Sábado 15.12.2018

Rematando a Montesquieu

A la hora de escribir este artículo España sabe quién será el presidente del Poder Judicial, pero no quiénes serán los vocales que, paradójicamente, deben designar a ese presidente.

Si la Justicia se convierte en un cambalache o en un enjuague qué tipo de ley va a aplicarse a partir de ahora a los ciudadanos. El espectáculo del reparto del Poder Judicial puede ser un buen argumento para cualquier obra de teatro si no fuera porque no es de mentirijillas, sino un jarro de agua fría contra la división de poderes. Pero como obra teatral tiene buen título: ‘Rematando a Montesquieu’.

La reforma del Poder Judicial sonroja al mejor pimiento morrón

El presidente Sánchez dijo recientemente, a propósito de otro asunto: ha hablado el Judicial, ahora va a manifestarse el Ejecutivo. Si por cada pronunciamiento de los jueces el Gobierno tiene la necesidad, la obligación o el convencimiento de expresarse, a qué nivel queda la Justicia. Y lo que es peor: a qué altura se sitúa la independencia judicial. Da la impresión de que por la gente o a favor de ella se habla cada vez menos. Y más de las coyunturas políticas. Hacer una salsa con políticos y jueces, con los partidos –los más influyentes- como cocineros siempre deja a los mismos fuera del ágape: los ciudadanos.

¿División de poderes? Sí. Éste para ti, éste para mí y aquél para un tercero

La reforma del Poder Judicial (un reparto de tomo y lomo que respeta de manera sarcástica la división de poderes: éste para ti, éste para mí y aquél para un tercero) sonroja ya al mejor pimiento morrón con denominación de origen. Sería deseable que desde el propio núcleo de la Magistratura repensaran cómo se han plantado los bolos y actúen en consecuencia. Si es que pueden y la salsa no es ya demasiado gorda y grasienta como para poder diluirla. Sólo diré que a la hora de escribir este artículo España sabe quién será el presidente del Poder Judicial, pero no quiénes serán los vocales que, paradójicamente, deben designar a ese presidente.

Vamos hacia el camino que nos hará libres, repiten los políticos de casi todos los signos. Sólo les falta decir que si no queremos de esa manera nos obligarán a serlo (entretanto la justicia como universo de defensa inquebrantable de los fines más nobles cada vez pinta menos). Canela fina del poder. Llegará el día en que sepamos por ley qué comer, qué leer y a qué hora ‘faire l’amour’.

Rematando a Montesquieu
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