Domingo 21.10.2018

Una de turra, coles y chalecito de chocolate

Con tal panorama a las espaldas de la política y la judicatura españolas, lo mejor es comprarse un chalecito en la sierra, meditar, segar el jardín, plantar unas rosas, invitar a los amigos ‘progreflowers’. ​

Torra (en adelante turra) ha tomado posesión como presidente de la Generalitat. Lo ha hecho con más musgo que brillo, de manera escueta, sin presencia de la prensa in situ por deseo expreso del nuevo mandatario catalán, catalanista, nacionalista e independentista. No me referiré de manera profusa a las estupideces que ha escrito en estos últimos años respecto de los españoles, porque si ello no tiene un pase, tampoco un comentario. Sólo diré que, primero expelió sandeces, y ahora dará la turra todo lo que pueda con la matraca ya conocida. Prometió bajo la firma del Rey y del presidente de España y es ya el máximo representante del Estado en Cataluña. ¿Contradicción? No. Ley, a la que deberá someterse si no quiere repetir los pasos de su antecesor en el cargo, huido ahora en Alemania; antes, Bruselas.

¿Para qué sirve la UE si cada cual va por libre?

Sabido es que las coles provocan gases; las de Bruselas no son diferentes. Su pequeña dimensión no debe despistar: cuando proceden de un organismo judicial la ventosidad huele a rosas en el lugar de origen y atufa a un tribunal tan serio como el Supremo, donde el cabreo es ya sideral. Los reclamados, a la fiesta; los jueces zampadores de coles, a la siesta; y España, como desde hace muchos meses, con un horrible dolor de testa. Dos conclusiones: las autoridades belgas hacen la puñeta a España en cuanto pueden (en eso hay no pocos precedentes) y la Euroorden es papel higiénico biodegradable y desagradable; esto es, se degrada cada día más. ¿Para qué sirve la UE si cada cual va por libre? Para reformar sectores, someter voluntades y pagar impuestos. De las políticas comunes, por ejemplo en justicia, nunca se supo.

Con tal panorama a las espaldas de la política y la judicatura españolas, lo mejor es comprarse un chalecito en la sierra, meditar, segar el jardín, plantar unas rosas, invitar a los amigos ‘progreflowers’ y, desde esa caseta de obra, trazar las líneas maestras que necesita España para los próximos lustros. El precio, 600.000 euros, ¿es lo de menos? -hipoteca y listo-, pero llama la atención que cuando un ministro hizo lo mismo, y por similar pastón, fuera tildado de peligroso capitalista que se alejaba de la gente a la que debía gobernar recluido en su morada de oro. Ahora será el chalecito de chocolate.

Una de turra, coles y chalecito de chocolate
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