Martes 18.12.2018

Hay que huir de los cantos de sirena

La Democracia debe estar alerta y ponerse en guardia, no vaya a ser que nos ocurra como a aquella flota que creía ver balizas protectoras y terminaba siendo pasto de la tragedia.

Cuentan las malas lenguas y las leyendas populares que hubo un tiempo en el que parte de la población que habitaba en las costas de un hipotético mundo norteño, preñado de abruptos acantilados y siluetas formadas por rocas en forma de cuchillas e islotes que encarnaban paisajes agrestes dominados desde el aire por el viento y las gaviotas, practicaba la costumbre de colocar antorchas atadas a los cuernos del ganado con el ánimo de provocar, en los barcos que navegaban cerca de tierra firme, una confusión consistente en creer que la luz percibida provenía de supuestos faros. Cuando las embarcaciones se daban cuenta de que habían sido guiados por la voz luminosa de unas teas y no por luminarias protectoras ya era demasiado tarde. El naufragio estaba asegurado, y los bienes que transportaban se mostraban dispersos a disposición de los pérfidos habitantes de aquellas legendarias tierras.

Si permitimos que los destellos de esos engañosos reflejos cieguen las voluntades globales encallaremos

Recientemente un partido político de extrema derecha ha llenado un recinto vomitando mensajes racistas, involucionistas y retrógrados con el propósito de lograr extender su “buena nueva” como reclamo de masas desencantadas. Si a este hecho le sumamos que algunos medios de comunicación se han dejado embaucar por la moda de dar difusión a estas nuevas siglas, la “compra” de parte de sus conclusiones por formaciones conservadoras o neoliberales del arco parlamentario, y la ola fascista que avanza por Europa, la Democracia debe estar alerta y ponerse en guardia, no vaya a ser que nos ocurra como a aquella flota que creía ver balizas protectoras y terminaba siendo pasto de la tragedia.

El desempleo no termina de controlarse, los trabajos son precarios e inestables y los salarios bajos. Los hitos alcanzados por anteriores generaciones se están diluyendo como hilillos de combustible sobre la mar. Lo asumido como patrimonio común se pone en cuestión día tras día y se relativiza su merma. El ideario que defiende al ser humano, su dignidad, sus derechos, la justicia social, la no discriminación y la solidaridad, mayoritariamente aceptado por nuestra sociedad durante décadas, corre peligro de ser cercenado. A ello contribuyen los nuevos líderes, los salvadores de la patria, los Casado, Rivera, Valls o Abascal; y eso solo en España. Es preciso reforzarnos ante estos cantos de sirena y hacer ver, tanto a las nuevas generaciones como a quienes han caído en la apatía o el derrotismo, que el puerto seguro no se encuentra donde retumban los ecos de la intolerancia y la deshumanización. Si permitimos que los destellos de esos engañosos reflejos cieguen las voluntades globales encallaremos, y el botín de las libertades conquistadas será robado por las sombras dañinas.

Hay que huir de los cantos de sirena
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