jueves 22/10/20

El lábaro, una bandera popular

Esta bandera fue en su momento una de las candidatas a bandera autonómica. De hecho, en un principio pareció que iba a ser la elegida, pero causas más o menos conocidas llevaron a la elección de la actual: la blanquirroja de la Provincia  Marítima de Santander, que tiene su origen en un decreto estatal de 1845.

Como punto de partida a la hora de aproximarnos al estandarte que hoy conocemos coloquialmente como Lábaro, conviene conocer su origen, del que nos habla el historiador Joaquín González de Echegaray en su gran obra Los Cántabros (pág. 166), en la que nos dice que: “Es curioso consignar aquí que, tal vez a través de la caballería cántabra, pasó al ejercito romano una enseña, un estandarte, llamado cántabro. La cita la debemos a Minucio Félix y a Tertuliano, y por el Codex Theodosianus sabemos que el portador de dicha enseña llevaba el nombre de Cantabrarius. No pueden deducirse demasiados datos de las citas aludidas, y lo único que podemos asegurar es que dicho estandarte era ya conocido en el ejército en el siglo II, que se trataba de un paño colgado sobre un asta en forma de cruz al estilo del Vexillum y más tarde del Labarum. Debía llevar algún emblema especial y tenía una cenefa adornada de cruces”.

Jesús Maroñas afirma que el significado de Labarum sería “el que habla”

Esta última palabra, Labarum, no es latina, proviene de la raíz indoeuropea “lab” que significa hablar. Hay que tener en cuenta que durante los combates los estandartes servían para ordenar movimientos a las tropas, de ahí que Jesús Maroñas en sus escritos sobre onomástica cántabra afirme que el significado de Labarum sería “el que habla”.

Se ha afirmado por parte de algunos autores a lo largo de los siglos que el Labarum es una enseña evolucionada históricamente a partir del Cantabrum, pero aunque esto no es descartable no existen pruebas tangibles de ello. Lo que sí es evidente es que la reiteración en esta teoría, que sugiere una idea de continuidad entre ambas, ha dado lugar a que hoy el símbolo sea popularmente conocido como Lábaro o Lábaru.

Y tras este obligado prólogo histórico, pasemos a exponer la dinámica socio-política que ha tenido el símbolo a lo largo de los últimos tiempos. Su recreación fue obra de Luis Ángel Montes de Neira, fundador de la asociación Cantabria Unida a finales de la década de los 70. Este grupo presentó en sociedad el diseño actualizado del símbolo, siendo utilizado por el mismo en todas las manifestaciones públicas a las que asistió en el periodo preautonómico.

En cuanto a su diseño, se optó por un tono rojizo, tonalidad guerrera por excelencia de los pueblos indoeuropeos. Y en cuanto a su símbolo central, por la figura formada por los cuatro crecientes lunares que aparecen en el centro de la mayoría de las estelas gigantes encontradas en Cantabria.

Esta bandera fue en su momento una de las candidatas a bandera autonómica. De hecho, en un principio pareció que iba a ser la elegida, pero causas más o menos conocidas llevaron a la elección de la actual: la blanquirroja de la Provincia  Marítima de Santander, que tiene su origen en un decreto estatal de 1845.

La bandera oficial comenzó a languidecer en cuanto a su utilización social, quedando relegada meramente al ámbito institucional

Curiosamente tras la entrada en vigor del Estatuto Cántabro de 1981, seguido de lo que podríamos considerar un período transitorio de aproximadamente una década, se produjo un curioso fenómeno sociológico por el cual la bandera oficial comenzó a languidecer en cuanto a su utilización social, quedando relegada meramente al ámbito institucional; mientras que al Lábaro le ocurrió justamente lo contrario, con una utilización cada vez mayor en prácticamente todos los ámbitos: económicos, sociales, culturales, deportivos...

Es por ello por lo que la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria – A.D.I.C.- decidió presentar una iniciativa en el Parlamento de Cantabria, con el fin de que la enseña fuera reconocida como símbolo de Cantabria. La misma fue aprobada el 14 de marzo de 2016 por una cómoda mayoría, cercana al 60% de la Cámara.

En concreto la resolución expone esencialmente que: “Reconoce el lábaro como signo representativo e identitario del pueblo cántabro y los valores que representa”. Instando además a las instituciones y sociedad civil a que se impliquen activamente en su conocimiento, difusión y utilización

Con este reconocimiento parlamentario, el Lábaro dio su primer paso en el plano institucional, paso que hacía ya tiempo había dado en el corazón de todas las personas que en Cantabria le consideraban como propio, haciendo de él un símbolo de progreso.
 

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