoba; andaba –y anda- la izquierda histórica con problemas de identidad y acometida por su flanco más débil –curiosamente a estribor- cuando el PP cántabro, que podía pescar en río revuelto, se ve en un fangal, con toda la ropa lavada en programa corto y en frío para después exponerla en el colgador. Imposible limpiar las manchas de los últimos años. En la antigüedad, lo que pasaba en el PP se quedaba entre los muros del PP; ahora lo conoce todo el mundo. Porque todo el mundo ha podido ver aquellas manchas prendidas con pinzas.

Lejos de asumir, Nacho se lanzó al Congreso del PP sin arrostrar responsabilidades por su derrota en las autonómicas

El PP cántabro, dividido, es ahora como un queso picón partido en dos. Huele fuerte. Y lo hace porque quienes perdieron por cuatro votos han decidido no aceptar la derrota. Diego dijo respetar el resultado, pero sus seguidores, en su derecho, llevarán hasta la última instancia –el juzgado- la protesta por unas presuntas irregularidades en los avales del Congreso regional que Génova ha desestimado. En consecuencia al PP le han aflorado un montón de ronchas encima de las manchas que dejó la gestión del mencionado Diego: hizo lo contrario de lo que prometió, trasladó una mala imagen del partido por su arrogancia y malas formas –Sniace y Sierrallana como paradigmas- y finalmente tiró por la borda la más cuantiosa mayoría –regional y municipal- de un partido en Cantabria. Sólo por esto último debió dar un paso al costado, hacia atrás o a la luna –y no menos por lo anterior-, pero no ha sido así.

Lejos de asumir, Nacho –un buen alcalde de Astillero y un mal presidente de Cantabria- se lanzó al Congreso del PP sin arrostrar responsabilidades por su derrota en las autonómicas (perdió ganando; cosa fina)  y ahora, por activa o por pasiva, permite que sus seguidores, acólitos o guardia pretoriana tiznen cada día la maltrecha faz de la que es –aún, todavía, durante- su formación política.

El PSOE se ha cosido con el hacha (debate a tres), pero el PP, lejos de aprovecharlo, saca en Cantabria otro acero con el mango de roble para herirse a sí mismo. Revilla canta una tonada y un villancico navideño en primavera. Sieso, Piñeiro y otros facultaron una transición lógica. Diego, no. Él  (y los suyos) sabrán porqué.

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