domingo 24/1/21

¡Oh sedición! Un ‘güisquito’ en prisión

Ustedes son conscientes de que si mañana alguien roba una gallina con nocturnidad, aunque sea para comer, la llamada Ley le masajeará los riñones con una lija de tacto grueso. Y nadie mirará al Código Penal a ver si un rinconcito le afloja la condena.

Ya sólo nos queda un episodio al que asistir: que Junqueras, como si fuera una Estela Reynolds con barba, le pida un ‘güisquito’ a Pedro Sánchez y éste, más raudo que un guepardo en patines, se lo lleve de inmediato: mandanga de la buena. Mandanga en forma de nuevo Código Penal que rebajaría los años de talego por sedición: un lingotazo en prisión. Quiere esto decir que si el Gobierno, como pretende, lo aprueba por mayoría absoluta en el Congreso, los ociosos sediciosos cumplirían menos pena y que, al aplicarse con carácter retroactivo, estarían en la calle pasado mañana.

Si Sánchez pretende engatusar a los rupturistas con el nuevo Código Penal, quizá sólo consiga aplazar el problema, pero agravándolo

Ustedes asistirán a esta película previo pago de la entrada, porque todo lo apoquina España, pero con un agravante: se les habrá quedado una cara tremenda, inmensa, excelsa de auténticos ‘gilipollas y gilipollos’. Porque son conscientes de que si mañana alguien roba una gallina con nocturnidad, aunque sea para comer, la llamada Ley le masajeará los riñones con una lija de tacto grueso. Y nadie mirará al Código Penal a ver si un rinconcito le afloja la condena.

Sánchez sabe que Junqueras odia la balada española: la cante Perales o Serrat. Y también conoce de sobra que jamás podrá ponerle en el loro al líder independentista la mítica ‘Jardín prohibido’, de Sandro Giacobbe (“No lo volveré a hacer más, no lo volveré a hacer más”), porque la cabeza pensante de ERC ya lo ha espetado sin rodeos: “Lo volveremos a hacer” (declarar la independencia unilateral), de modo que el PSOE está avisado y el presidente del Gobierno también. Si Sánchez pretende engatusar a los rupturistas con el nuevo Código Penal, quizá sólo consiga aplazar el problema, pero agravándolo.

Recuerden la campaña: un Sánchez que no podía dormir sólo con olfatear la presencia de Iglesias, que no dudaría en aplicar el 155 en Cataluña y que observaba muy clara, sin gafas de aumento, la rebelión. Ahora, mesa de diálogo (con Rufián como protagonista del chiste del dentista) y apuesta por rebajar el delito de sedición. ¿Por estar dos años más en el poder? Eso es un microsegundo en la historia de España. O puede que nada.

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