domingo 05.07.2020

Esclavo de la noche

Me sentía hombre de la oscuridad. Era reacio a la luz solar, me producía urticaria sólo de pensar en los primeros rayos del amanecer.

La noche había sido mi fuente de inspiración durante muchos años, inagotable, insaciable a mis sentimientos, cubriendo todas y cada una de mis oscuras necesidades. Adoraba el misterio, lo raro, lo extraño, todo aquello que se saliese de los parámetros de la normalidad, y es que pocas cosas existen que fascinen tanto como la noche. 

Me sentía hombre de la oscuridad. Era reacio a la luz solar, me producía urticaria sólo de pensar en los primeros rayos del amanecer. Me dejaba llevar en la oscuridad, porque la noche tiene mil ojos, y sin embargo, el día sólo tenía uno, porque la noche sugiere, pero no enseña.

Me dejaba llevar en la oscuridad, porque la noche tiene mil ojos, y sin embargo, el día sólo tenía uno, porque la noche sugiere, pero no enseña

Como con cada caída de la noche me vuelvo a encarar con mi pasado, mis recuerdos, el suceder del tiempo, aflorando mis sentimientos, incontrolables, acompañado de lágrimas frías. Adoraba llorar por las noches, pues nadie me veía, nadie me escuchaba. La satisfacción de liberarme de la pesada carga que provocaba la culpa, el rencor y las decepciones. Cada noche volvía a ser yo, una versión mejorada de mí mismo, pues sentía que alguien me observaba, me acompañaba en mi soledad más absoluta, me escuchaba y a cambio, no decía nada.

Era la luna, mi maestra, la que me guiaba en la oscuridad, la que hacía preguntarme qué he hecho. Cuántos errores cometidos, cuánta insensatez, y sobre todo, cuánto egoísmo. Sólo puedo darle las gracias por darme soluciones sin articular palabras, por encontrar la luz al final del túnel, por mostrarme quién soy, y por dejarme claro, que a pesar de las dificultades, de lo solitaria que es la vida, tiene el valor de dejarse ver todas las noches durante 365 días al año.

La luna nos hipnotiza con su tenue luz, y en la oscuridad, mi habitación cobra vida, se llena de imágenes custodiadas por la melodía idónea para que nos acompañe en nuestro viaje a mundos paralelos, donde todo vive y subsiste. El viaje comienza en este instante, en el que nos convertimos en nuestros propios escritores, colocando los puntos y las comas donde dispongamos, o incluso decidir empezar un nuevo capítulo o finalizar la historia.

La noche nunca muere, y es fiel a todos los corazones tristes, pues siempre tiene el remedio perfecto para cada persona, solo basta con cerrar los ojos y saber que existe.

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