jueves 09.04.2020

¿Deben ser las Escuelas Aulas virtuales?

En consecuencia, los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales.

El insuficiente apoyo institucional y ausencia de la necesaria flexibilidad laboral en las empresas para lograr la conciliación de la vida laboral y familiar ha favorecido la proliferación de guarderías infantiles públicas y privadas en las que el niño deberá pasar años decisivos para la formación de su personalidad y afectividad, lo que coadyuva al desarraigo afectivo de los niños y tiene implicaciones negativas en su posterior desarrollo psicológico agravado por la falta de tiempo de los progenitores para supervisar su proceso madurativo.

A ello se añadiría la inadecuada adquisición de hábitos básicos para la maduración personal del niño como la necesidad de unos horarios reglados; adecuada alimentación; motivación a la lectura; valoración del esfuerzo personal como vehículo de satisfacción y superación individual así como el fomento del ahorro ante el futuro mediato. La ausencia de dichos básicos conlleva la aparición de niños superconsentidos e hiperprotegidos con fácil tendencia a la frustración ante el menor revés o dificultad, aunado con los problemas de concentración e interiorización de los contenidos escolares como consecuencia del uso abusivo de todo tipo de medios audiovisuales en su entorno familiar. 

Los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales

En consecuencia, los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales, quedando así reducidos los soportes tradicionales de transmisión del saber (comprensión lectora, producción escrita y razonamiento lógico-matemático) a la mera condición de rutina tediosa y monopolio exclusivo de la escuela anquilosada que deberá actualizar sus recursos didácticos para convertirse en un aula virtual.

¿Deben ser las Escuelas Aulas virtuales?
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