Lunes 22.10.2018

La estupidez tumba la Bolsa

Cataluña era motor económico antes de que un grupo de inconscientes decidiera poner una barra de hierro en la tracción. El mismo grupo que ha optado por darse un tiro en el pie, o mejor, en cualquiera de las extremidades de todos los catalanes y por arrastre de los españoles.

Mi amigo ‘Mac el Espía’ solía decirme: “A mí el dinero me da igual, el problema es que me lo piden en todos los sitios”. En un mundo global la pasión política, y otras muchas de la sociedad, chocan de manera indefectible contra el bolsillo. Por ello, cuando las autoridades catalanas, ya sin autoridad, lanzaban la independencia al vuelo desde la promesa de que no iba a pasar nada (los pajaritos cantan, las nubes se levantan) estaban cometiendo una imprudencia, desconozco si temeraria o estrafalaria, pero imprudencia al fin y al cabo que ha traído enfrentamientos, ruptura de amistades de decenas de años, lágrimas y al final una fuga de empresas galopante y una crisis económica cuyas consecuencias se acentuarán con seguridad en 2018.

“No estábamos preparados para la independencia”, razonan con una intrépida tardanza que no reconforta a nadie e irrita a la mayoría

Cataluña progresaba por encima de la media española; ahora el desempleo crece el doble que hace un año. Cataluña era motor económico antes de que un grupo de inconscientes decidiera poner una barra de hierro en la tracción. El mismo grupo que ha optado por darse un tiro en el pie, o mejor, en cualquiera de las extremidades de todos los catalanes y por arrastre de los españoles. La deuda de España se encaminaba a tener una fiabilidad del 70%, pero eso también ha mutado. Y, como suele suceder en estos casos, a peor.

La coartada de ese grupeto de políticos (con la cuenta y la jubilación garantizadas mientras la ciudadanía seguirá fatigando como pueda) es que hay dos millones que le apoyan. Para ser más exacto: dos millones que se tragaron la farsa que ahora hasta los mismos mullidores de la república confirman: “No estábamos preparados para la independencia”, razonan con una intrépida tardanza que no reconforta a nadie e irrita a la mayoría.

Dice el profesor Gay de Liébana que a este paso –si la situación no mejora– el Estado tendrá que declarar a Cataluña zona de urgente acción para enmendar sus propios errores. Queda por saber si algún día podrá cuantificarse el daño que estas eminencias de la ‘política neolítica’  han hecho a su gente, al margen de la responsabilidad penal. Lo dejó dicho Quevedo: “Todos aquéllos que parecen estúpidos lo son, más la mitad de los que no lo parecen”.

La estupidez tumba la Bolsa
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