Sábado 15.12.2018

Rufián les mea en la pernera

Si los presupuestos valen la descarga de la vejiga de Rufián, conviene preguntarse qué es lo próximo que el Ejecutivo está dispuesto a soportar en aras de un diálogo que, por cierto, no ha llevado a ninguna parte.

Demos a Rufián el mérito que tiene: ha conseguido que el Congreso le tome en serio. El diputado de ERC es libre de montar su circo; lo llamativo es que haya quien le compre la entrada. Sánchez, el primero. La ristra de descalificaciones que suele vomitar Rufián contra cualquiera que no lleve en su cuerpo ‘Eau d’independance’ es tan amplia que parece un diccionario. La sufrió Borrell en la sesión del miércoles: un ministro del Gobierno de España soportando lo insoportable. La factura del separatismo a un catalán que no es secesionista. En este escenario es comprensible que el titular de Exteriores hiciera la metáfora del serrín y el estiércol. Se quedó corto.

Sánchez no puede pagar lo único que les interesa a los líderes del Procés: la independencia

Rufián abrió los brazos, como si fuera el Cristo del Corcovado, y así, en apariencia de crucifixión, prosiguió su afrenta a la Cámara Baja. A la que debe considerar tan abajo y tan menor que cree que la puede miccionar (para cobrar no evidencia escrúpulos). La presidenta Pastor lo expulsó, y al paso de los republicanos catalanes frente a Borrell, éste denuncia que uno de ellos le ha escupido. Se montó la gorda: tanto que Ferreras cambió el Rojo Vivo por el ‘Escupitajo Vivo’ y se inventó un VAR para saber si hubo lapo o no.

Al margen de la moviola y una letanía de consideraciones a propósito del supuesto esputo, algunas irrisorias, llama la atención la poca sangre del PSOE en la polémica. Cuando lo normal es respaldar en bloque al ministro, Lastra dice que no lo ha visto bien, la reprobada Delgado tira de la chaqueta de Borrell para intentar contenerle y Sánchez templa gaitas con un aterciopelado tino. El separatismo ha vuelto a mear en la pernera del Gobierno, mientras éste va a por otra prenda y comprueba a ver si llueve.

Si los presupuestos valen la descarga de la vejiga de Rufián, conviene preguntarse qué es lo próximo que el Ejecutivo está dispuesto a soportar en aras de un diálogo que, por cierto, no ha llevado a ninguna parte. ¿Por qué? Sencillo: porque Sánchez no puede pagar lo único que les interesa a los líderes del Procés: la independencia. Mientras tanto, Rufián monta sus espectáculos circenses y el Gobierno abona la boleta. Sólo le queda contratar a unos cuantos payasos –al margen de los titulares– y  subvencionarlos.

Rufián les mea en la pernera
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