miércoles 16.10.2019

Inflación de farsantes y Cantabria sin relator

Cantabria, tan herida en un prado remoto, es la que necesita un relator que cuente la dejadez y la injusticia que soporta sin empacho de nadie. Y miro también hacia dentro.

Quizá coja aquel barco hacia ninguna parte que surca el mar en este Cabo de Ajo en el que me encuentro sentado con la mirada perdida recordando a quienes se fueron hacia arriba, aquéllos que nunca volverán y hoy, a buen seguro, podrían diseccionar de manera certera la innoble encrucijada en la que una minoría ha colocado a España con la colaboración de un puñado de farsantes que amenazan con convertirse en inflación.

Si el Gobierno quiere suturar España –como alega–, ¿por qué acepta abrirle primero la cabeza para luego aplicar nada más y nada menos que 21 puntos de independentismo excluyente? Si hay que hablar –como parece normal–, ¿por qué no en la sede de la soberanía constitucional, donde, por cierto, los separatistas están bien representados y dicen y hacen cuanto quieren con Rufián despendolado? Si hay que reformar la Constitución, cuyo aval, por cierto, en Cataluña fue superior a la media del país, ¿por qué no desde dentro –como es legal y preceptivo- y sí desde la Diagonal o cualquier tangente? Y, para finalizar, ¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo duro, que es lo que supone llamar relator a lo que sería un mediador, como si se tratara de dos estados diferentes? Será porque empieza el juicio del Procés, hay que presionar con los presupuestos de todos, embarrar el campo y buscar eco internacional. A ver si ‘Pedro el Junco’ acaba partiendo de tanto doblarse.

A ver si ‘Pedro el Junco’ acaba partiendo de tanto doblarse

Es el momento de resucitar a Umbral y hablar de nuestro libro: Cantabria, tierra leal –dicen que cuna de la Humanidad–, maltratada, apartada, ninguneada, vilipendiada; siempre relegada por gobiernos cuales fueren. Obligada a implorar para recibir los 22 millones anuales destinados al mejor hospital de la nación, para que llegue un puñetero AVE, para no quedar fuera –como está– de la conexión atlántica. Y así hasta un sinnúmero de bofetones.

Cantabria, tan herida en un prado remoto, es la que necesita un relator que cuente la dejadez y la injusticia que soporta sin empacho de nadie. Y miro también hacia dentro. A Cataluña le vale con una grabadora, como dijo bien Alfonso Guerra, que de junco, nada. (Última hora: Sánchez recula. Cojo el barco).

Inflación de farsantes y Cantabria sin relator
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