viernes 15.11.2019

Cae la última careta del PSOE

Con su no a los pactos PSOE/C's tras el 20D y PP/C's tras el 26J y con el aval del PSOE a un gobierno de Rajoy, Unidos Podemos actualiza la 'teoría de las dos orillas' de Julio Anguita y se sitúa frente a la que ocupan juntos PP, PSOE y C's.

Las técnicas que Joan Garcés llamó de mediatización del ejercicio de sufragio –listas cerradas y bloqueadas, ausencia de techo y de control eficaz a los gastos electorales, evitar el sistema de representación proporcional integral…– fueron implementadas para que el resultado del derecho al voto restablecido en 1977 no escapara de las manos de los equipos cooptados y estipendiados para conducir la reforma del franquismo. Esas técnicas y una eficaz maquinaria propagandística (recuérdese la campaña de ‘la pinza’, aquella operación de acoso y derribo que Juan Luis Cebrián y Felipe González pusieron en marcha contra Julio Anguita en 1994) han constituido la base del turnismo que ha caracterizado al régimen del 78 desde su gestación hasta la actualidad. Ese turnismo aseguraba que dos grandes partidos, uno de ‘centro-derecha’ y otro de ‘centro-izquierda’ aunque con políticas prácticamente intercambiables, fueran turnándose en el gobierno pero sin tener que avalarse el uno al otro, porque eso habría evidenciado la tramoya manejada por la oligarquía que tutela a ambos partidos, que es lo que acaba de ocurrir.

Y es que ni esas técnicas de mediatización del ejercicio de sufragio ni esa hasta ahora eficaz maquinaria propagandística ni siquiera C’s (que fue puesto ahí para intentar apuntalar el tinglado cuando este empezaba a hacer agua) han podido evitar que el PSOE haya acabado teniendo que quitarse la única careta que le faltaba por quitarse (esa que al caer prueba que el turnismo era una consecuencia más del ‘atado y bien atado’ sobre el que se edificó la reforma del franquismo) al avalar un gobierno del PP tras haber promovido la oligarquía un golpe de mano interno que augura una investidura tensa tanto dentro –en el propio Grupo Parlamentario Socialista– como fuera del Congreso, donde se celebrará una manifestación de protesta.

La entente de PP y PSOE (y C’s) cambiará pocas cosas en el gobierno pero muchas en una oposición cuyo liderazgo efectivo ejerce ya Unidos Podemos

Ese golpe de mano interno promovido por la oligarquía precipita el último gran servicio del PSOE al régimen del 78 y tenía y tiene un objetivo inmediato, avalar un gobierno del PP, y dos objetivos mediatos: evitar o al menos retrasar la llegada de Unidos Podemos al gobierno (recuérdese la polvareda que levantó tras el 20D la virtualidad de que un ministro de UP pudiera llegar a controlar resortes del Estado como el Centro Nacional de Inteligencia) y evitar o al menos retrasar el avance del ‘procés’ catalán (“Juanito, la unidad de España” fue lo último que Franco en su lecho de muerte le dijo al actual rey emérito, y el régimen del 78 “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, según establece el artículo segundo de la Constitución).

La entente de PP y PSOE (y C’s, que tras el 20D y tras el 26J ha demostrado que puede servirles tanto para un roto como para un descosido, aunque no les ha servido para lo que querían que les sirviera) cambiará pocas cosas en el gobierno (las políticas gubernamentales, empezando por el ‘sí, bwana’ a los recortes que la UE ‘recomendará’ próximamente, estarán tan al servicio del poder económico-financiero como lo estuvieron cuando PP y PSOE se turnaban sin tener que avalarse el uno al otro) pero muchas en una oposición cuyo liderazgo efectivo ejerce ya Unidos Podemos, que –con su no a los pactos PSOE/C’s tras el 20D y PP/C’s tras el 26J y con el aval del PSOE a un gobierno de Rajoy– actualiza la ‘teoría de las dos orillas’ de Anguita, que tanto desasosegó hace dos décadas a Cebrián y a Felipe González, y se sitúa frente a la que ocupan juntos PP, PSOE y C’s.

Que este PSOE (que no tiene 137 años sino 42, porque su origen no está en el Madrid de 1879 sino en el Suresnes de 1974) se haya quitado su última careta no necesariamente anuncia ni su desaparición ni su irrelevancia, entre otras cosas porque lleva cuatro décadas –desde la reconversión industrial hasta la reforma del artículo 135 de la Constitución– quitándose una tras otra y hoy por hoy ni está desaparecido ni es irrelevante. Pero que se la haya quitado como se la ha quitado sí demuestra, una vez más pero quizás más que nunca, que el PSOE depende de una oligarquía capaz de utilizarlo como a un clínex para que el régimen del 78, del que siempre ha sido la columna vertebral y el más fiel servidor, pueda encastillarse y tratar de ganar tiempo.

Cae la última careta del PSOE
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