martes 20.08.2019

¿Patatas a lo pobre? ¡Y un huevo!

La gente tiene cada vez más claro que los hombres y mujeres de la cosa pública dicen venir a servir y acaban sirviéndose.

El mayor problema que afrontan los políticos de cara a las elecciones que están a la vuelta de la esquina no es de verbo, de idea de España o de pactos a toro pasado. Es de credibilidad. La gente –ésa a la que tanto mencionan y de ella después nadie se acuerda- tiene cada vez más claro que los hombres y mujeres de la cosa pública dicen venir a servir y acaban sirviéndose. Y no patatas a lo pobre, precisamente.

Los políticos se mueven por códigos cada vez más lejanos a los del personal

Sánchez ganó una censura para convocar elecciones “a la mayor brevedad” (una vez que le cogió gusto al sillón entró en estado de amnesia). Casado promete alumbrar un nuevo PP que, sobre todo, solvente la crisis catalana (pero maridó de maravilla con la línea de Rajoy: lentorro y timorato. O, al menos, no dijo nada en voz alta cuando estaba en el equipo del gallego, no fuese a ser que acabara en el banquillo). Rivera avanzó rock and roll (aunque ahora baila la yenka con asiduidad y modifica el criterio en varios asuntos que parecía tener bien asentados: las prebendas forales, último ejemplo, tras su acuerdo en Navarra). Podemos conjuga más el pretérito imperfecto que el futuro y tiene una mala relación con el presente (Iglesias estaba conciliando en Galapagar, pero será ÉL quien vuelva, lo que enfureció a las mujeres de su formación. Del casoplón y el doble rasero las plazas han debido tomar más nota de la que hubiese querido el líder). Los nacionalistas, indepes y/o populistas están al margen de ejemplos puntuales (porque son un ejemplo en sí mismos). ¿E Izquierda Unida? (que le pregunten a Garzón por qué decidió liquidarla y arrastrar a gente valiosa –Llamazares, por ejemplo- a la necesidad de crear otra formación. Más desunidos que nunca –a no ser con Podemos, su verdadero y paradójico enterrador-, con todo el sueño que le quitó la verdadera izquierda a Anguita para acabar en esto).

En definitiva: que los políticos a izquierda, derecha, centro; socialismo, conservadurismo, liberalismo; nacionalismo, independentismo, populismo; sean terrenales, astronautas o espadachines, se mueven por códigos cada vez más lejanos a los del personal (venden la burra coja y se la compran, que es lo sorprendente).

¿Patatas a lo pobre? ¡Y un huevo!
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