Miércoles 26.09.2018

Libia, estado fallido

Mi primera impresión nada más bajar del avión no pudo ser más preocupante. Había observado desde la escalerilla del avión mientras descendíamos, un enorme cartel escrito en árabe. Poco tiempo después en una de las charlas con el Embajador Robles Piquer, me indicó su significado: ¡TURISTA, VETE A TU CASA!. Supongo que bromeaba.

Me ha sorprendido muy desagradablemente, primero en lo personal, las declaraciones de: Ali, Lawrence e Ibrahim y sus particulares desdichas, que afortunadamente no pasaron de eso, desdichas, y que afortunadamente han podido salvar sus vidas para contarlo al mundo y probablemente a sus descendientes, y segundo, la debacle de un régimen que sumió a dicho país en el más absoluto de los caos.

Mi estancia en Libia, mayormente en Trípoli, su capital, supuso un periodo de casi cuatro años. Fue el primer país de los treinta y seis que le siguieron posteriormente en estancias de corta, media y larga duración.

Mi primera impresión nada más bajar del avión no pudo ser más preocupante. Con el rabillo del ojo observaba a mi esposa e hija, Patricia, que en aquel tiempo apenas contaba con tres meses de edad, intentando transmitirles el valor necesario, previo al acceso a una especie de hangar que se suponía era una terminal de pasajeros.

Libia, como excolonia italiana (1911-1941) sufrió los rigores de una ocupación e imagino que allí comenzó su “desapego” hacia lo occidental

Había observado desde la escalerilla del avión mientras descendíamos, un enorme cartel escrito en árabe, ya que absolutamente todo se escribía en dicho idioma, ignorando otros.

Poco tiempo después en una de las charlas con el Embajador Robles Piquer, me indicó su significado: ¡TURISTA, VETE A TU CASA!. Supongo que bromeaba.

Gran Embajador, siempre preocupándose por la escasa colonia española mayormente compuesta por especialistas médicos y otro personal sanitario a lo que la población local profesaba admiración.

Libia, como excolonia italiana (1911-1941) sufrió los rigores de una ocupación e imagino que allí comenzó su “desapego” hacia lo occidental, cuando éstos, obligaban a la población local a caminar por el centro de la capital bajo un sol de justicia, mientras los extranjeros lo hacían en la dulce sombra arrullados por la suave brisa del estío.

Mis confidentes, eran locales de cierta edad que colaboraban conmigo y no tenía motivos para pensar que exageraban.

Siempre mantuvimos respeto mutuo adornado con una cierta prevención, asumiendo que cada cual debía ocupar su sitio.

Inmediatamente después les afectó la II Guerra Mundial y las correrías de Rommel y Montgomery por El Alamein, persiguiendo y bombardeándose alemanes y británicos, e imagino que entre unos y otros a la población civil, le tocaría sufrir.

Los libios en su mayoría, pero manifestado en forma privada, no estaban de acuerdo con el exacerbado panarabismo del Coronel Gaddafi

Durante años guardé un depósito de combustible de unos 100 lts. de capacidad, propiedad de la Wehrmacht que la arena del desierto había guardado en magnificas condiciones.

Al igual que las magníficas ruinas romanas de Sabratha y Leptis Magna, las mejor conservadas que he visto en mi vida, como consecuencia del embrujo ejercido por las dunas del desierto para su conservación. Situadas junto al Mediterráneo, era para envidiar a Septimius severo, emperador romano y colonizador, el cual o su Cónsul, las disfrutarían en multitud de ocasiones.

Los libios en su mayoría, pero manifestado en forma privada, no estaban de acuerdo con el exacerbado panarabismo del Coronel Gaddafi, el cual iniciaba sus “fallidos” intentos de unión, primero con Túnez y luego con Egipto. Ambos, dieron “calabazas a sus egregias intenciones”.

Entiendo que en cierta forma añoraba las libertades mundanas disfrutadas con el Rey Idriss y previas al golpe de estado perpetrado por el Coronel el primero de Septiembre de 1969, precursor de lo que se avecinaba.

Algo debieron de percibir los líderes de dichos países, cuando ninguno quiso acceder a sus pretensiones, y eso que políticamente, Libia debía ser una perita en dulce para ellos: rebosaban gas y petróleo en abundancia en la zona del desierto, que explotaban los americanos; con una superficie tres veces superior a la de España y con una población actual de unos 6.5 millones de habitantes, que adoraban utilizar la mano de obra, barata para ellos, procedente de sus fracasadas uniones.

En las escasas ocasiones que tuve ocasión de hablar con él, siempre rodeado de su alto estado mayor, y una pléyade de búlgaros, (ignoro si identificados con las letras y las artes), jugaba a resultar enigmático y egocéntrico y aunque hablaba inglés e italiano, siempre se hacía traducir.

En algún momento, debía haber escuchado del éxito de nuestros Polos de Desarrollo en Castellón, Huelva y Galicia, dejando resbalar sus ideas de implantarlos en Libia.

Ghadaffi conocía que la única forma de controlar a las tribus era a base dádivas económicas a “sus cabecillas”

Con mi escasa diplomacia, le manifesté, que a lo que se refería eran mayormente Plantas Industriales, Fertilizantes, Amonio, etc., lo cual requería un asentamiento de  población y técnicos cualificados. Debió de asumir que su población era y es mayormente nómada, con lo cual incumplía una de los principales requisitos. Desde entonces, jamás requirió mi presencia. A veces la sinceridad, profesionalmente, te fulmina.

Gaddafi gobernó con “guante de hierro” las escasas libertades de su pueblo. Desde el derrocamiento del Rey Iddris en 1969, exacerbó como hemos dicho su arabismo, pero reconociendo de puertas para adentro que sin los extranjeros, principalmente los americanos dedicados a la explotación petrolífera, aquello se le iría de las manos.

En mi opinión, y ya en tiempos recientes, el mayor error cometido por el Coronel, fue no entregar a EEUU y por ende a Occidente a los supuesto responsables del atentado de PA NAM que costó la muerte de 270 personas. Este luctuoso suceso nunca lo perdonarán y tardará todavía bastante tiempo en olvidarse, junto al más reciente asalto en 2012, del Consulado USA en Benghazi.

Ghadaffi conocía que la única forma de controlar a las tribus era a base dádivas económicas a “sus cabecillas” y así los mantuvo hasta el trágico fin de sus días.

Mucho debía ser el odio acumulado hacia el sujeto y sus allegados, para intentar comprender lo ocurrido……. convirtiéndose en lo que se ha venido a denominar modernamente: UN ESTADO FALLIDO……..

Un ejemplo más de hasta qué  punto pueden los líderes condenar a una población.

Este y otros muchos sucesos solemos comentarlos en la tranquila Laredo, lugar donde se retiraron unos muy buenos amigos, funcionarios de nuestra Embajada en Libia: M d B y R.C cuando quedó cimentada una gran amistad bajo las cinco llamadas diarias a la oración preceptivas en el Corán.

Siento M. que tu grandeza cinegética se truncara con la presencia de caza menor y posteriormente con mi marcha.

Libia, estado fallido
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