viernes 10.04.2020

Rafa de la Sierra, el político del verbo sincero

Con tantos políticos de moda como hay en la actualidad, que parecen programados a lo largo y a lo corto, como si fueran lavadoras, De la Sierra era todo lo contrario

Rafael de la Sierra era Rafa en el PRC: un referente, un tipo al que mirar para hacer cualquier consulta o realizar un diagnóstico. Pero suponía mucho más: un político de verbo sincero y de palabra a la par. Dice Revilla que nunca necesitó leer nada que escribiera Rafa porque confiaba en él al cien por cien. Su escritura era notarial; su mano estrechada, un aval; su palabra libraba de todo mal cuando el regionalismo encaraba retos y cambios. Con tantos políticos de moda como hay en la actualidad, que parecen programados a lo largo y a lo corto, como si fueran lavadoras, De la Sierra era todo lo contrario, la antigua escuela que tanto se echa de menos en tiempos convulsos, donde lo dicho hoy es mañana un folio a merced de un huracán.

Echar de menos a la persona, a su figura, es mucho más duro que extrañar al político

Lo fue todo: presidente del Parlamento regional, diputado portavoz del PRC, teniente de alcalde de Santander, más los cargos orgánicos del partido y un sinfín de responsabilidades de las que hoy dan cuenta las columnas que aparecen en los periódicos con su biografía. Pero, sinceramente, con atesorar mucho mérito, eso es lo que menos importa en estas jornadas tristes a quienes le conocieron, quisieron y respetaron como persona. Su distancia corta, su mano abierta, su propensión al abrazo. Echar de menos a la persona, a su figura, es mucho más duro que extrañar al político.

De la Sierra era un hombre que oteaba desde arriba el llano de la cosa pública. No en vano estuvo en el germen del cantabrismo ya desde 1976. Quizá por ello le resultara aparentemente tan sencillo hacer diagnósticos de obligado cumplimiento. Sobre Cantabria y España. Sobre el futuro del regionalismo. Sobre el panorama de partidos. Sobre el baile de teorías y tendencias. 70 tacos dan para mucho: lástima que todo se detuviese la tarde del 19 de junio.

La enfermedad, cuando es cruel y rastrera, siempre persigue lo mismo: destruir el pasado, segar el presente e imposibilitar el futuro. Pero fracasa en el caso de Rafael de la Sierra –y en el de muchos otros- porque queda la memoria colectiva. Que atestiguará que un buen hombre, el del verbo sincero, sigue para siempre en su Cantabria.

Rafa de la Sierra, el político del verbo sincero