lunes 14.10.2019

Renuncio a mi género

Si por ser hombre, una mujer tiene miedo a cruzarse conmigo en una acera por la noche, renuncio a mi género. 

“Mujer tenías que ser…” cuántas veces has escuchado esta frase y te has sentido agredida. Por eso, si soy incapaz de entender, asumir y aplicar que los tiempos han cambiado y que mi condición de hombre no me otorga ninguna posición de privilegio respecto a una mujer, renuncio a mi género. Si por mi naturaleza de hombre tengo que escuchar frases como “los hombres no lloran”, renuncio a mi género. Si como hombre tengo que chillar como un energúmeno cada vez que mi equipo mete un gol, renuncio a mi género. Si por ser hombre, una mujer tiene miedo a cruzarse conmigo en una acera por la noche, renuncio a mi género. Si mi condición de hombre me obliga a competir en velocidad en la carretera con otro congénere, renuncio a mi género. Si, como hombre, afirmo que esto se hace “por mis cojones”, renuncio a mi género. Si, en compañía de otros hombres, me veo obligado a ensalzar las curvas, rectas y bisectrices de una mujer que pasa a nuestro lado, renuncio a mi género. Si apelo a mi incapacidad o ignorancia como hombre para poner un pañal o dar un biberón, renuncio a mi género. Si por ser hombre sólo me pueden gustar las películas de Rambo, renuncio a mi género. Si desde mi condición de hombre y comunicador no puedo aportar algo en el avance de la igualdad, renuncio a mi género. Si callo ante un chiste machista o un comentario sexista (el silencio es cómplice), renuncio a mi género. Si por mi cabeza se pasa, aunque sólo sea un segundo, la expresión “algo habrá hecho ella”, renuncio a mi género.

Ah ¡!, la última. Si fuese mujer y, por esta condición, me nombrasen rectora de la UIMP, también renunciaría a mi género. 

Renuncio a mi género
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