martes 20/10/20

Qué, cuándo y los reyes del mambo

Ni Cataluña es de ERC –más de la mitad rechaza la independencia- ni Sánchez tiene el botón mayor de España para hacer con ella lo que quiera. La Constitución es amplia y se puede reformar, pero nunca prostituir. 

Antes de que Rufián marcara paquete en un semáforo de la capital de España ya había bailado sus grandes éxitos independentistas en la Diagonal, como un rey del mambo sin ritmo, falto de claqué y excedente de buqué. Algo de esto debieron detectar los CDR cuando le calificaron, no hace mucho, de ‘botifler’. Rufián –el de “Nos veremos en el infierno”– y la tropa que galopa de manera cíclica por algunas calles de Madrid para firmar, cobrar y escribir nuevas líneas de demagogia y cacarearlas después en Barcelona, aparecían en la última reunión con los enviados del PSOE con gesto serio, grave, prepotente y descreído. (Hagamos ver –de cara a los nuestros- que pondremos la verdura cara antes de que nos lleven al huerto).

Mientras no se demuestre lo contrario, el dependiente con mayor rango de la verdulería es Pedro Sánchez. El que pone los puerros al cuarto. Y ahí llegan Rufián y su equipo, con cara de dignos, a comprobar si aquél ha bajado el precio de la autodeterminación, si la mesa es de partidos o de gobiernos, si cuentan una vez más el chiste del dentista. Ni Cataluña es de ERC –más de la mitad rechaza la independencia- ni Sánchez tiene el botón mayor de España para hacer con ella lo que quiera. La Constitución es amplia y se puede reformar, pero nunca prostituir. 

El presidente bordea con habilidad el quién: el compañero de viaje y si el resto de autonomías se verían obligadas a pagar algún peaje

Asique ahora el partido está en el minuto de juego y resultado, esto es, el carrusel de la formación de Gobierno. El Rey se lo ha encargado a Sánchez, que pretende apoyarse en ERC sin que ésta se haya dignado a comparecer en la ronda con el jefe del Estado. Aun así el líder del PSOE, que sólo aceptó dos preguntas ante la prensa y corre el riesgo de acercarse al plasma de Rajoy, ha señalado que lo primero es el qué (lo que se pacte) y después el cuándo (la investidura). El presidente bordea con habilidad el quién: el compañero de viaje y si el resto de autonomías se verían obligadas a pagar algún peaje (la vaselina con la que ha metaforizado García Page). Los pactos serán secretos y las conclusiones públicas, aclara Sánchez. A la espera de que ningún papel se quede bajo la mesa.
 

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