viernes 18/9/20

La pantera nazarí

Qué sería de esta España llena de hipócritas, cándidos, díscolos, frívolos y disolutos absolutos sin un buen chisme, sin un notición del corazón que enganche durante horas el alma del telespectador a la mal llamada crónica social.

A la hora de escribir esta crónica, media provincia de Granada busca a una pantera negra que himpla entre los olivares. Si no fuera porque Antonio David ha dado una exclusiva a Lecturas, la ‘noticia felina’ no tendría rival, con esa gente labriega temerosa de encontrarse a la bicha de ojos claros dentro de un armario, el ‘déjà vu’ cumbre de la canción de Rafaela Carrà.

Poner crónica delante de tanta hez es como pulverizar colonia sobre un zurullo campestre

Qué sería de esta España sin la realidad paralela, la que engorda sin comer, la que corrige cuarenta millones de ojos tristes. Qué sería de esta España llena de hipócritas, cándidos, díscolos, frívolos y disolutos absolutos sin un buen chisme, sin un notición del corazón que enganche durante horas el alma del telespectador a la mal llamada crónica social. Porque poner crónica delante de tanta hez es como pulverizar colonia sobre un zurullo campestre.

Si la pantera nazarí hubiese sabido que debería compartir protagonismo con Antonio David, las Campos, Sálvame y el resto de sucedáneos de los espacios del hígado, no duden de que habría renunciado a cualquier excursión agrícola por el yermo suelo de los olivos andaluces. Porque no hay ‘scoop’ ni decreto del Gobierno que eche abajo una buena tarde, con la baba surcando la comisura de los labios camino de la barbilla, a cuenta de la miseria de determinados personajes, asados vuelta y vuelta en la parrilla, vueltos a tostar y al día siguiente revendidos como carne trémula.

¿El Covid? ¿La mascarilla? ¿Los Presupuestos? ¿Las ansias independentistas? ¿El paro? ¿Los ERTES? ¿Los puteados autónomos? ¿La estocada a la hostelería? ¿Que el ingreso mínimo vital precisa revital? Paren máquinas, detengan las rotativas… Y olviden lo anterior (minucias), que el desocupado o la desocupada de turno va a hacer unas declaraciones en papel cuché o en horario de ‘prime time’ televisivo contra el modo de vida, la familia, las costumbres o la entrepierna de alguien cuyo nombre conoceremos en los próximos minutos o quizá nunca. Y así, los días de gloria de la noble felina se redujeron a los quince minutos de fama de Andy Warhol. Como casi todo.

Comentarios